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Panfleto LAETUS

El pensamiento único |Ignacio Ramonet| [fragmento de entrevista]

El pensamiento único |Ignacio Ramonet| [fragmento de entrevista] Sabemos cómo se ha gestionado y desarrollado eso que hemos llamado el pensamiento único o pensamiento cero del que habla José [Saramago: “El pensamiento único, ni siquiera es pensamiento. Es más o menos, el pensamiento cero. (...) Ni siquiera nos referimos a un pensamiento único, como el que se instaló, por ejemplo, en la Alemania nazi. Ellos tenían un pensamiento único, equivocado y criminal, con las consecuencias que se vieron y las raíces conocidas. Ahora no. Ahora, sencillamente, no se piensa, domina el pensamiento cero. La aceptación de lo que existe sin criticarlo, sin intentar cambiarlo. Todos esperan que al día siguiente alguien proponga lo que hay que hacer y pensar, pero al día siguiente dirán «Sigo pensando en nada».”]. Hay que remontarse cronológicamente a la caída del muro de Berlín en el 89 y a la desaparición de la Unión Soviética en el 91. En ese momento, entre 1991 y el 1995, globalmente asistimos a la crisis ideológica más aguda y a la desesperación del pensamiento crítico. Se trata de un mazazo que, de una manera o otra, recibe, digamos, la izquierda en general. Aunque en definitiva, sobre todo en Occidente, la gente se mostraba extremadamente crítica con respecto a la Unión Soviética, en general, y con respecto al stalinismo, en particular. Vivimos un verdadero shock, a pesar de que todo el mundo podía desear esos acontecimientos, en la medida que las sociedades del Este parecían rechazar de manera colectiva y radical lo que había sido el socialismo en todos sus aspectos. No sólo en sus aspectos más autoritarios, más brutales, sino en todos sus aspectos.
 
Evidentemente eso no sólo acongoja a la izquierda sino que la paraliza. Se paraliza la izquierda en el sentido más pleno de la palabra, no sólo la izquierda política, sino también la intelectual. Ése es el momento. En ese vacío crítico se establece, finalmente, la idea de que hemos llegado al final de un largo enfrentamiento. La Guerra Fría termina ante nuestros ojos con la victoria de un bando y la derrota del otro. ¿La victoria de quién? No se la puede arrogar el capitalismo, en su sentido más abstracto, sino un conjunto de ideas, una ideología en el sentido propio de la palabra, una arquitectura, una armazón de ideas que dominarán, esencialmente, el campo económico.
 
Triunfa una idea (lo he dicho frecuentemente), que no resulta tan contraria a lo que el marxismo sostuvo durante mucho tiempo y que Lenin condensó al afirmar «La economía es política concentrada». De repente tiene razón Lenin, y la noción de que la economía va y debe condicionar el resto de las políticas triunfa, pero en versión capitalista. ¿Qué tipo de economía impera? Se elige un modelo bien preciso, el neoliberal, que llega al poder al final de los años 70. La primera experiencia internacional se ensaya en Chile, por los Chicago Boys, al amparo de la dictadura de Pinochet. Aplican la política monetarista que Milton Friedman había desarrollado en la Universidad de Chicago y que toma el poder en 1979 en Gran Bretaña con la señora Thacher y en EE.UU. en 1980 con Ronald Reagan.
 
Globalmente la idea del neoliberalismo ¿cuál es? José [Saramago] hablaba de ello ayer. Todo su proyecto se concentra en la reducción del Estado, de todas las políticas keynesianas que se han hecho hasta ahora. Ya sea desde la derecha o desde la izquierda, parece obligado abandonar las políticas de organización que contemplan al Estado como el actor económico importante, papel que ahora ya sólo corresponde a la empresa privada. Un paradigma general organiza las sociedades. No se trata de la idea de progreso o de cohesión social, sino del paradigma del mercado, la energía del mercado... Y las soluciones que aporta el mercado se hacen corresponder, en realidad, con las que desea la sociedad. El mercado, esa mano invisible, se adorna de una serie de ideas concretas: lo colectivo ya no importa ante lo individual; las exportaciones resultan más importantes que el consumo nacional; la moneda debe ser fuerte y nunca mostrarse débil; el presupuesto del Estado debe reducirse al máximo; no puede haber déficit, etc. Todo este corpus de ideas se impone al conjunto de la sociedad.
 
Cuando digo el conjunto de la sociedad me refiero a que en ese momento también la izquierda suscribe esos dogmas; es verdad que adaptados, adornados... Se erige una especie de verdad evangélica que será aceptada por lo que llamamos la Tercera Vía. Clinton es el primero que empieza a proclamarlo, considerando que los demócratas son la izquierda estadounidense. Después los socialdemócratas europeos recogen el testigo y vemos cómo, poco a poco, se establece esa especie de corpus básico e indiscutible, a pesar de todas las consecuencias sociales que acarrea. A eso le llamamos pensamiento único; es decir, que si la izquierda y la derecha son el conjunto del espectro político, en el corazón de ese espectro, tomando la mitad que se encuentra a la izquierda de la derecha y la mitad que se encuentran a la derecha de la izquierda, ambas comparten ese corpus de ideas. Lo demás resultará secundario: con qué intensidad vamos a privatizar, este sector o aquel, más o menos...
 
