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Panfleto LAETUS

· Marat-Sade |Teatre Tívoli| ·

· Marat-Sade |Teatre Tívoli| · La Humanidad a lo largo de los siglos
nunca se ha planteado una pregunta
¿qué es el dolor? Y ello por cuanto
el enigma del dolor reenvía al acuciante
problema del otro, del prójimo
que está ahí mudamente ante nosotros,
y es probable que exista.
(Leopoldo Mª Panero)
 
Sólo los locos y los niños dicen la verdad, por lo que lo que diga yo, si los demás me consideran cuerdo, será mentira. Así encaro un callejón sin salida, un viaje a ninguna parte que sólo se soluciona si cada uno de nosotros integra también su propia locura y deja jugar al niño que fue. Éste si que es un misterio de la santísima trinidad bien próximo y sin mayúsculas.
 
La gente que muere en la bañera suele hacerlo por resbalar. A Marat lo asesinó Charlotte Corday en la bañera que aliviaba su enfermedad, el uno jacobino y la otra girondina, dos caras de la misma revolución. Pero esta muerte no es tan diferente de la típica pues Marat realmente murió en su revolución resbaladiza. Y nosotros, tantos años después, caminamos sobre sus logros aunque todavía no nos sintamos seguros. Tenemos miedo, miedo a vivir, a morir, miedo al miedo.
 
La obra de teatro Marat-Sade de Peter Weiss, representada por la compañía Animalario, es un monumento de trapo (la escenografía son montañas de ropa usada), ¿un intento de amortiguar los golpes verbales que los locos lanzan indiscriminadamente? Nada hay más vano que interponer al puñal un trozo de seda, nadie debería de quedar sin verla.
 
[Andrés Lima (director)] Hay una idea romántica (sobre todo en la izquierda burguesa) de la revolución como algo “bonito”. Pero la revolución es más “necesaria” que bella. Respirar no es bonito, sobre todo con una bomba de oxígeno.
 
La revolución permanente y necesaria evitaría, en gran parte, el choque violento de ideas o necesidades, de clases y privilegios. El esfuerzo de cuestionamiento diario que surge del cambio de posición continuo en uno mismo nos hace que sea más fácil comprender al prójimo, ponernos en su lugar y darle fraternalmente la mano. Vivir con nuestras contradicciones y no imponérselas a nadie es ser un revolucionario y posiblemente un humanista.
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