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Panfleto LAETUS

Un precio merecido |Roberto Enríquez|

Un precio merecido |Roberto Enríquez|

1

 

Dos poemas de metro y rima libre, un breve ensayo impresionista autobiográfico sobre poetisas contemporáneas, media docena de carantoñas a bebés desconocidos
 
-¿sonrieron?
 
-sonrieron
 
Asistencia a una anciana en un cajero automático, limpieza a fondo de la casa, tres coitos de más de treinta minutos...
 
-¿orgasmos?
 
-propios, tres; ajenos, dos
 
-¿sabe que eso lleva penalización?
 
-ya...
 
Y algunas entradas para la enciclopedia monotemática que el supervisor se encarga de tomar al dictado: “Porque el dinero, por supuesto, nunca es sólo dinero. Siempre es otra cosa, siempre es algo más, y siempre tiene la última palabra. Paul Auster. A salto de mata. Página 12”.
 
-¿Más?
 
-bueno, he contabilizado lo que gastó Warhol en material fotográfico según sus Diarios entre el 24 de noviembre de 1976 y junio de 1979...
 
-interesante... ¿cuánto?
 
-278 dólares con 77 centavos.
 
El supervisor toma nota de la última información revelada, aparta la vista de la pantalla y mira a Marcos por si tuviera algo más que ofrecer. No hay más. De momento.
 
-Dentro de unos días, una semana, como mucho, podré traer la cifra total de lo que gastó Warhol en taxis a lo largo de todos sus Diarios.
 
El empleado hace la suma en su máquina calculadora: dos poemas a 100 dólares poema, 200; un ensayo breve, otros 100; seis sonrisas indiscriminadas a bebés, 72 dólares las seis; cuidado del hogar, 20 dólares; tres encuentros sexuales 180, menos la penalización, 155. Dos entradas para la enciclopedia: 50 dólares por la textual, 28 por la numérica. Total: 625 dólares.
 
Al salir del despacho, Marcos piensa que aunque parece mucho dinero por una semana de trabajo, casi la mitad lo va a tener que entregar en la sección de gastos. Por lo menos la mitad: las más de diez veces que la televisión le había hecho sonreír, los buenos consejos que había recibido el día anterior de Paula... Debería empezar a reducir gastos: usar menos el teléfono, eliminar sus dudas, o al menos tratar de no manifestarlas ante los demás, siempre deseosos de poder echar una mano, llevados por la ambición. Aunque él no sea mejor. Nadie lo es. Se lo ha demostrado al declarar las seis carantoñas efectivas, sin haber tenido en cuenta la súplica de aquella madre para que no dijera nada, “por favor, ya son demasiados gastos, un niño pequeño es una ruina para una madre soltera: todo el mundo se cree con derecho a ayudar, a ser atento...”. Aunque entonces no había anotado su número en la libreta, lo había memorizado para poder apuntarlo después en el formulario laboral. Ahora esa mujer tendría que pagar un recargo por fraude. Si fuese la primera vez, no pasaría nada, se consideraría un olvido involuntario y sólo se aplicaría un diez por ciento más, pero si fuera reincidente, la multa sería bastante mayor, casi el triple del importe omitido. Nadie es mejor. Por mucha mala conciencia.
 
Marcos abandona el ministerio con 400 dólares en el bolsillo y marcha hacia su casa para terminar de leer los Diarios de Andy Warhol y así poder entregar a la semana siguiente el total de gastos en taxis, revistas, propinas, libros y material fotográfico.

 

2

 

Al cabo de dos semanas, el funcionario del ministerio de trabajo telefoneó a Marcos para interesarse por las cifras de los Diarios de Warhol prometidas. Si un funcionario farfulla “interesante” ante la propuesta de algún ciudadano, no cabe duda de que se tomará interés.
 
-Pensaba ir por allí esta misma mañana
 
-estupendo.
 
Desde el 24 de noviembre de 1976 cuando Warhol empezó a dictar sus diarios, hasta el 17 de febrero de 1987, cinco días antes de su muerte y último de los registrados, Andy Warhol contabilizó un gasto de 4.981,4 dólares en taxis
 
-cuatro mil novecientos ochenta y un dólares con cuarenta centavos...
 
Mientras que en esos casi doce años, sólo aparecen libros por un importe de 393 con 62
 
-perfecto... ¿alguna otra cosa?
 
-lo cierto es que no... no me ha dado tiempo a más
 
-no se preocupe. Es un trabajo excelente. Muy concienzudo
 
-gracias
 
-veamos; de una información de cinco mil trescientos setenta y cinco dólares con dos centavos... le corresponden quinientos treinta y siete dólares con cincuenta: un diez por ciento del total, ¿de acuerdo?
 
-de acuerdo.
 
A Marcos se le hace tan raro salir del edificio sin haber tenido que entregar ni un solo dólar para pagar sus gastos. Desde la última vez que había acudido allí, había pasado dos semanas sin salir de casa, ni encender el televisor. Había estado leyendo, comiendo las sobras que había ido encontrando en la despensa o en la nevera, sin contestar ninguna llamada que le pudiese interrumpir en su labor.
 
