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Panfleto LAETUS

La ventana |[narrado por] Francesc Miralles|

La ventana |[narrado por] Francesc Miralles|

Dos hombres, ambos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital. A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el líquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación. El otro hombre tenía que estar todo el tiempo boca arriba.
 
Los dos charlaban durante horas. Hablaban de sus esposas y sus familias, de sus hogares, del trabajo, de su estancia en el servicio militar, de los lugares donde habían estado de vacaciones. Y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde ella.
 
El hombre de la otra cama deseaba ardientemente que llegaran esas horas en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con noticias del mundo exterior. Por su compañero sabía que la ventana daba a un parque con un precioso lago. Patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños echaban a volar sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano entre flores de todos los colores. Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia el bello perfil de la ciudad.
 
Mientras el hombre describía todo esto con exquisito detalle, el del otro lado de la habitación cerraba los ojos e imaginaba la idílica escena. Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que estaba pasando. Aunque el otro no podía oír a la banda, podía verlo, con los ojos de su mente, exactamente como lo describía su compañero.
 
Pasaron días y semanas. Una mañana, la enfermera de día entró con el agua para bañarles y encontró el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto plácidamente mientras dormía. Apesadumbrada, llamó a los ayudantes del hospital para que se llevaran el cuerpo.
 
Cuando lo consideró apropiado, el otro enfermo pidió ser trasladado a la cama al lado de la ventana. La enfermera lo cambió encantada y, tras asegurarse de que estaba cómodo, salió de la habitación. Lentamente, y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo, para lanzar su primera mirada al mundo exterior; por fin tendría la alegría de verlo por él mismo. Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana al lado de la cama... y se encontró con una pared blanca.
 
El hombre preguntó a la enfermera por qué su compañero muerto le había descrito cosas tan maravillosas a través de aquella ventana. La enfermera le reveló que el hombre era ciego y que no habría podido ver ni la pared, y concluyó: “Quizá sólo quería animarle a usted”.

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11 comentarios

Amkiel -

[Emma] Más o menos.

[canela] Ni las vistas suelen ser tan buenas.

canela -

No conocía el texto pero me ha encantado, es sencillo y entrañable... no todos los compañeros de habitación son tan majos!

Emma -

Exacto !!!!!!

Amkiel -

Un mundo mejor.

Emma -

Somos ciegos ante muchas cosas y sólo nos hace falta cerrar los ojos para imaginar...qué cosas?.

Amkiel -

[Wara] “¿Ventana o pasillo?”, preguntan cuando te dan el billete de avión. Al que pida “pasillo” deberían de impedirle volar, algo esconde.

[Nuska] La profesora, si lo supiese, estaría orgullosa de que te acuerdes.

[elizq] Y al mirar hacia el lado vemos quién nos acompaña.

[AlmaLeonor] Deberías de saberlo, ¿eh, Alma?

[monsila] Hola-la, on t’havies ficat?

monsila -

compartir és estimar...

hola... hola!!!!

AlmaLeonor -

¡Hola!
Conocía esta historia. Es preciosa. ¿Quien sabe lo que se puede ver con los ojos del alma?
Besos.AlmaLeonor

elizq -

Al mirar hacia fuera vemos lo que hay, al mirar hacia dentro vemos lo que queremos ver.

Nuska -

Esta historia nos la contó una profesora en el colegio!!! Qué recuerdos!!!

Wara -

Entras por primera vez en la habitación y al comprobar que tu cama está junto a la ventana, asientes, respiras. Das el visto bueno como harías al botones del mejor hotel. Sé por experiencia la importancia de esa ventana que quieres siempre abierta, donde necesitas que la luz entre de día y de noche porque a través de ella el mundo se te abre, te puedes hacer la ilusión de que no has sido apartado totalmente del transcurrir de la vida, aunque sólo sea para ver humear las chimeneas de la cocina del hospital, o el ir y venir de las ambulancias en la entrada de Urgencias, o el parking -entretenimiento de sumo interés por cuanto puedes contar los coches por colores o por marcas si ello se te da bien-. Eso es lo que vemos los que tenemos los ojos sanos; supongo que la belleza verdadera es para los que no pueden ver ni lo feo ni lo bello y pueden crearse un mundo a su medida. Y cuando alguien crea un mundo así para ti...
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