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Panfleto LAETUS

Las interferencias |Carmen Martín Gaite|

Las interferencias |Carmen Martín Gaite| La gente interfiere en tu vida. No te pide permiso para entrar en escena ni para salir, va cada uno por donde le parece, y siempre tendrán que chocar contra el que no se quite de enmedio. Pero quitarse de enmedio es meterse en un laboratorio a respirar aire artificial, a trabajar sobre lo ya codificado, sobre lo ya previsto, pensando que llevas la batuta del mundo porque convocas los acontecimientos a medida de tu deseo. Eso claro que se controla. Lo difícil es tratar de armonizar acontecimientos que se mueven todos simultáneamente, que va cada cual por su cuenta, que son de naturaleza dispar. Hay que atender a todos a la vez. Cuando yo era pequeña había un número muy típico de circo: el del chino de los platos. Tenía que hacer bailar muchos platos en el aire impulsándolos con el mismo palito, y que no se parara ninguno ni se le cayera tampoco al suelo, porque se le rompía. La vida es como la labor del chino de los platos, atender a todos a la vez y a cada uno. Sí, claro, ya se sabe que con uno sólo sería más fácil, pero nos ponen muchos, y todos se mueven.
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6 comentarios

Amkiel -

Menuda regañina, de acuerdo, acepto el cumplido, te lo digo de especial a especial.

Amanda Sue -

¿¿Quién ha dicho que no puedes ser especial?? Lo eres. Muestra de ello es este panfleto maravilloso, que tanto éxito está teniendo entre todos nosotros. La especia ayuda a llamar la atención y a que el plato sea más vivo.
Además, hay que saber aceptar un cumplido, Amkiel.

Amkiel -

Ya que no puedo ser especial, al menos soy especia. Gracias.

Amanda Sue -

A veces, al deshacerlo el sabor puede no gustarte, en cambio otras, te alegras de haberlo hecho. Es el caso.

Amkiel -

El Avecrem hay que deshacerlo para sacarle el sabor.

Amanda Sue -

Totalmente cierto lo de que "entran y salen sin permiso", pero si lo pudieras controlar perdería su encanto: lo bonito es ver lo diferentes que somos todos y encontrar belleza en lo que vemos en nosotros y en los demás; y, ¿por qué no? aprovechar esta belleza para enriquecernos. A mí me gusta pensar que mis amigos me enriquecen, como el Avecrem.
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