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Panfleto LAETUS

Los Colegiantes |Steven Nadler| [fragmento]

Los Colegiantes |Steven Nadler| [fragmento] La primera comunidad de Colegiantes se formó en 1619 en Warmond, en parte como respuesta a las reaccionarias resoluciones del Sínodo de Dort, que había expulsado a los Replicantes de la Iglesia Reformada. El grupo trasladó pronto su base de operaciones a Rijnsburg, justo a pocas millas de Leiden. Hacia los años 1640 había «colegios» en varias ciudades de los Países Bajos, incluyendo Groningen, Rotterdam y, sobre todo, Amsterdam. Tratando de mostrarse circunspecto, el grupo de Amsterdam celebraba usualmente sus encuentros en las casas de sus miembros, aunque era sabido que a veces se reunían en la librería de Jan Rieuwertsz llamada «Libro de los mártires», o (tratando de gozar de algún respiro del acoso de los predicadores calvinistas) en la sacristía de la comunidad Anabaptista. Los asistentes a estas reuniones rezaban y leían juntos, interpretaban las Escrituras y discutían libremente sobre su fe. Estaban convencidos de que tanto la Iglesia Reformada oficial como las iglesias disidentes organizadas no eran mucho mejores que la Iglesia Católica cuando caían en un sectarismo dogmático. Para ellos, el verdadero cristianismo era no confesional, pues consistía simplemente en un amor evangélico a los seres humanos y a Dios, y en la obediencia a las palabras originales de Jesucristo, no mediatizadas por ningún comentario teológico. Más allá de las pocas verdades simples y generales contenidas en las enseñanzas de Jesús, cada individuo tenía el derecho a creer lo que quisiera, y nunca el derecho a perseguir a los otros por sus creencias. Creían también que la salvación no se alcanzaba mediante ciertos ritos o signos supersticiosos, ni por pertenecer a un culto organizado, sino solo a través de una sincera y cordial fe interna.
 
Los Colegiantes no utilizaban pastores: todo el que se sintiera inspirado para hablar en una reunión podía hacerlo. Rechazaban toda doctrina sobre la predestinación, por parecerles incompatible con la libertad cristiana, y (al igual que los Anabaptistas, que por cierto abundaban entre los miembros de los Colegiantes) recomendaban el bautismo solamente por libre consentimiento del individuo adulto. Anticlericales hasta la médula, los Colegiantes buscaban liberar a la Cristiandad de las constricciones impuestas sobre el culto y las propias acciones por las religiones institucionalizadas. La acción moral era para estos pacíficos «cristianos sin Iglesia» (por usar la famosa frase de Kolakowski) más importante que cualquier conjunto de dogmas. El verdadero sentimiento religioso y el comportamiento apropiado que lo acompaña solo podrían florecer cuando el sentimiento, el pensamiento y el lenguaje se vieran liberados de todo poder eclesiástico.
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