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Panfleto LAETUS

La que tan bien había amado |Javier Marías| [fragmento]

La que tan bien había amado |Javier Marías| [fragmento] Algunas imágenes, sean del cine, la fotografía o la vida -aquello a lo que asistimos-, permanecen en nuestra retina y son una parte importante de nuestros procesos asociativos, con frecuencia involuntarios. A mí, cuando leo en la prensa sobre el asesinato o el homicidio de una mujer a manos de su marido o novio o cortejador, o de quienes lo fueron y se niegan a dejar de serlo, se me aparece a menudo la imagen de la actriz Shelley Winters, sin duda porque le tocó interpretar ese papel de víctima al menos tres veces, o en tres películas memorables [“Lolita” de Kubrick, “Un lugar en el sol” de George Stevens y “La noche del cazador” de Charles Laughton]. Pero la asociación se produce también por un detalle: uno de los más llamativos y recurrentes en los casos de violencia doméstica o semiconyugal contra las mujeres es que -leemos- éstas rara vez luchan contra sus agresores, ni siquiera cuando las están matando. Tratan de huir o se cubren con las manos inútilmente, piden auxilio o en ocasiones imploran, pero casi nunca pelean ni tratan de devolver los golpes. La explicación más obvia -saben que ante la superior fuerza física de un varón tienen poco que hacer, o la batalla siempre perdida- no resulta muy convincente, porque aun así, aun sabiéndose que no hay esperanza para el más débil en lo que antiguamente se llamaba “desigual pelea”, el instinto de supervivencia lleva por lo general a cualquiera a defenderse con uñas y dientes. Y nunca mejor dicha esta expresión coloquial y tantas veces metafórica, porque muchas mujeres disponen tan sólo de eso, de sus uñas y sus dientes.
 
(...) En los últimos cinco años más de doscientas mujeres han sido muertas en España por sus presentes o pasadas parejas. La mayoría no repelió el ataque, parece, ni lo intentó siquiera. Y quién sabe si algunas no esperaron sin más a que el cuchillo descendiera sobre su pecho, incrédulas pero sin rebelarse ni oponer resistencia. No sé, a veces me pregunto si es que en muchas de ese sexo anida un mortal optimismo de fondo, que frente a los peores indicios y los mayores temores las lleva a pensar, como a Willa Harper: “No, no puede ser”. “No puede ser que me mate ese a quien tan bien he amado, o a quien aún bien quiero, a pesar de todo”. A veces me pregunto si es que muchas mujeres padecen de incondicionalidad, o de una extraña dificultad para dejar de querer a quien decidieron una vez entregar sus días, uno tras otro, hasta que al final también le entregan su vida, o lo que es lo mismo pero sin ya vuelta de hoja, su muerte. Y en la duda masculina uno se dice: “Sí, sí puede ser. Pero ningún dios debería permitir que fuese”.
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7 comentarios

Amkiel -

El caso es que mujeres así suelen pedir ayuda a su verdugo, que tiene un concepto de liberación un tanto drástico, es decir, “la maté porque era mía porque precisamente quería dejar de serlo”. Por lo que no podemos esperar a que pida ayuda fuera, hay que rescatarla aunque por el camino arañe y patalee al no comprender que es por su bien.

Lola -

Una mujer que sufre malos tratos por parte de su amado es una persona con "síndrome de Estocolmo" y necesita ayuda para enfrentarse a su verdugo y alejarse de él.
El verdugo no puede dejarla escapar pues su propia valía se fundamenta en triturar a esa persona.
Recomiendo calurosamente la lectura "el cerebro femenino" de Louann Brinzedine.
Es muy interesante.

Amkiel -

Ciertamente, no siendo nadie (autoestima cero) no se sienten morir.

Amanda Sue -

Tema muy actual y "vivo". Cuesta de creer, pero las cifras hablan y asustan. Una realidad que a los que estamos ajenos nos cuesta entender. Creo que se crea una relación de dependencia tan fuerte, donde la otra persona queda totalmente anulada (autoestima = 0), que pierde todo poder de decisión respecto de sí misma. Se deja hacer hasta el punto de ni siquiera tratar de evitar la muerte. Lo ve, quizás, como una consecuencia lógica. Es una sinrazón.

Amkiel -

[Malicia Cool] Lo que les impide reaccionar a las víctimas es la sorpresa de verse asesinadas por quien tanto las quiso al principio, que se parece a lo que opina Javier Marías pero no es lo mismo.

[AlmaLeonor anónima] Dios no tiene igual, por lo que no puede tener sexo, pues toda una eternidad sin encontrar pareja lo hubiese hecho ser bastante menos misericordioso de lo que dicen que es. Salvo que el demonio y Él...

Anónimo -

¡Hola!
“Sí, sí puede ser. Pero ningún dios debería permitir que fuese”.
Amkiel, Dios era mujer, a lo mejor es por eso.
Un tema importante y espeluznante. Yo también te felicito por traerlo a tu blog.
Besos.AlmaLeonor

Malicia Cool -

No luchan ni repelen la agresión porque, uno, se saben vencidas, como dice Marías -no sólo suelen ser ellos más fuertes físicamente sino que además van armados, los cabrones- y dos, porque además es mejor no darles el último placer de un cuerpo a cuerpo, inútil por otra parte, y oblgarles a que se les quede prendida en la memoria la imagen de una mujer indefensa destripada por ellos; la única venganza que le queda a la muerta, quizá.

Te felicito por la elección.

Besos pacíficos y de lunes,

Alicia XX
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