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Panfleto LAETUS

· Apalabras ·

· Apalabras · El político se levantó y se acercó hasta la palestra con estudiada parsimonia, nada es natural en quién pretende serlo. Colocó su fajo de papeles sobre el atril y se dispuso a comenzar el último discurso de la campaña. Miró de refilón la primera frase y, asombrado, se detuvo sobre el texto mecanografiado con nocturno empeño la velada anterior mientras, en la cama, su mujer se dormía finalmente sin haber sido querida. ¿Quién había borrado las grandes palabras? ¿Adónde habían ido a parar la “solidaridad”, la “libertad”, la “paz”, entre tantas otras? Comenzó a leer en voz alta esperando recordar las palabras adecuadas que llenasen los huecos, pero al llegar al primer vacío fue incapaz de continuar. No sólo habían desaparecido del texto sino también de su vocabulario. Los simpatizantes del partido lo miraban antipáticamente, ante lo que consideraban una muestra de pusilanimidad de su candidato. Pensaban que hubieran preferido alguien capaz de “salvar la patria”, pero no pudieron acabar de pensarlo pues el de se quedó suspendido ante un abismo de inquietante olvido. El deseo de “victoria” comenzaba a desvanecerse cuando ni esa palabra apareció para recordarles su objetivo. Una soledad espesa inundó sus almas cuando ya ni pudieron recordar al “amor” que hacía más soportable sus vidas. Era el fin, habían inflado tanto las grandes palabras que al final habían explotado.
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2 comentarios

Amkiel -

Bonito fragmento, gracias (esta última palabra, por mucho que la use, es sincera).

Edda -

Utilizamos tanto esas bonitas palabras que al final vamos a conseguir que carezcan de sentido, quizás porque no les damos el adecuado.
Tu cuento me ha recordado un bonito libro "La isla de las palabras" de Erik Orsenna. En la isla hay un hospital (de palabras) donde está ingresada una pequeña frase:
"Te quiero", te copio el fragmento, es que es muy bonito:
"....-Pobre Te quiero. ¿conseguirán salvarla? El señor Enrique estaba tan afectado como yo. Las lágrimas se me agolpaban en la garganta, pero no conseguían subir hasta mis ojos. Llevamos dentro lágrimas demasiado pesadas. Esas jamás podremos llorarlas.
-Te quiero....Todo el mundo dice y repite "te quiero"...Hay que tener cuidado con las palabras. No repetirlas sin ton ni son. Ni emplearlas a tontas y a locas, unas por otras, diciendo mentiras. Si no, las palabras se gastan. Y a veces es demasido tarde para salvarlas. ¿Quieres que visitemos a otras enfermas? -El señor Enrique me miró-. No irás a desmayarte, ¿no?. Y agarrándome del brazo, me sacó del hospital."
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