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Panfleto LAETUS

·QUIMERAS·

· ad maiorem Dei gloriam ·

· ad maiorem Dei gloriam ·

En una Iglesia del casco antiguo de la ciudad se está celebrando una misa. Los turistas, irreverentes, entran y avanzan por las naves laterales sin prestar atención al párroco tras el altar. Cuchichean las maravillas que surgen de las sombras de cada capilla y abusan de sus flashes inmortalizadores. El párroco está a punto de hacer la consagración cuando en el ábside resuena el "God save the Queen" de los Sex Pistols; se trata del teléfono móvil de un británico cuya cara se pone roja instantáneamente si es que no lo estaba ya por el sol. La beata de la primera fila le lanza una mirada furibunda y se torna hacia el párroco con otra mirada más bien apremiante. Los otros turistas se ríen entre dientes y continúan sus exploraciones. La misa prosigue cuando, de repente, una luz cegadora surge por un instante del pantocrátor. Toda la gente se hinca de rodillas, asustada. "¡Milagro, milagro!", grita la beata. El párroco se gira hacia el Cristo crucificado y cree notar una sonrisa displicente en Su cara, piensa: "Señor, ¿por qué nos hacéis una foto sin darnos tiempo siquiera a peinar nuestros pecados?".

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· Normalización ·

· Normalización ·

-Soy una persona normal.
-Sí, lo sabemos, Sr. Sánchez.
-Su respuesta es condescendiente, le digo que soy una persona normal.
-Sí, sí, muy normal.
-Lo ha dicho con retintín, ¡lo ha dicho con retintín!
-No, Sr. Sánchez, usted es una persona normal.
-¡Ya!, ¡porque usted lo diga!, ¿no?
-Vamos, vamos, no se sulfure.
-¿Sabe qué le digo? Que normal ¡lo será la madre de usted!

· El ermitaño ·

· El ermitaño ·

El ermitaño salió hasta la boca de la cueva y se desperezó ante el sol de la mañana. De nuevo el mismo espectáculo maravilloso de tantos días repetidos. En su cara había una mueca de aborrecimiento cuando terminó de desentumecer las articulaciones. No dio gracias por el nuevo día ni lanzó plegaria a lo alto. Hacía tiempo que había dejado de creer en nada que no fuese su sino y, con ello, había olvidado qué era lo que le había llevado voluntariamente a vivir allí, aislado del mundo y asqueado de todo. Las brumas se disipaban parsimoniosamente del bosque, no así de su cabeza. Escupió al suelo que lo sostenía y miró con desdén la cueva que lo cobijaba, pero regresó a su interior para desayunar un poco de queso de cabra y pan ácimo. El resto de la mañana la pasó amargado, dando pábulo a pensamientos ruines y lamentándose inútilmente, mientras fuera los árboles eran mecidos por el viento que sostenía a los pájaros que pintaban las nubes del cielo con sus plumas. A mediodía se dispuso a comer nuevamente pero, cuando se llevaba el primer bocado a la boca, desapareció la luz que entraba. Se giró hacía donde estaba la boca de la cueva y sólo vio oscuridad, si acaso es posible ver la propia imposibilidad de ver. A tientas, golpeándose con los salientes que creía memorizados pero ahora se le mostraban extraños, fue hasta la salida. Una pared bloqueaba su paso. No recordaba haber sentido ningún ruido ni estremecimiento, por lo que no podía tratarse de algún desprendimiento fatídico. Además, esa pared no parecía natural y le transmitía escalofríos cuando sus dedos recorrían la superficie fría y lisa, sin aristas, sin ningún resquicio, indiferente a su suerte. Entonces, encerrado en su cueva se dejó morir lentamente. De todas maneras, hacía tiempo que ya no vivía.

· Nevera ·

· Nevera ·

Por fin me he decidido a dar un paso tan delicado y, en este momento y en este lugar, voy a salir de la nevera: Soy asexual. No me gustan ni los hombres ni las mujeres, abomino de todos los congéneres que se dejan guiar por un puñado de hormonas al que gustan de llamar "amor", "cariño" y otras patrañas similares. Lo mejor es pensarse asexual y no tener el menor interés por el cuerpo ajeno. La espiritualidad es el desprendimiento de lo corporal y la culminación de la humanidad, la aniquilación de los instintos ha de ser nuestro objetivo. Ahora, si me perdonan, me voy a echar un polvete con mi novia que, menos mal, no comparte mis ideas.

