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Panfleto LAETUS

Por qué disparé |Raúl Guerra Garrido|

Por qué disparé |Raúl Guerra Garrido|

...quizá fuera simpático, en el fondo le pasaría lo mismo que a mí, me lo preguntó amable tras rebasar el disco apoyado en el suelo, rompiendo la línea continua, a cien metros del control policial, deténgase, era un chequeo de rutina, me decidió al preguntarme el número de la matrícula, un registro tan de rutina que no encontraron la pipa y la llevaba en la guantera, de memoria el número del documento nacional de identidad, el número de teléfono, el número de la biblia, no me preguntaron un nombre, mi nombre, sino un número, ¿se da cuenta?, ésa es la clave, ya tengo veinte años y eso es lo que soy, un número, el vértice visible del espanto, no es política, que si lo es, no es política sólo, es vida, la abrí como si fuera a coger un papel más, habíamos echado a porras y me había tocado la paja más corta, no estaba decidido, si no hubiera sido por lo de los números hubiera traicionado el objetivo del comando, al aferrar la culata me sentí fáusticamente convencido de que sí lo haría, es la atmósfera, al hacerse irrespirable, la que precipita la violencia, la praxis, es un principio físico de acción y reacción, ya lo dijo Engels o Lavoisier, me da igual, estoy hasta aquí de justificarme con mesiánicas citas dialécticas, es igual, de derecha a izquierda lo que se forma, de fascismo a comunismo, es un inmenso aparato burocrático que no nos interesa a los de nuestra clase, porque si es una auténtica lucha de clases, y la nuestra revolucionaria, a la que nos pertenece el futuro, no es la del proletariado, que si puede serlo, es la de la juventud, ésa es nuestra auténtica clase, la juventud, me siento más unido a un adolescente guaraní que a un treintañero de mi pueblo, ¿lo entiende, matusa?, no imposible, la gente, el socialismo, sí me interesa, la masa no, la masa es un montón de números, el trabajo en equipo es otra cosa, asociación de individuos con nombre propio, santo del día, pero eso es precisamente lo que no le interesa a la política, la política es una infraestructura sistemática de cosificación, el marketing alienante, la burocracia ordenadora, el computador pariendo números binarios o como se llamen, a tantos bits por segundo qué maravilla; todos clasificados, empaquetados y listos para el consumo, para engorde de cerdos, no existe la mujer objeto, no, yo nunca pude quitarle el sujetador, era una estrecha, existe la humanidad objeto, lo dijo Marx, todo lo que puede hacernos sentir vivos está prohibido, es pecado o engorda, Groucho, of course, es una profunda desesperación fría y sin nombre, con su peso en la mano es otra cosa, asienta la personalidad, uno se convierte en alguien, ¿nunca ha empuñado una pistola?, no en la mili, ni las de juguete, ni las de tiro al blanco, una de verdad, cargada, el seguro levantado y el índice, ¿cómo diría para que lo entienda?, en unión sicosomática con el gatillo, algo así, listo para decirle a un hombre, tú, a ti te ha tocado, a un número cualquiera, les llaman así en la guardia civil, la mía es una angulosa Parabellum Brigadier de nueve milímetros, más cómoda que la del nueve largo, inencasquillable, doscientos dólares en origen, buena pipa para la paz y no la guerra, es una prolongación de la mano, cacha contra palma, sus efluvios energéticos te inundan, te elevan a la seguridad de un ego definitivo, eres alguien con una personalidad propia, alguien a quien todos respetan, temen, obedecen, manos arriba y los banqueros, los ejecutivos, los militares, te obedecen, hasta las chavalas por más estrechas que sean, te conviertes en el centro de sus vidas, dejas de ser un número para ser lo más importante, la esencia del meollo de sus vidas, en un minuto te prestan más atención que en todas las reencarnaciones que hubieras podido acumular ante sus narices, no tendría los treinta pero estaba a miles de años luz de mí, le miré a los ojos, no es nada personal, es a un número cualquiera  y te ha tocado, lo siento, nada nos unía, para él cumplir los treinta no sería algo obsceno, degradante, la incorporación al sistema, porque ya formaba parte de él, era su celoso perro guardián, era el sistema en persona, más intimo que el crac de las astillas cuando saltaba la silueta de madera, que el clinc de las botellas, incluso que el sordo flasp de la calabaza, blanco y diana en el centro, tirador de primera, el valor se les supone a todos, maldita sea, es una sensación erótica, aprieto el gatillo con un impulso de tres como cinco kilográmetros, según cálculos del catálogo de la fábrica de armas, y lanzo el disparador sobre el fulminante, se enciende la carga de pólvora y las estrías envían la bala con absoluta precisión al cuerpo violado, no hay estrecheces que valgan, es una posesión instantánea, el hecho coincide con el pensamiento, muerto, eso es el poder, el orgasmo, puedes violar lo establecido, penetrarle con una simple proyección, alargas el dedo cargado y le golpeas en el pecho, tú, te ha tocado, quizá sea un triste sucedáneo del amor, una droga más, pero ha sido mi única afirmación en la vida, una afirmación imprescindible para restablecer el equilibrio ecológico de mi personalidad, de la sociedad en que agonizo, la degeneración de los mil mensajes contradictorios de la santísima dualidad de la santísima democracia, a votos y a dedo, libertad y censura, con gas y sin gas, ¡ya está bien! ¿de qué quieren acusarme?, de violar la regla de oro, ya sé, el capital ni se crea ni se destruye, sólo se acumula, Ford, Firestone, Dupont, Schweppes o cualquier otro con nombre de marca registrada y sucursal hispana, número uno de ventas en el mundo libre, míster one en persona, ellos son los increíbles ornitorrincos en el poder, aunque pertenecen a la gran familia mamífera democrática partes de su cuerpo son de reptil gansteriano y partes de ave inquisitorial, patas para el movimiento rastrero y morro para hurgar en el fondo lodoso, supongo que esto tiene algo que ver con la fenomenología política, pero es más, mucho más, frágil, ser humano, manejar con cuidado, la cabeza arriba, no humillar, lo que yo pretendo es recuperar mi yo que nunca conocí, ser yo mismo, así está planteada la lucha de nuestra clase, puede estar grabando declaraciones hasta el día del juicio, nunca mejor dicho, ¿eh?, no diré estupideces, no responderé al infantiloide test de qué le sugiere esta mancha, no me podrán declarar loco, sicópata inestable, mongol acetonúrico, cualquier gaita con al que se apunte un éxito jurídico haciéndoles el juego, mi desesperación es fría, coherente, anarquista, estoy cuerdo de atar y tendrán que hacerlo para librarse de mí, no sé qué nombre le darán a esto, pero me ahoga, no puedo más, sin la pistola me siento desnudo, sé que es una aberración satánica, pero es así, ¿cuantas muertes se necesitan para saber que son demasiadas?, dos, la de un extraño y la propia, demasiado tarde, la única vía kaput, ¿qué queda si la imagen del Estado como producto de un trabajo en equipo desaparece del alma ciudadana?, Hegel o Aranguren, da igual, queda el salivazo, lo siento por el número, era un control rutinario, la metralleta le colgaba floja, quizá fuera simpático y en el fondo le pasaría lo mismo que a mí, me lo preguntó amable...

