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Panfleto LAETUS

· Encuentros desfasados ·

· Encuentros desfasados · En el desierto de Oklahoma aterrizó un platillo volante pues estas cosas siempre suceden en USA. La pericia de los alienígenas era notable pues apenas levantaron polvo cuando las tres patas articuladas tomaron contacto con el árido suelo. El ruido de los motores era un siseo apenas perceptible que únicamente se notó al detenerse por completo, al igual que sólo notamos el rumor del aire acondicionado de la oficina cuando lo paran. Sin embargo, nadie había allí para relatar estos hechos ni nadie para dar la correspondiente bienvenida a visitantes tan insignes, si de tales se trataba pues hasta abrir la puerta no podemos decir con propiedad quién tocó el timbre. Entre tanto comentario se abrió una portezuela en la panza del aparato que fiel a su nombre tenía forma de plato, aunque sea osado en estos días tal afirmación pues cada vez se ven más vajillas con platos cuadrados, octogonales o rectangulares, sin contar con los pobres más pobres que ni plato tienen y por eso son los únicos que saben que los platillos volantes no existen y el hambre sí. Por la escalerilla que quedó al descubierto descendieron tres seres de color verde con orejas y narices trompetudas, enfundados en trajes de color plateado. Pisaron el suelo con aprensión y miraron alrededor, como cualquiera de nosotros en tierra extranjera aunque siendo del mismo planeta no debiéramos asustarnos jamás. El paisaje agreste apenas dejaba sitio para algún que otro matorral más muerto que vivo. Se miraron y sin pronunciar palabra se encaminaron hacia uno de los más próximos, con un paso bamboleante cual un trío de borrachos. Al llegar al matorral tocaron unos botones que tenían en el antebrazo. Instantáneamente se vieron envueltos en una luz azulada de gran intensidad que se extinguió gradualmente a lo largo de dos minutos interminables. Arrancaron unas ramitas, las pasaron por la botonera y volvieron a su nave espacial; cerraron la portezuela y despegaron suavemente hasta acelerar repentinamente y perderse en el horizonte. Está visto que hasta los seres más inteligentes tienen necesidades fisiológicas imperiosas.
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5 comentarios

Amkiel -

Los “regalitos” que vienen de dentro también.

Medusa -

No me gustan los "regalitos, venidos de fuera". Suelen dejar mal olor y graves consecuencias para el medio ambiente.

Amkiel -

Nuska: Es que se trataba de una nave cupé, para darse una vuelta rapidita por la galaxia.

Edda: No quisiera ser escatológico pero nos dejaron un regalito de lo más personal.

Edda -

Y ¿qué fue lo que nos dejaron?, porque lo de la luz azulada parece espectacular, pero tremendamente sospechoso.

Nuska -

Seres tan inteligentes que no ponen un "inodoro" en la nave... cuantos años luz de represión...
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