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Panfleto LAETUS

Lo que creemos ser |Derek Parfit| [fragmento]

Lo que creemos ser |Derek Parfit| [fragmento]

Entro en el teletransportador. Ya he estado antes en Marte, pero nada más que por el viejo método, un viaje en nave espacial que dura varias semanas. Esta máquina me enviará a la velocidad de la luz. Sólo tengo que apretar el botón verde. Como otros en mi situación, estoy nervioso. ¿Funcionará? Repaso lo que me han dicho que va a pasar. Cuando apriete el botón, perderé la conciencia y luego despertaré con la impresión de que sólo ha transcurrido un momento. En realidad habré estado inconsciente durante casi una hora. El escáner aquí en la Tierra destruirá mi cerebro y mi cuerpo, mientras registra los estados exactos de todas mis células. Entonces transmitirá esta información por radio. Viajando a la velocidad de la luz, el mensaje tardará tres minutos en llegar al replicador en Marte. Éste creará entonces, partiendo de materia nueva, un cerebro y un cuerpo exactamente como los míos. Será en ese cuerpo donde me despertaré.
 
Aunque creo que esto es lo que va a ocurrir, todavía vacilo. Pero entonces recuerdo cómo se reía mi mujer cuando, hoy al desayuno, le manifesté mi nerviosismo. Como me recordó, ella ha sido teletransportada a menudo, y nada va mal con ella. Aprieto el botón. Como se me pronosticó, pierdo la conciencia y aparentemente la recobró enseguida, pero en un cubículo diferente. Examinando mi nuevo cuerpo, no encuentro ningún cambio en absoluto. Hasta está todavía en su sitio el corte que me hice en el labio superior esta mañana al afeitarme.
 
Pasan varios años durante los que soy teletransportado con frecuencia. Estoy otra vez en el cubículo, listo para otro viaje a Marte. Pero esta vez, cuando aprieto el botón verde, no pierdo la conciencia. Se escucha un zumbido, y luego el silencio. Salgo del cubículo y le digo al asistente: «No funciona. ¿Qué hice mal?»
 
«Sí que funciona», contesta, y me da una tarjeta impresa. Leo: «El nuevo escáner graba un cianotipo de usted mismo sin destruir su cerebro ni su cuerpo. Esperamos que sepa apreciar las oportunidades que este avance técnico ofrece».
 
El asistente me cuenta que soy una de las primeras personas que usan el nuevo escáner. Añade que si me quedo una hora podré usar el intercomunicador para verme y hablar conmigo en Marte.
 
«Un momento», contesto, «Si estoy aquí no puedo estar también en Marte».
 
Alguien tose con mucha cortesía, un hombre de bata blanca que me pide hablar en privado conmigo. Nos vamos a su despacho, me dice que me siente, y hace una pausa. Luego dice: «Me temo que tenemos problemas con el nuevo escáner. Graba su cianotipo con la misma perfección y exactitud, ya lo podrá comprobar cuando se vea y hable consigo mismo en Marte. Pero parece que resulta nocivo para el sistema cardiaco cuando lo explora. A juzgar por los resultados que hemos tenido hasta ahora, aunque estará usted en Marte con una salud perfecta, aquí en la Tierra tiene que esperarun ataque cardíaco en los próximos días».
 
Después me llama el asistente por el intercomunicador. En la pantalla me veo a mí mismo justo igual que en el espejo por las mañanas. Pero hay dos diferencias. En la pantalla no aparece mi imagen invertida de derecha a izquierda. Y mientras que aquí estoy sin decir palabra, puedo ver y oír cómo empiezo a hablar, en el estudio de Marte.
 
Como mi Réplica sabe que estoy a punto de morir, trata de consolarme con los mismos pensamientos con los que hace poco intenté consolar a un amigo moribundo. Es triste darse cuenta, cuando a uno le llega el fin, de lo poco que consuelan estos pensamientos. Mi Réplica entonces me asegura que seguirá con mi vida donde yo la dejé. Ama a mi mujer, y entre los dos cuidarán de mis hijos. Y terminará el libro que estoy escribiendo. Además de tener todos mis borradores, tiene todas mis intenciones. Tengo que admitir que puede terminar mi libro tan bien como podría yo. Todas estas cosas me consuelan un poco. Morir cuando sé que tendré una Réplica no es tan malo como morir, simplemente. Aun así, pronto perderé la conciencia, para siempre.

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2 comentarios

Amkiel -

La empatía es imposible porque ni siquiera somos capaces de ponernos en la piel de nosotros mismos replicados.

Edda -

Que no hay nada gratis, vaya. Según iba leyendo he pensado: qué bueno, alguien va a contestar las preguntas que a veces me hago a mí misma. Pero el precio es alto, qué importan ya las respuestas si me voy a morir. La réplica puede consolar a los que se quedan, pero para mí sería el fin, no hay consuelo.
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