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Panfleto LAETUS

De special. leg. (II, § 44) |Filón de Alejandría|

De special. leg. (II, § 44) |Filón de Alejandría| Todos aquellos que, griegos o bárbaros, se ejercitan en la sabiduría llevan una vida recta e irreprochable, absteniéndose a voluntad de cometer ninguna injusticia o de hacérsela cometer a otros, evitando el trato con personas intrigantes y condenando los lugares que esos individuos frecuentan, como tribunales, asambleas, plazas públicas y magistraturas, esas reuniones y agrupaciones de gentes desconsideradas. Aspirando a una vida de paz y serenidad, contemplan la naturaleza y cuanto ésta encierra, investigan con la mayor atención la tierra, el mar, el aire, el cielo en sus más variados aspectos, acompañan mediante su pensamiento a la luna y al sol, las evoluciones de los demás astros errantes o fijos, pues a pesar de que sus cuerpos permanecen atados a la tierra ellos proporcionan alas a sus almas para que, al elevarse en el éter, puedan observar las fuerzas que se les aparecen, lo cual es propio de aquellos que, convertidos realmente en ciudadanos del mundo, consideran el mundo como su ciudad, como una ciudad cuyos ciudadanos están familiarizados con la sabiduría y que han recibido sus derechos civiles de la Virtud, la cual tiene como cargo la presidencia del gobierno del Universo. De este modo, rebosantes de tan perfecta excelencia, acostumbrados a no tomar en consideración los males corporales y los exteriores, se ejercitan en la indiferencia a las cosas indiferentes protegidos contra cualquier placer o deseo, en una palabra, siempre prestos a mantenerse por encima de las pasiones... sin doblegarse ante los golpes de la fortuna puesto que han calculado por adelantado sus ataques (ya que incluso los sucesos que escapan a nuestro control, incluso los más penosos, pueden hacerse más ligeros gracias a la previsión si el pensamiento no se ve sorprendido por lo inesperado de los acontecimientos, mitigando su percepción como si se tratara de cosas antiguas y pasadas). Por supuesto, para tales hombres que encuentran su alegría en la virtud, la vida entera constituye una fiesta.
 
Su número, claro está, es pequeño, pues son como ascuas de sabiduría que continúan encendidas en las ciudades para que la virtud no se extinga y sea arrancada del género humano.
 
Pero si muchos compartieran los mismos sentimientos que este escaso número de hombres, si actuaran verdaderamente como la naturaleza quiere que actúen, recta e irreprochablemente, como amantes de la sabiduría, se regocijarían en el bien y en lo que constituye el bien, y considerarían el bien moral como el único bien... Entonces las ciudades rebosarían de felicidad, liberadas por fin de todo motivo de aflicción y temor, rebosarían de cuanto supone alegría y placer espiritual, de tal modo que ningún momento estaría privado de júbilo y todo el curso del año sería una fiesta.
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4 comentarios

Amkiel -

Bueno, sólo me ocurre(nte) a veces.

Laura -

:-D jajaja
Qué ocurrente eres.

Amkiel -

Feliz hola (en estas fechas todo tiene que comenzar por “feliz”), felicitar por algo que todavía no ha sucedido, como es el año que ahora empieza, es tener esperanza en un futuro mejor. Vaya, ya me salió la vena felizsófica.

Laura -

Muchas gracias por tu visita y tu comentario.
Feliz 2008 para ti también.
Por cierto, muy bueno lo de "nube". :-D
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