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Panfleto LAETUS

El cuento |Quim Monzó|

El cuento |Quim Monzó|

A media tarde el hombre se sienta ante su escritorio, coge una hoja de papel en blanco, la pone en la máquina y empieza a escribir. La frase inicial sale enseguida. La segunda también. Entre la segunda y la tercera hay unos segundos de duda.
 
Llena una página, saca la hoja del carro de la máquina y la deja a un lado, con la cara en blanco hacia arriba. A esta primera hoja agrega otra, y luego otra. De vez en cuando relee lo que ha escrito, tacha palabras, cambia el orden dentro de las frases, elimina párrafos, tira hojas enteras a la papelera. De golpe retira la máquina, coge la pila de hojas escritas, la vuelve del derecho y con un bolígrafo tacha, cambia, añade, suprime. Coloca la pila de hojas corregidas a la derecha, vuelve a acercarse la máquina y reescribe la historia de principio a fin. Una vez ha acabado, vuelve a corregirla a mano y a reescribirla a máquina. Ya entrada la noche la relee por enésima vez. Es un cuento. Le gusta mucho. Tanto, que llora de alegría. Es feliz. Tal vez sea el mejor cuento que ha escrito nunca. Le parece casi perfecto. Casi, porque le falta el título. Cuando encuentre el título adecuado será un cuento inmejorable. Medita qué título ponerle. Se le ocurre uno. Lo escribe en una hoja, a ver qué le parece. No acaba de funcionar. Bien mirado, no funciona en absoluto. Lo tacha. Piensa otro. Cuando lo relee también lo tacha.
 
Todos los títulos que se le ocurren le destrozan el cuento: o son obvios o hacen caer la historia en un surrealismo que rompe la sencillez. O bien son insensateces que lo echan a perder. Por un momento piensa en ponerle Sin título, pero eso lo estropea todavía más. Piensa también en la posibilidad de realmente no ponerle título, y dejar en blanco el espacio que se le reserva. Pero esta solución es la peor de todas: tal vez haya algún cuento que no necesite título, pero no es éste; éste necesita uno muy preciso: el título que, de cuento casi perfecto, lo convertiría en un cuento perfecto del todo: el mejor que haya escrito nunca.
 
Al amanecer se da por vencido: no hay ningún título suficientemente perfecto para ese cuento tan perfecto que ningún título es lo bastante bueno para él, lo cual impide que sea perfecto del todo. Resignado (y sabiendo que no puede hacer otra cosa), coge las hojas donde ha escrito el cuento, las rompe por la mitad y rompe esta mitad por la mitad; y así sucesivamente hasta hacerlo añicos.

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6 comentarios

Amkiel -

Yo soy bastante más caótico en ese aspecto pues comienzo a escribir con una idea tan vaga de lo que quiero decir que es al final que busco un título que resuma lo escrito.

comella -

Quim es mi escritor favorito, me marcó mucho de niña y he leído (creo) que casi todos sus cuentos. La verdad es que el titulo de un cuento o de un libro es muy importante... Cuando yo escribo un relato o un cuento es en lo primero que pienso, luego soy capaz de desarrollar una historia a partir de ese titulo ;)

Amkiel -

Libros en blanco son los que todavía no hemos comenzado a leer.

Edda -

Mientras haya alguien que escriba cuentos, con título bueno, malo o sin él, siempre habrá esperanza. La esperanza de seguir leyendo, de seguir viviendo a ratos la historia del cuento y así esa vida vacía de contenido, llenarla de cuentos, de historias, con finales felices o infelices, da igual, porque mientras haya alguien que escriba no habrá una vida vacía, así como no hay libros en blanco.

Amkiel -

Peor sería tener un título tan bueno que no haya cuento capaz de merecerlo, como una esperanza inalcanzable o una vida vacía de contenido.

Edda -

Henry Miller dijo: "Hay libros que uno nunca leerá, por culpa de su título". Una de las manías de Wiesenthal era perseguir libros extraños, que elegía por sus títulos. A mi también me atraen los libros por sus títulos, pero creo que es una atrocidad romper un buen cuento por no hallar el título adecuado. No lo hagas nunca.
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