· Desvarío iluso ·

· Desvarío iluso ·

Dice la sabiduría popular que "quién vive de ilusiones muere de desengaños". Tal vez tengan razón los budistas con lo del desapego, el renunciar a toda esperanza, a toda espera. O tal vez no. Sería muy triste carecer de ilusiones, desde la más pragmática de que me toque la lotería hasta la más romántica de que esa chica se fije en mí. Lo terrible es vivir sólo de ellas, carecer de plan B, pues entonces su no cumplimiento es una pequeña muerte. Así que como no me ha tocado la lotería, tendré gustos más modestos; y como ella no se ha fijado en mí, me haré budista.

· La voz de la conciencia ·

· La voz de la conciencia ·

Joder, como duele el puto tobillo de los cojones. ¡Quién coño me manda a mí ayudar! El vejestorio va y me dice: "Señor, ¿me puede ayudar a bajar las escaleras?" Y yo, como un repelente empollón cuatrojos baboso le cedo mi brazo como el Cary Grant ése de las películas ñoñas y plastas. Menos mal que mis colegas no me han visto porque estaban en ese momento poniéndose de cervezas hasta el culo en el antro del Luisete, menudo mamonazo, perdió todo el prestigio cuando se enrolló con la Tere, la muy puta, aunque todos nosotros hubiéramos querido estar en su lugar jodiendo. Y ahora aquí, con la matusalena mirándome el pie al pie de unas escaleras finitas que por su culpa se me hicieron eternas. Vaya con la momia, como para escapar con ella de un incendio. "Ay, pobrecito, ¿te duele mucho?, espérame aquí que voy a buscar ayuda." ¿Ayuda?, para cuando vuelva soy más viejo que ella, me cago en todos los del Inserso. "Gracias señora, es usted muy amable pero no es necesario, ha sido sólo un mal gesto, ¿ve?, ya puedo andar, puede ir usted tranquila" ¡a tomar por culo!

· En defensa de los hombres ·

· En defensa de los hombres ·

Se me revuelven las gónadas al ver como los hombres somos motivo de befa y bufa por culpa de nuestra condición: ¿Acaso tenemos culpa de que nos falte un trozo de cromosoma? Mis gónadas y sus habitantes se han puesto a dar brincos en señal de protesta, con la consecuente molestia, y me han reclamado que defienda sus intereses de género. Y como estaba ocioso he decidido darle gusto al cuerpo y he dejado de tocarme las pel... peliagudas idiosincrasias masculinas. Empecemos por el principio, como norma general el hombre es un macho peludo con el cerebro en el cu... cuerpo (aunque para cuerpo el de las mujeres). Como norma general es bastante penosa porque entonces la cabra de la legión también sería un hombre, además de que no todos los hombres son peludos y que algunas alemanas son más peludas que muchos de ellos. Así que aventuraré otra definición de hombre: macho peludo que no es cabrón ni alemana, con cerebro. Vale, la primera parte creo que ya queda clara pero, ¿y la segunda? Me temo que por el momento no he encontrado ningún estudio científico que asegure la existencia de cerebro dentro de la cabeza masculina, y eso que he consultado el fondo bibliográfico de todos los sex-shops de Barcelona. Este tema es delicado porque hay diferentes teorías acerca de lo que ocupa el espacio interior de la cabeza masculina: el vacío absoluto, un depósito de reserva para los espermatozoides, varios números atrasados del PlayBoy, una libreta con chistes machistas, neuronas (sólo tres o cuatro y no se hablan entre ellas), etc. En todo caso y para mayor profundidad en el tema irse a la biblioteca del buque Prestige.
 
Una vez aclarado lo que es un hombre (porque ha quedado claro, vamos), vamos a analizar por qué habríamos de ser motivo de burla. Que yo sepa los hombres somos perfectos, siempre lo he oído decir: "¡Eres un perfecto gilipollas!" oí decir aún no hace mucho a una joven airada en medio de la calle. También somos delicados y sensibles pues, por ejemplo, no soportamos el roce de unos gallumbos recién sacados del cajón ni el olor a limpio. En fin, como muestra bien vale un botón (por cierto, ¿qué es un "botón"? ¿para qué sirve?... ah, ya recuerdo, es eso que cuando te acuerdas de él es que lo acabas de perder), y ahora que mis gónadas vuelven a estar tranquilas, voy a dedicarme nuevamente a tocarme las pel... peliagudas idiosincrasias masculinas mientras analizo la documentación gráfica almacenada en mi cerebro.

· sine die ·

· sine die ·

Si pudiera decidir
el momento de mi muerte
elegiría ayer.
 
Así hoy no tendría
miedo a morir.

· Equivocamor ·

· Equivocamor ·
De entre todas las sonrisas
que en el mundo escasean
elegí la tuya por más bella.
Y elegí tus labios de fresa
aunque nunca me besan,
y elegí los faros de tus ojos
que tu cara de seda iluminan
pero, ay de mí, no me miran.