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4 comentarios

Amkiel -

A los violentos habría que arrancarles la piel a tiras, destriparlos, descuartizarlos y tirar sus miserables restos al cubo de la basura, aunque sin violencia, por supuesto.

MAGA -

ME PARECE SUBREALISTA QUE ALGUIEN SE PUEDA ORGULLECER DEL ACTO DE MATAR. Y QUE IRONICE CON QUE SIMPLEMENTE ES EL AZAR EL QUE LO LLEVA A ELLO PARA SENTIRSE EL CENTRO.
QUE PASARIA SI ALGUIEN SE DEDICARA A MATAR A LOS DE SU ALREDEDOR, JUSTIFICARIA EL ACTO IGUAL QUE SI HUBIERA SIDO EL MISMO EL QUE LO HUBIERA REALIZADO? CREO QUE EL QUE PIENSA A SI NO CAMBIA Y YA LO DICE EL REFRAN "MUERTO EL PERRO SE ACABO LA RABIA" ESA GENTE ES LA RABIA DE NUESTRA SOCIEDAD
NO A LA VIOLENCIA

Amkiel -

Lo más espantoso es cómo llena el vacío de su mente con palabras que nada pueden justificar.

Amanda Sue -

Me parece aterrador el hecho de que alguien vaya por ahí armado, con esa sangre fría y sin arrepentimiento. Que le dé igual acabar con una vida... Sentirse tan unido al arma como si fuera una prolongación de su cuerpo... Cierto que la sensación de poder sobre los demás, quizás le compensa, pero no deja de ser, creo yo, una opción última. Una triste y patética forma de vida.
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