Pero debemos recordar que en la historia económica del mundo jamás se había privatizado antes de la llegada de la señora Thacher. Insisto, nunca se había privatizado. Evidentemente, se habían nacionalizado algunos sectores o empresas, pero nunca privatizado. Nunca. Creo que mucha gente no se da cuenta de ello. La privatización constituye algo extremadamente inaugural. No se había hecho jamás. Sin embargo, a partir de cierto momento se transforma en norma, vivimos la privatización como ley, hay que privatizar, los flujos de capitales tienen que ser libres. Esos elementos constituyen un pensamiento único porque la izquierda en el poder los aplica a veces con mayor rigor que la propia derecha. Sólo se desmarca una derecha soberanista que cree en el Estado. Es la derecha extremadamente conservadora o fascista, por ejemplo, y que no es neoliberal. Pero en términos generales llega un momento en que la izquierda y la derecha empiezan a aplicar el mismo tipo de políticas.
 
Resulta indiferente que se encuentre en el poder un gobierno de uno u otro signo, aunque esto no es del todo cierto. No quiero hacer demagogia, pero respecto a esos principios resulta indiferente. Como las nuevas políticas acarrean graves consecuencias sociales -por ejemplo, si reduzco el presupuesto hay paro- las diferencias se limitan a si indemnizo a los parados o no. Ahí hay una diferencia, la derecha no los indemniza y la izquierda sí. Pero todos los ponen en el paro. La derecha dice que hay que privatizar todos los sectores y la izquierda dirá que tal sector no. Pero todos privatizan, siguen un comportamiento único.
 
Una consideración sobre la democracia, porque todo se produce con la idea de que vivimos en democracia, y que lo importante es la democracia. Lo decía José [Saramago] ayer y hace un instante: la democracia es un punto de partida, no de llegada. Debemos interrogarnos por qué ha resultado tan difícil durante siglos establecerla. En definitiva, se trata de una invención de final del siglo XVIII, EE.UU., la Revolución Francesa, etc. En 1939, cuando empieza la II Guerra Mundial, en Europa había menos democracias que dedos en la mano y a escala mundial eran muy escasas. ¿Cómo es posible que ahora sean la norma?
 
Antes, cuando en un país había la voluntad social, la voluntad colectiva, la voluntad popular de crear una democracia, con frecuencia ese deseo encontraba la oposición violenta de las oligarquías. Se vivió aquí en España, la Guerra Civil fue una oposición a un proyecto democrático; y Guatemala en el 54, cuando se quisieron llevar a cabo democráticamente una serie de reformas; y Chile... Entonces se producían golpes de Estado e intervenciones militares extranjeras que lo impedían. ¿Por qué? Porque la democracia no se concebía sólo como más posibilidades para cada uno, aunque es una dimensión muy importante expresarse libremente (...) y votar por el partido que uno quiere. Pero antes la democracia se planteaba también en su dimensión económica. Por consiguiente, si en un país durante siglos o milenios, el patrimonio había sido acaparado por un grupo, establecer la democracia suponía nacionalizar: que la nación participase de ese patrimonio. Esto, evidentemente, lo rechazaban las oligarquías locales y sus aliados internacionales.
 
Ahora todos -las nuevas repúblicas del Este, toda América Latina, toda África- se consideran democráticos. La democracia avanza y si no lo hace debe imponerse. Hemos asistido a cosas insólitas. Los Estados Unidos realizaron un desembarco militar en Haití para establecer la democracia, en contraste con las decenas de desembarcos anteriores que establecieron dictaduras. ¿Por qué ahora se alcanza la democracia con tanta facilidad y antes no? ¿Por qué? Reflexionemos. ¿Qué es lo primero que han hecho los gobiernos demócratas en los países del Este y en los países latinoamericanos al llegar al poder? Privatizar lo que era nacional. Es decir, han transferido al capital internacional, a las grandes empresas, el patrimonio nacional. ¿Por qué se iban a quejar? Hoy ya no se precisan intervenciones militares. Al contrario, se reclaman más democracias, porque es la manera de arrebatarle al conjunto nacional lo que era patrimonio colectivo. Conviene tener un espíritu crítico sobre lo que se entiende por democracia hoy en día.
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10 comentarios

Amkiel -

No es tanto que el pensamiento crítico vaya desapareciendo sino que se lo ignora. Antaño era perseguido y se intentaba aplastar, ahora simplemente se desprecia.

blanca -

LA verdad es que es muy interesante. Es cierto que en general no se piensa ni se hace crítica, pensar cuesta mucho y es algo que nadie dice. Se da por sentado que la democracia permite pensamiento crítico, y es cierto, pero lo que pasa es que extrañamente éste va desapareciendo, teniendo en cuenta la cantidad de individuos libres que somos.

Amkiel -

AlmaLeonor: Y si se equivocaron en su predicción, ¿qué?, no queda ninguno para reclamarle. Y si aciertan tampoco.

Eider: El reloj vuelve a marcar las horas, como en los boleros, pero no sé qué es lo demás.

Eider -

¿Puedo preguntar dónde se han ido el reloj y lo demás?
B.J.

Eider -

Y mientras lo leo enlazo sin querer con "la rana que no sabía que estaba hervida" y la desazón es mayor.
B.J.

AlmaLeonor -

¡Hola!
El fin del mundo es en el 2013 lo dijeron los mayas.
Besos.AlmaLeonor

Amkiel -

AlmaLeonor y Malicia Cool: Tomaros el tiempo necesario, no hay prisa, aún quedan algunos días para el fin del mundo.

Malicia Cool -

Digo lo mismo que AlmaLeonor; promete un huevo al principio pero cuesta terminarlo con esta caló!! Habrá que volver. Besos, Alixx

AlmaLeonor -

¡Hola!
Y necesito más tiempo para leer el artículo. El principio ya me atrae demasiado y tengo que ocuparme de otras cosas ahora.
Besos.AlmaLeonor

AlmaLeonor -

¡Hola!
Quedas mejor de cuerpo entero que solo con un ojo, jejejejjejej
Besos.AlmaLeonor
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