· Lugar o modo ·

· Lugar o modo ·

-¿Dónde estás? -preguntó ella.
-¿Qué quieres? -respondió él.
-Bueno, quería saber cómo estabas... ¿dónde estás?
-Vamos a ver, si quieres saber cómo estoy, ¿qué importancia tiene dónde esté como estoy?
-¿No me lo quieres decir?
-¿El qué?: ¿cómo o dónde estoy?
-Es igual, nos vemos esta tarde donde siempre, adiós.
-Aquí te espero.

· El desván ·

· El desván ·

Aún no he perdido el afán aventurero que guiaba mis pasos de infancia por los rincones de la casa de mis abuelos en el pueblo. Cuando voy de vacaciones me gusta escabullirme hasta el desván, sin que nadie lo sepa para que nadie me encuentre, y allí pasar largas horas curioseando entre la ingente cantidad de cosas viejas que el tiempo ha ido desprendiendo de la vida de mis abuelos y depositando en el olvido. Para mí es un misterio toparme con una radio vieja quemada en una tormenta traicionera, o con un molinillo de café manual que recuerdo haber usado, o una bicicleta de piñón fijo, o un hervidor de leche atacado por el óxido. Recuerdo que en una de mis incursiones descubrí un viejo objeto nuevo: viejo por los años que tenía y nuevo porque no lo había visto nunca antes. Era una lámpara de aceite propicia para vivienda de genios encantados y, dado que en el desván poco me importa mi edad, comencé a frotarla suavemente con la ilusión de ver aparecer el genio que, como es lógico, me concedería tres deseos. Cual no sería mi sorpresa cuando, tras las primeras pasadas de mi manga, apareció un vapor azulado por la boquilla acompañado de un suave siseo. El vapor se convirtió en nube, y la nube se comenzó a diluir hasta dejar ver el torso de un genio que me miraba con autoridad:
 
-Humano, me has liberado de mi prisión y, en agradecimiento, te concederé tres deseos. Pero piénsalo bien, sólo tendrás una oportunidad.
 
Es comprensible que en esos momentos me encontrase bastante azorado ante la aparición, por lo que es de agradecer que tuviese la paciencia de esperarse a que yo recobrase un poco la compostura. Al cabo de un rato, después de meditar bien mis deseos, le dije:
 
-Pues quiero salud, dinero y amor.
 
El genio entonces negó con la cabeza y me dijo:
 
-No seré yo quién te otorgue esos tres deseos. Tu propio destino será el que se encargue de ello.
 
Y se esfumó.

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· Partículas elementales ·

· Partículas elementales ·

La abeja se posó en una de las florecitas que había al lado de la valla que rodeaba el perímetro de la nuclear. Cuando se disponía a libar algo de néctar vio una pequeña partícula radiactiva entre los estambres más alejados. Qué cosa más linda, de verde fosforito, daba incluso calorcito. La tomó entre sus patas delanteras y se la comió. Tenía un regusto metálico y se notaba su tránsito por el esófago abejil, como si lo recorriese un trago de absenta. Entonces despegó con agilidad, con demasiada agilidad. En sus ojos chispeaba una luz extraña.
 
A Gustavo lo habían expulsado de Barrio Sésamo. Los nuevos niños no estaban interesados en seres fantásticos que no estuviesen pixelados, generasen bolas de energía o mutasen de vez en cuando. Con su mísera pensión apenas si había tenido para comprarse un ajado nenúfar en alguna de las charcas que rodeaban lo delta de l’Ebre. Y sus días transcurrían papando moscas y, si había suerte, alguna abeja, como la que en ese momento se aproximaba. Cuando la tuvo a tiro de lengua, la enganchó y la deglutió con fruición. Un regusto metálico le afloró en la boca y se sintió súbitamente reconfortado. Su piel cobró un ligero brillo fosforescente.
 
El platillo volante con matrícula de Orión aterrizó al lado de la AP-7, cerca de Tortosa. Ningún conductor se percató de tan ensimismados como estaban en su propio embotellamiento. El mini-robot recolector salió zumbando por una pequeña trampilla lateral y se dirigió a las marismas próximas. Le deslumbró una rana tomando el sol sobre un nenúfar ajado, que brillaba casi tanto como el astro, y hacia allí encaminó sus micro-reactores. Le lanzó un rayo teletransportador y la mandó directa a la olla que ya hervía en la nave. Las ancas de rana eran un bocado exquisito en todo el universo.
 
