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Panfleto LAETUS

Sentir la vida |Jacopo Fo|

Sentir la vida |Jacopo Fo| Os habrá sucedido que os despertáis por la mañana con una sensación dulcísima. De inmediato pensamos que este bienestar responde a un sueño hermosísimo. Tratamos de recordarlo y prolongar este placer, pero no lo logramos. Por muy hábiles que seáis en recuperar el recuerdo de los sueños, no conseguiréis recordar éste. Simplemente porque no hay ningún sueño. Lo que ha pasado es que por casualidad habéis estado más tiempo de lo habitual suspendidos entre el sueño y la vigilia: aún no despiertos, ya no dormidos.
 
En este nivel de conciencia, vuestras defensas psicológicas y vuestras costumbres mentales aún no se han activado, y por lo tanto podéis sentir la bendita sensación de vivir, de forma incondicional. Pero de repente, tratando de prolongarla, pensáis que está causada por un sueño, tratáis de aferrar el sueño y esta actividad hace que estropeéis la sensación.
 
Cuando uno se enamora sucede lo mismo. La emoción sexual, la atracción por otro ser, es muy fuerte y tiene capacidad de barrer momentáneamente todo condicionamiento mental; así, experimentáis el estado de total apertura perceptiva, pero no entendéis que este placer se origina en vuestro interior y pensáis que depende de la persona que amáis (que en cambio no es la causa de la sensación, sino el elemento desencadenante).
 
Cuanto más proyectáis vuestra mente, vuestro deseo, hacia la posesión, la conquista, la seducción de esta persona, más se os desvanece la sensación.
 
Queréis volver a experimentar aquella sensación, porque es lo más hermoso que nunca os ha sucedido.
 
Vuestra mente, estructurada en el dualismo causa/efecto, comienza a buscar la causa del placer y la identifica en la persona amada. Así que estaréis dispuestos a hacer cualquier cosa por este amor, y cuando termine enloqueceréis de dolor, porque creéis que habéis perdido lo más hermoso que habéis experimentado en vuestra vida. Y es cierto que vuestra historia de amor está destinada a morir, precisamente porque se basa en un error de fondo.
 
Si no reconocéis que la alegría que os da la vida está, ante todo, dentro de vosotros, no podréis amar serenamente a otra persona. Estaréis ansiosos porque tendréis miedo de perder, junto al amor, aquella sensación que es lo único que hace la vida vivible.
 
En efecto, la alegría que sentimos al enamorarnos, mirando una puesta de sol, admirando una obra de arte, es sólo un momento de plena apertura perceptiva. Es lo que los místicos llaman éxtasis, iluminación, nirvana, percepción del zen. Un instante de percepción abierta del que no logramos captar la amplitud y la profundidad, porque es demasiado breve.
 
Cuando se experimenta este placer durante todo un día, se queda uno encogido, se entra en un mundo perceptivo completamente nuevo, una dimensión totalmente desconocida. Un auténtico aturdimiento. Ninguna droga, ninguna alegría, es nada si se comparan con esto.
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5 comentarios

Amkiel -

Gracias, tuve suerte de encontrarla.

JaZzº -

me enknta la imagennnn
es bellisimaaa

Amkiel -

El amor empieza por uno mismo y termina por otro cualquiera.

Amanda Sue -

El amor empieza por uno mismo, eso está claro. Cuando te enamoras entras en otra dimensión, "la dimensió desconeguda".
El éxtasis... eso ya es otro cantar. Tiene que ver con el estado de vigilia, en donde la mente se desconecta y prevalecen los sentidos... paroxismo... umm... esto sí que ayuda!

Amkiel -

NOTA: El texto ha sido copiado de su libro “Cerebros verdes fritos (o, modestamente, estoy chalado)” que se supone que es “un personalísimo manual de autoayuda «al revés» para olvidar de una vez por todas las terapias alternativas”.
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