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Panfleto LAETUS

Los guisantes en la mano |Paul Watzlawick|

Los guisantes en la mano |Paul Watzlawick|

En su lecho de muerte, una mujer joven hace jurar a su marido que no se comprometerá con ninguna otra mujer. “Si faltas a tu promesa, vendré en espíritu y no te dejaré vivir tranquilo”. El marido, al principio, mantiene su palabra, pero al cabo de unos meses, conoce a otra mujer y se enamora de ella.
 
Muy pronto empieza a aparecérsele un espíritu cada noche que le acusa de haber faltado a su juramento. Para el hombre no hay duda de que se trata de un espíritu, pues el fantasma nocturno no sólo está informado de todo lo que pasa cada día entre él y su nueva amiga, sino que también conoce exactamente sus pensamientos, esperanzas y sentimientos. Como la situación se le hace insoportable, el hombre decide pedir consejo a un maestro zen.
 
“Vuestra primera mujer se ha convertido en espíritu y sabe todo lo que vos hacéis”, le declara el maestro. “Todo lo que vos hacéis o decís, todo lo que dais a vuestra prometida, él lo sabe. Tiene que ser un espíritu muy sabio. En verdad, tendríais que admiraros de un tal espíritu. Cuando se os aparezca de nuevo, haced un trato con él. Decidle que sabe tanto que vos no le podéis ocultar nada y que vais a romper vuestro compromiso, si puede contestaros a una sola pregunta”.
 
“¿Qué pregunta he de hacerle?”, dice el hombre.
 
El maestro responde: “Tomad un buen puñado de guisantes y preguntadle por el número exacto de guisantes que tenéis en la mano. Si no os sabe responder, sabréis que el espíritu no es más que un producto de vuestra imaginación y ya no os molestará más”.
 
Cuando a la noche siguiente apareció el espíritu de la mujer, el hombre lo aduló diciéndole que lo sabía todo.
 
“Efectivamente”, respondió el espíritu, “y sé que hoy has ido a ver al maestro de zen”.
 
“Y ya que sabes tanto”, prosiguió el hombre, “dime cuántos guisantes tengo en la mano”.
 
Y ya no hubo espíritu alguno para responder a esta pregunta.

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9 comentarios

Amkiel -

Cuando se promete no se asegura que lo prometido se vaya a cumplir, sólo podemos comprometernos a aplicar el máximo de esfuerzo posible para que así sea.

Dorada.c -

Bueno este capitulo, representa solo un poko de lo que Paul Watzlawick nos trata de explikar si queres AMARGARTE tienes muchos caminos, si quieres prometer cosas ten claro que siempre tendras la posibilidad de no cumplirlas, pero no te amarges si no logras cumplirlas lo hecho hecho esta...

Amkiel -

AlmaLeonor: No es tanto la palabra en sí sino el propio acto de decir el que puede vestir nuestras palabras de incredulidad.

Edda: La guinda es lo que le faltaba a este pastel. Gracias por no prometer.

Edda -

Por eso yo no le prometo a Amkiel que seguiré leyendo el panfleto, sobran las promesas.
Oye me encanta la guinda. Voy a empezar a anotarlas.
Un saludo.

AlmaLeonor -

¡Hola!
Pues yo creo que lo que define la palabra promesa es "el compromiso de cumplirla". Sin embargo toda palabra dicha si que incluye por definición el riesgo de no ser creída (¿ni por uno mismo?)
Besos.AlmaLeonor

Amkiel -

Me explico: Toda promesa incluye por definición el riesgo de no cumplirla. Lo demás que dices huelga decir que estoy de acuerdo. Un beso...

AlmaLeonor -

¡Hola!
¡¡Pues que drástico eres!! Yo creo que si que hace falta decir las cosas. Decir un elogio o pedir perdon o hacer una promesa.
Todo lo que no decimos, son cosas que nadie escuchará. Y eso es una pena.
Besos.AlmaLeonor.

Amkiel -

Algo que es seguro que se va a cumplir no hace falta prometerlo.

Edda -

Ay ay ay..el espíritu de la mala conciencia. Pero ¿por qué hacemos promesas que no vamos a poder cumplir?.
Un saludo.
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