El director de la central nuclear estaba hundido en su butaca de mullido cuero, algo más hundido desde que le habían comunicado que debía dimitir después de que se perdiese una partícula radiactiva. Habían peinado la zona y no habían encontrado nada, salvo los restos arqueológicos de una fábrica de calaveras de cristal de la dinastía Indy. “Qué injusticia”, pensaba, “tanto escándalo por una partícula totalmente inofensiva cuando en otros lugares sí suceden cosas realmente tremendas, como esa noticia del periódico según la cual el telescopio Hubble había detectado una enorme explosión de neutrones que había borrado del mapa a la lejana Orión”.

· acción/reacción ·

· acción/reacción ·
Los árboles ven el viento venir
y se inclinan para dejarlo pasar.
La noche ve el amanecer surgir
y le sobra tiempo para escapar.
Pero si el amor se llega a sentir
nada puede hacerse salvo amar.

· requiescat in pace ·

· requiescat in pace ·

Tumbado en el nicho de este mausoleo hace frío. Mi carne cada vez más escasa deja los huesos a la vista aunque no tenga ojos para contemplarlo, lo primero que se comieron. El ataúd podrido me arropa bajo su escombro pero no me protege del silencio, más frío que la fría piedra. Tu ausencia me hiere más que el paso del tiempo, la humedad y los bichos. Siempre te quejaste de que no tenía tiempo para ti, tiempo para pensar en nosotros. Vivía por inercia y todo lo que hice fue desde la inmensidad de la corriente que me arrastraba, como a los demás. Y ahora, cuando lo que queda de mí es el raciocinio enganchado a este montón de carne putrefacta, es ya demasiado tarde. Los besos no dados fueron mi último aliento y las caricias desperdiciadas el último espasmo. Los ojos que no se cerraban retenían tu último reflejo, vana ilusión moribunda. Pienso en ti con todo el corazón que no late ni tan siquiera tengo ya. Amor, no te mueras nunca.

· Ludopatético ·

· Ludopatético · Estoy aquí para jugar aunque no sepa cuáles son las reglas. Me han repartido unas cartas que no entiendo y absorto las contemplo sin saber qué hacer. Sé que esperan algún movimiento pero ¿cuál? Por casualidad, hastiado de mostrarme cabizbajo con las cartas en la mano, levanto la vista y lo veo a Él, al Gran Crupier, que me hace un guiño casi imperceptible con el ojo izquierdo mientras se lleva la mano al lóbulo de la oreja derecha, la punta de su lengua apunta hacia abajo asomando levemente por la comisura izquierda. Sé que me quiere decir algo pero, puñeta, tampoco sé qué significan esos signos. Al menos sé que los hace porque me quiere ayudar.

· Memorias acuáticas ·

· Memorias acuáticas · El río salió de su cauce y se dirigió a la ladera derecha del valle que lo encajonaba. Una vez allí dejó a la montaña reflejarse en sus aguas, pues ésa es la forma en que los ríos ven lo que les rodea. Y comenzó a subir con mucho esfuerzo, dada la ley de la gravedad que lo esclavizaba desde que la descubriera Newton (ley perenne donde las haya pues han pasado trescientos años y todavía es vigente). El ascenso era lento pues, además de las dificultades propias de la pendiente, el río esquivaba las guaridas de las alimañas, que bastante tienen con su nombre como para, encima, perecer ahogadas. Los árboles, sorprendidos, tendían y mecían sus ramas para ayudarlo, porque no es necesario conocer la causa de la necesidad para echar una mano al necesitado. Cuando la cima ya estaba próxima y la vegetación había dado paso a las rocas agrestes, el río se detuvo a saludar al viento que pasaba, pues si uno es río de tierra el otro lo es de cielo. Entonces dio media vuelta y regresó por la ladera hasta su cauce del valle. No necesitaba alcanzar la cima para demostrar nada, pues era libre de elegir sus propias ataduras.

· Sol ·

· Sol ·
Mañana también saldrá el Sol
sin hacer caso de las tristezas
de seres humanos caminando
cabizbajos cuando en el cielo
mañana también saldrá el Sol.

· Sábado de Resurrección ·

· Sábado de Resurrección · Estaba Jesús en su tumba cuando, al segundo día, sonó el mandamiento divino. Lentamente le impuso sus manos y dejó de sonar. Entonces, quizá debido a la parte humana de su divinidad, se revolvió perezoso en la mortaja y continuó muerto. Dar la Buena Nueva bien podía esperar un día más.
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· Oficina lírica ·

· Oficina lírica ·
En un hombre el camino más corto
de la cabeza al sexo es la corbata
y el más largo una caricia de mujer.

· digo ·

· digo ·

Sí, es simple, es breve, dos letras y una tilde, sí.
No, es rebuscado, interminable, letras de abismo, no.
Tal vez, es duda, tiniebla, inseguridad abominable, tal vez.
Nunca, es definitivo, un adiós radical, todo terminó, para siempre.

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