“Así se hace dinero”, pensó. Y de camino a casa, tras hacer algunas compras sin cargarse demasiado para no necesitar ayuda alguna, sonriendo a diestro y siniestro por algo de calderilla en “mejora convivencial” entró en una bibilioteca para hacerse con otro libro que le diera más cifras que vender. Se decidió por Dinero de Martin Amis. Tardó sólo un para de días en leerlo, pero supo que no sacaría ni un dólar por él. No había cifras, y las citas que halló le parecieron soflamas progubernamentales que le habría repugnado entregar. Al menos, contar los dólares que Warhol había ido gastando en moverse en coche por ahí, había sido, de alguna manera, una labor de investigación. “Así no se hace dinero”. Pensó.
 
-Esperábamos algo más de usted. Tras su última visita, informé al comité sobre sus capacidades y quedaron muy impresionados
 
-lo siento
 
-quince sonrisas fugaces en una semana no son un gran resultado
 
-lo sé
 
-sólo puedo darle noventa dólares
 
-bueno...
 
-aguarde. ¿Qué esperaba usted encontrar en el libro de Martin Amis?
 
-no sé; alguna cifra para la enciclopedia
 
-¿y nada?
 
-nada
 
-¿ni siquiera una cita?
 
-no
 
-¿ni siquiera “si pudiésemos extender el dinero como una delgada capa por encima de todas las cosas, quizá la vida se suavizara. El mundo estaría más acolchado. Pero la vida, qué dura es la vida. La vida es durísima”. Página doscientos setenta y seis. Nos habría encantado que la hubiera traído. Confiábamos tanto en usted...
 
-lo siento
 
La semana con 90 dólares coincidió con la llegada del frío. Marcos apenas había ahorrado nada para pagar el calor. Todas las mañanas al levantarse, antes incluso del desayuno, se sentaba en su mesa a escribir, con la ilusión de algún poema en la recámara, de ser capaz de un par de ellos que le dieran, por lo menos, para la calefacción. Pero no. Ya después de desayunar salía a la calle a buscar lo que fuera: algún minusválido atrapado en la nieve (ayuda en emergencia: 75$), niños extraviados (búsqueda de personas: 50$), el cuerpo de un mendigo (recogida de cadáveres: 100$)... lo que fuera. Pero sólo encontraba otros como él que le sonreían y a los que evitaba mirar a toda costa.

 

3

 

No permitió que Paula le diera ningún consejo, incluso la interrumpió con brusquedad cuando ella le abrazó contra su pecho y quiso empezar a recitarle la fábula de la cigarra y la hormiga. No podía permitirse tirar ni un dólar en apoyo emocional. Había ido a verla sólo para poder meterse juntos en la cama y masturbarla tantas veces como pudieran aguantar: ella despierta, él sin eyacular
 
-me parece que esta noche me vas a salir carísimo
 
-hay cosas que no se pagan con dinero...
 
-hace tiempo que eso ya no es verdad
 
-lo sé
 
Marcos entonces pensó por primera vez en la prostitución. No en la sexual que pudiera parecer esa noche junto a Paula, arrancándole un orgasmo tras otro para poder comprar comida y pagar la calefacción. Pensó en todas las maneras de prostitución, en todos sus modos de ganar dinero: en poemas inéditos que quedaban archivados en un ministerio como facturas, en sonrisas, lecturas, notas, amabilidad...
 
-pero tú no eres peor que los demás. Todos actuamos igual
 
-si crees que eso es un consuelo, lo voy a tener que declarar
 
-no, no creo que sea ningún consuelo, la verdad
 
Otra solución que ambos discuten es recurrir a la asociación familiar, al matrimonio con hijos que es una fuente segura de ingresos suficientes: matrimonio heterosexual: 3.000 dólares mensuales en concepto de atenciones mutuas, actitud ejemplificadora, estabilización social y mejora emocional recíproca. 5.000 dólares al mes si se tiene un hijo y 1.500 dólares mensuales más por cada hijo a partir del segundo
 
-si nos casamos puedes dejar de escribir, de leer un libro tras otro, de sonreír a los bebés o ayudar a las viejitas. Si nos casamos, Marcos, podrás vivir como desees
 
-¿y tú?
 
-por mí no te preocupes. Estaré bien
 
-“Es cuando hace frío. Éste es el momento en que realmente notas que tienes dinero”
 
-¿qué quieres decir?
 
-nada. Son sólo unas frases del último libro que leí...

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2 comentarios

Amkiel -

Las gracias no se merecen. Me gustó tanto el cuento al leerlo que tenía que compartirlo. Gracias por estar conforme.

Roberto Enríquez -

Hola, soy el autor de este cuento que has publicado aquí, y solo quería darte las gracias por haberlo hecho.
Un fuerte abrazo
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