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Panfleto LAETUS

Ingenuos hasta la estupidez |Javier Marías| [25/01/04]

Ingenuos hasta la estupidez |Javier Marías| [25/01/04] Según el corresponsal Sandro Pozzi, que informó para este diario [EL PAIS] sobre la entrada en vigor del nuevo sistema de control «biométrico» aplicado a quienes entran en los Estados Unidos, los viajeros afectados se mostraron conformes, en su mayoría, con que se les hiciera una foto, se les tomaran las huellas dactilares y se los sometiera a un interrogatorio o cuestionario con más de treinta preguntas personales, incluida una relativa a sus creencias religiosas. La frase más repetida entre ellos fue: «Si no tienes nada que ocultar, ¿dónde está el problema?» O lo que es lo mismo: «Si eres inocente, ¿qué más da que te fichen y que lo sepan todo?» La ingenuidad de este razonamiento es tan asombrosa que roza la indigencia mental, la estupidez pura y simple. Y el estúpido está siempre vendido, lleva todas las papeletas para convertirse en víctima propiciatoria.
 
La defensa de la privacidad en los sistemas democráticos no es un mero capricho o adorno, sino algo fundamental para proteger a los individuos del abuso de las autoridades. Éstas son siempre inquisitivas, y si por ellas fuese (o por la mayoría de ellas), ningún aspecto de nuestra existencia se hurtaría a sus ojos y oídos. Es lo que sucede en las dictaduras, una de cuyas primeras medidas es, sin falta, la creación de una vasta red de delación y espionaje compuesta no sólo por profesionales, sino por el conjunto de la ciudadanía, a la que se insta, persuade, soborna u obliga a denunciar a los compatriotas contrarios al régimen opresor, o «tibios» en su entusiasmo por él. Así era en la URSS y en sus países satélites, así es en Cuba, así fue en la Argentina y el Chile de los militares, en la Alemania nazi y en la España de la Guerra Civil (en ambos bandos durante un tiempo) y en la de Franco (bando único exterminador). Lo grave es que nuestras democracias están cada vez más tentadas por ese modelo dictatorial, con su absoluto control de la gente. Se va paso a paso, y nos acostumbramos, pero, si bien se mira, no es normal que los Estados sepan ya tanto, sin protestas ni impedimentos nuestros. Saben cuánto ganamos y más o menos cuánto y en qué gastamos y qué poseemos (casa o coche, sin excepción); nuestro estado civil y qué familia tenemos; qué llevamos encima; acceden a nuestras cuentas bancarias e historiales médicos; están enterados de a qué organizaciones ayudamos económicamente, si lo hacemos; registran en video, ya «de oficio», si vamos o no a un montón de sitios, desde grandes almacenes hasta no pocas calles; escuchan nuestras conversaciones si se les antoja (¿no es inaudito que Telefónica nos instale contestadores por las buenas, sin nuestro permiso?); y lo tendrían fácil para saber aún más, a quiénes vemos o dónde viajamos y hasta en qué restaurantes cenamos.
 
Todo eso ya lo aceptamos, y es incomprensible. Pero las autoridades aún quieren más, verlo y oírlo y saberlo todo, hasta lo que uno piensa o qué fe profesa. Lo insólito es que encima encuentren facilidades por parte de sus víctimas en ciernes: «Si no tienes nada que ocultar... Si eres inocente...». Que uno sea inocente no depende de uno mismo, sino de quien decide las leyes, y qué es delito, y qué es perseguible. Y las leyes cambian. A veces, incluso -como bajo el Gobierno de Aznar-, se modifican sobre la marcha y con prisa según la conveniencia, según este modelo: «Ah, ¿qué fulano se propone tal cosa, que no se nos había ocurrido y que no nos gusta? Pues que a partir de mañana vaya a la cárcel el que se atreva». Usted puede no ocultar hoy que fuma, y mañana lo pueden acusar de ese delito (en los Estados Unidos ya está penada la posesión de ceniceros en centros de trabajo y locales públicos). Un judío alemán podía no tener reparo en confesar cuál era su raza en 1930, pero al cabo de pocos años esa antigua confesión le costaba la desposesión primero y la vida luego. Un homosexual puede salir alegremente del armario, pero nadie le asegura que mañana no será castigado por su condición, como ya ocurre hoy en muchos países y en algunos Estados de los Unidos. Al entrar en este país uno puede responder que es ateo, pero nadie le garantiza que eso no vaya a perjudicarlo luego. La gente parece haber olvidado algo que en el fondo sabe: que todo puede ser utilizado en nuestra contra, no digamos manipulado, deformado o tergiversado. En realidad uno ignora siempre si tiene algo que ocultar; y de ahí que la reacción de esos pasajeros sea ingenua hasta la estupidez (según su razonamiento, tampoco deberían objetar a ser filmados permanentemente en sus casas). Y también ignora si es inocente, porque eso dependerá de ante quiénes y en qué momento, y de que los legisladores no tengan repentino interés en convertirlo en culpable a posteriori. Es difícil entender esta sumisión generalizada. Para mí, la reacción de quienes desean ser libres debería ser la contraria siempre: cuanto más quisiera saber el Estado, y mejores sus medios para averiguarlo, más le ocultaría yo y le mentiría. Porque la pregunta obligada que no solemos hacernos es esta: «¿Para qué quieren saber esto y lo otro, hasta mis creencias e ideas?» Y es que la respuesta a eso habría de ser siempre: «Será para algo; y no precisamente para favorecerme, ojo. Ni para felicitarme».
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5 comentarios

Amkiel -

Nuska: Cuando nacemos, además de unos azotes tendrían que recitarnos el famoso “a partir de este momento, todo lo que diga podrá ser utilizado en su contra”. Las vacaciones han sido cortas pero provechosas, gracias.

Eklypse: Lo de sentirse culpable sin razón también pasa cuando se activa intempestivamente el antirrobo a la salida de una tienda. Resulta muy violento tener que demostrar la propia inocencia porque, al fin y al cabo, siempre nos creemos culpables de algo.

Eklypse -

Como dice mi madre y tiene toda la razón del mundo, cuando te hacen demasiados controles para entrar en un país interrogándole sobre su vida, le da la sensación de que es culpable hasta que se demuestre lo contrario, así que a países como USA (en el que ya estuvo hace años cuando todo era menos psicótico) no piensa volver. Y que en un test de entrada a un país te pregunten si tienes previsto realizar algun ataque terrorista... es absurdo!!!
En fin, que todo esto, como me afecta laboralmente, me pone de los nervios, ni voy a hacer más comentarios que me enervo xD
besos y a ver si quedamos, no? que ya va tocando...

Nuska -

Por cierto, FELICES VACACIONES AMKIEL!!!

Nuska -

Bueno, es viernes, son las 10 de la mañana y ya estoy paranoica jajajaja
Es cierto que somos unos conformistas, pero qué remedio nos toca? Si ocultas y/o mientes te acabarán pillando y será peor todavía.
Anónimo, la información la utilizan cuando les interesa y para lo que les interesa por desgracia... Es como bien ha dicho Javier Marías, lo que hoy te enorgullece mañana a lo mejor te persigan por ello...

Anónimo -

Pues si tanto investigan y tanto saben, que poco o que mal utilizan esa información. ¿O en realidad no les interesa y prefieren ir de víctimas mientras nos ocultan lo que realmente hacen?.
Uy, uy uy, si no aparezco en los próximos días ya sabéis porqué, jeje.
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