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Panfleto LAETUS

Por una vez... |Óscar Aibar|

Por una vez... |Óscar Aibar|

Nunca he sido amigo de las lecturas sociopolíticas, la semiótica o los análisis antropológicos de las películas, los tebeos y los libros. Me permito aconsejarles a ustedes que desconfíen de esos teóricos exaltados que se marcan veinticinco folios sobre “la violencia como alegoría contemporánea en las películas de Tarantino” o “el papel de la mujer en los cómics de superhéroes”, como si sólo ellos lo hubiesen comprendido todo y los demás fuésemos lelos. Créanme: las películas, los tebeos y los libros están hechos (los hacemos) para rellenar el tiempo de ocio, para llevar a algún sitio o hablar de algo con un ligue y, a veces, para pensar un poco sobre las cosas de la vida. No hace falta comprenderlas. Ahora bien, me voy a contradecir por una vez, y espero que me disculpen. En el caso de los zombis resulta inevitable leerlos a veces como una metáfora divertida (el humor en este género es tan importante como el miedo) de algo. En El amanecer de los muertos vivientes (Dawn of the Living Dead, 1978), los nomuertos se han adueñado del planeta obligando a un grupo de seres humanos a refugiarse en una gran superficie comercial, donde encuentran todo lo que les falta para sobrevivir (comida, ropa, popy cards...). Los zombis les rodean y por fin consiguen entrar, pero una vez dentro se limitan a deambular frente a los escaparates de las tiendas y a subir y bajar por las escaleras mecánicas. En ese momento el protagonista dice: “Es posible que cuando estaban vivos, venir al centro comercial fuera su única diversión. Ahora que están muertos, siguen viniendo aunque no saben por qué.” ¿Brillante, verdad? ¿Qué tipo de vida es la que consiste en trabajar durante toda la semana para pagar el alquiler, la comunión de la niña y las letras del coche, ver la televisión, pasar los sábados por la tarde en el Carrefour y luego jubilarse con una pensión de pena? ¿No es ésa una forma de muerte en vida? Sí, lo es. Entonces, ¿no somos todos, acaso, un poco zombis?

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7 comentarios

Amkiel -

Lo malo de los renglones es que están tan torcidos que si caminamos al margen con la rectitud que dicta nuestra conciencia podemos acabar dentro de ellos de nuevo y sin darnos cuenta hasta que nos veamos obligados a seguir torcidos o salirnos fuera otra vez, uf, tengo que poner más comas en mis frases.

Wara -

¡Lo que yo daría por forrarme estando como estoy en el grupo de los psicólogos y cía! ¿Será que me salí del renglón o que no llegué a tiempo a la estación? Pues no sé. Bueno, lo que sí sé es que no daría gran cosa por recuperar el susodicho renglón, la verdad.

Amkiel -

[Wara] Y nos comemos unos a otros porque no creemos tener suficiente libertad.

[Malicia Cool] Esto es cosa del cambio climático, hace seis meses no hacía tanto calor.

[carmenneke] Echo en falta las clásicas llamas del infierno, aunque sufrir congelaciones por culpa del aire acondicionado extremo también sería buen tormento.

[Emma] Una vez fuera del renglón no se puede volver, ni falta que hace.

Emma -

Toda la carrera de centros c., facturas, hipotecas, prisas..., es la razón x la que los psicólogos y cía. se están forrando. Hay que salirse del renglón.
Regalo besos y un poco de calor.

carmenneke -

Ese debe de ser el círculo del infierno más profundo, al que ni Dante se atrevió a llegar: ahí los condenados tienen que pasar la eternidad buscando aparcamiento en el centro comercial para después mezclarse con las hordas de consumistas desaforados que pueblan esos lugares los sábados. La perspectiva más terrorífica con la que puedas amenazar para el más allá.

(Malicia, hoy hace calor hasta en Amberes, lo nunca visto)

Malicia Cool -

esto aún no lo he leído (los ojos, mmm), pero lo de Hawking le pone a unx en su sitio...

me encantan tus frases del día.

¿os morís de calor donde estáis igual que en madrid? creo que no me va a quedar otra que salir corriendo...

besos

Wara -

Zoombies en la libertad que presumimos tener.
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