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Panfleto LAETUS

· Ha llegado la hora ·

· Ha llegado la hora · Estoy encerrado, esperando al verdugo que me conducirá hasta el cadalso. Una soga pende en la horca, su lazo tiene la medida de mi cuello culpable. No he tenido tiempo de arrepentirme. Ha sido todo tan rápido: ayer sucedió, allí mismo me detuvieron y, hoy, me ejecutarán. Tampoco he tenido tiempo para tener miedo, ni valor para confesar lo que no fuese verdad. No he recibido visitas, nadie quiere verme. Sigo encerrado, esperando, sentado en el camastro, las manos en las rodillas. La penumbra de la celda se clarea gracias al amanecer, que se intuye al otro lado del ventanuco próximo al techo. No tengo reloj pero noto como pasa el tiempo. Suena una llave en la cerradura. Entran y me colocan una capucha. “Ha llegado la hora”, dicen. Un breve trayecto dando tumbos y me encuentro sobre las tablas, la soga al cuello. Alguien murmura una oración a mi espalda, será el capellán que no sabe lo que dice. Ayer fui un criminal, hoy lo son ellos que me matan.
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6 comentarios

Amkiel -

El personaje se queja de que no tiene reloj porque la época no es tan remota, lo cual enlaza con el final de tu comentario.

Edda -

Jajaja, ya veo que no soy la única que le da la vuelta.

Volviendo al tema del cuento, si nos trasladamos a la época en la que ocurrían los hechos, creo que los verdaderos criminales eran los que, con su pluma, firmaban la sentencia de muerte. Los verdugos eran criminales por imposición, y aunque eran los que "ejecutaban" la sentencia, no creo que pudieran elegir y negarse. Sin embargo, aunque los métodos para llevar a cabo la ejecución y "ajusticiar" a los criminales han cambiado, por desgracia en algunas partes del mundo sigue habiendo criminales que firman sentencias de muerte y verdugos que hoy sí pueden elegir.

Amkiel -

Pero si era un ahorcado con soga. Si hubiese sido una guillotina o un verdugo con hacha entonces sí que habría que quitarle “hierro”.

Edda -

Ya lo sé Amkiel, pero tengo la mala costumbre de darle la vuelta a todo. Entendí el mensaje del cuento, sólo quería quitarle hierro.

Amkiel -

No era la intención del cuento pero se agradece la intención de la comentarista.

Edda -

Puesto que estas vivo para contarlo, cuenta que no fue una soga lo que colocaron alrededor de tu cuello, mi trabajo me costó descolgarla en la penumbra de la noche y cambiarla por una goma elástica. Y no fué el capellán quien murmuró una oración a tu espalda, lo que no escuchaste bien fue: "Tranquilo Amkiel, durará poco".
Ahora otra criminal anda suelta.
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