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Panfleto LAETUS

Manos grandes |Mariana Eva Pérez|

Manos grandes |Mariana Eva Pérez|

El juez me invitó a pasar al despacho del secretario. Allí me esperaba mi familia, dijo. Familia, dijo, y yo me imaginé una multitud de tíos y primos. No ese viejito que se adelantó enseguida, arrastrando los pies, apenas pasé la puerta. El juez dijo que era mi abuelo paterno. Arrastrando los pies vino hasta mí. Sus manos buscaron las mías, con un gesto brusco. Pero cuando tomó mis manos y las tuvo en las suyas, y las contempló, fue pura tibieza, como si estuviera acunando un pájaro en el hueco de las manos. Y dijo, en voz baja pero firme: «Tiene las manos grandes, como mi nieta». Nos quedamos en silencio y luego repitió: «Tiene las manos grandes, como mi nieta».
 
Yo era una beba de veinte días cuando pasó lo que pasó. Él me vio sólo dos veces. No me soltaba. Sostenía mis manos con el mismo cuidado y la misma seguridad con que se toca un pájaro asustado. El juez le repitió lo mismo que acababa de decirme a mí: que los análisis genéticos daban 99.99% de probabilidad de inclusión. Pero el viejo no me soltaba.
 
Después dijo: «Mi nietita tiene un lunar en la cadera en forma de aceituna». Y me soltó, y se quedó mirándome, esperando tal vez que allí mismo, en el despacho del secretario, me bajara los pantalones para que él pudiera ver este lunar espantoso que siempre odié. La mujer que me crió decía que era un antojo. Cosas de gente vieja. Que cuando estaba embarazada tuvo antojo de aceitunas negras y que por eso yo había nacido con esa marca, la marca de su antojo.
 
Yo le creía. (Como quien hace una travesura, se baja apenas el pantalón, busca el lunar en la cadera y sonríe de pronto, divertida).
 
Mi abuelo dice que a mi papá le gustaba mucho mi lunar. Que cada vez que me cambiaba los pañales, me daba un beso ahí. Mi papá pintaba. Y mi abuelo cuenta que mi papá decía que era una mancha de tinta china con la que él me había marcado para siempre. A mi mamá le daba un poco de pena pensar que tal vez yo nunca iba a querer ponerme bikini por culpa del lunar. Tenía razón. Pero mi papá decía que ese lunar era como su firma al pie del cuadro, de su cuadro más logrado, que era yo.
 
Eso me contó después mi abuelo. Ese día, después de que yo le dijera que sí, que tengo un lunar en forma de aceituna en la cadera, apenas dijo, como si estuviera hablando solo: «entonces sí, es mi nietita, porque mi nietita tiene las manos grandes y un lunar en la cadera».

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7 comentarios

Amkiel -

Copié sus “Manos grandes” del libreto de un disco que tomé prestado de la biblioteca. La música no la grabé, pero su texto quedó grabado en mí. Muchas gracias por no pedirme que lo retire del panfleto.

perez -

Sí, soy la misma. Es un monólogo teatral y se ha representado aquí en Barcelona, entre otros sitios. Gracias por tu comentario en el blog viajero. Saludos.

Amkiel -

Hola, ¿vos sos la misma que ha escrito este precioso cuento?, ¡qué honor! (sí, soy de Barcelona y otros sitios).

perez -

¡Qué gracioso! Soy Mariana Eva Perez y estoy en Barcelona (¿vos sos de Barcelona, no?)

Amkiel -

[dosdedos] Parecerse a un extraño nos causa inquietud porque sólo en la familia se cumple que lo semejante no tiene igual.

[Mía] allí te vi, cierto,
y me causó sorpresa
la forma tan curiosa
que tienes de comentar.
Bienvenida y gracias...

Mía -

vengo de nisu,y te quería

visitar,leerte me ha sido

muy emocionante,muy

fuerte,ya me gustaban

tus comentarios...

besos

dosdedos -

Yo tengo unas orejas asimétricas, una que se asoma, otra más pegada. Iguales a las de mi viejo. Iguales a las de mi hermano. Iguales a la de mi sobrino. Es bonito descubrirse parte cuando uno se siente tan poco parte de nada

:-)
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