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Panfleto LAETUS

La reina va desnuda |José Saramago| [año 1997]

La reina va desnuda |José Saramago| [año 1997]

Durante una breve escala en Belo Horizonte, en el Estado de Minas Gerais, adonde fui a dar una conferencia incluida en el programa de las conmemoraciones del Centenario de la Ciudad, me narró el alcalde, el médico Célio de Castro, respetadísima figura de político, una instructiva historia. Con estas o semejantes palabras, he aquí lo que oí de su boca: “Cuando el Gobierno de Brasil anunció el denominado ‘paquete económico’, un conjunto de medidas fiscales y administrativas destinadas a aminorar las consecuencias del terremoto financiero mundial provocado por la crisis de la bolsa de Hong Kong y sus efectos en la economía brasileña, una mujer que reside aquí vino a la alcaldía y solicitó hablar conmigo. Y lo que ella me dijo fue lo siguiente: ‘Alcalde, sé muy bien que no está dentro de sus competencias la obligación de resolver estas cuestiones, pero le pido al menos que me explique por qué razón si yo no juego en la bolsa, si no sé siquiera cómo funciona la bolsa, voy a tener que pagar los perjuicios de los que, cuando ganan, no comparten conmigo sus beneficios’. La respuesta que le di fue simple: ‘Señora, lo absurdo no puede ser explicado’. Me he preguntado (conclusión de Célio de Castro) si existirá una respuesta a la pregunta de aquella mujer o si estamos viviendo una pesadilla hecha de pesadillas, cada cual más absurda que las otras”.
 
Me prometí a mi mismo que repetiría esta historia edificante cuantas veces viniera a propósito, o incluso sin propósito ninguno, añadiéndole, como ahora haré, unas cuantas reflexiones que de algún modo amplían la conversación mantenida después con el alcalde de Belo Horizonte. En primer lugar, la urgencia de reexaminar de arriba abajo, con ojos que vean y un juicio que se esmere en entender, aquello a lo que, abusando de la ingenuidad de unos y con el cinismo de otros, seguimos llamando Democracia. En segundo lugar, como consecuencia no sólo lógica sino necesaria, analizar, con las pinzas de un sentido suficientemente común para que quede al alcance de todo el mundo, la cuestión de la naturaleza del poder y de su ejercicio, identificar quién lo tiene efectivamente, averiguar cómo ha llegado a él, verificar el uso que de él se hace, los medios de que se sirve y los fines a que apunta.
 
Creo que las cosas aparecen hoy bastantes claras: o el poder económico y el poder financiero (de éstos se trata) consideran que ya no necesitan enmascararse tras una fachada democrática cuyo diseño viene definido en función exclusiva de sus intereses, o es la propia Democracia la que se ha vuelto porosa e inconsistente hasta la casi disgregación de su idea fundadora: la de que el gobierno del pueblo debe ser ejercido por ese pueblo y para ese pueblo. Con palabras más claras, aunque corriendo el riesgo de un no deseado esquematismo: los pueblos no eligen gobiernos para que éstos los conduzcan al Mercado, es el Mercado el que está condicionando a los gobiernos para que le entreguen los pueblos... Si aquí se habla del Mercado como bête noire es por ser el instrumento del auténtico, único e irrefutable poder que nos gobierna, el poder financiero y económico en proceso expansionista, ese poder que no es democrático porque no lo eligió el pueblo, que no es democrático porque no está regido por el pueblo, que finalmente no es democrático porque no pretende ni nunca pretendió el bien del pueblo.
 
Decir hoy “socialista”, “socialdemócrata”, “conversador” o “neoliberal”, lo entiendo como meras expresiones políticas, y luego llamarles poder, será como nombrar algo que no se encuentra donde parece, sino en otro lugar inalcanzable. La reina que anda paseando desnuda por el mundo es la Democracia. No parece decente hablar de ella en abstracto, sin el estímulo de la presencia, de la participación y de la intervención de los ciudadanos en la vida colectiva; sin la clarificación pública de las fuentes de poder no democráticas; sin el cumplimiento no riguroso del precepto de que todos los ciudadanos son iguales ante la ley; sin el reconocimiento no sólo formal, sino verificable en los hechos, de que los beneficios y las mejoras sociales, tanto de naturaleza estructural como económica o cultural deberán ser, sin condiciones reductoras, extensibles a toda la comunidad. La reina va desnuda y enferma. Pero, por favor, no la tapen, cúrenla.

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4 comentarios

Amkiel -

[Emma] Yo creo en los políticos que me mienten con sinceridad, aunque intento votar ideas y no personas.

[carmenneke] Yo he leído casi todo lo que ha escrito Saramago y, precisamente, el “Ensayo sobre la lucidez” me decepcionó un poco. Se supone continuación de su magistral “Ensayo sobre la ceguera” y, claro, había dejado el listón demasiado alto. En cuanto a la política, comparto tu opinión sobre la falta de sacrificio.

[Joan] Feia temps que et seguia però encara no havia gosat dir la meva. Gràcies per la felicitació que considero recíproca vers el teu inspirat blog.

Joan -

Gràcies per deixar una col·laboració. Espero que no sigui la darrera...
Felicitats pel blog, molt interessant.

carmenneke -

Acabo de terminar el "Ensayo sobre la lucidez" (¡mi primer Saramago!) y tengo la impresión de que Saramago idealiza demasiado al "pueblo" frente a los "políticos". Si tenemos los políticos que tenemos es porque su actuación se ve recompensada cada vez con el voto o la desidia de ese mismo pueblo. Y poco dispuesto está nadie a sacrificar algo de su bienestar para hacer extensibles los beneficios y las mejoras sociales a toda la comunidad y así empezar a curar a la democracia enferma. Se ha perdido por completo el concepto de solidaridad y de vida colectiva.

Emma -

Si la reina desnuda es la Democracia... por qué se empeñan los políticos en "vestirla" ?. No me gusta la política es un desenfreno incontrolable.
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