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Panfleto LAETUS

El hombre y la serpiente |Popular (Ancares)|

El hombre y la serpiente |Popular (Ancares)|

Cuentan que un teixarego descubrió una mañana, cuando se dirigía a la villa para realizar unas compras, a una serpiente bajo un gran peñasco en el borde del camino.
 
Había pasado su letargo invernal en aquel agujero y en primavera, al pretender salir, no le fue posible por haber aumentado de tamaño. Por muchos esfuerzos que realizaba no conseguía de manera alguna salir de allí.
 
Habiendo el buen señor comprobado que sin ayuda de alguien le esperaba a la serpiente una muerte segura, se compadeció de ella y acudió en su socorro.
 
Dejó la mochila sobre una pared, cogió una estaca de una cerca y la introdujo debajo de la roca. Hincó luego el hombro, y tras muchísimos esfuerzos, consiguió liberar a la serpiente.
 
Una vez la serpiente libre, le dijo al teixarego:
 
- Pues ahora te voy a comer.
- ¿Cómo? -le contestó-. Vaya agradecimiento que me haces. Yo que tenía tanta prisa, dejé sin hacer mis compras por ti, y pretendes pagarme ahora con esa moneda.
- Escucha -continuó la serpiente-: todo en este mundo es una trampa; aquél que hace bien recibe mal. Y, por el contrario, quien hace mal recibe bien. Así pues, tú que has hecho tanto bien debes recibir mal porque nadie puede escapar a su destino.
 
De poco sirvieron las súplicas y las razones de aquel pobre hombre: la serpiente no mudaba de parecer. Después de muchas discusiones le concedió la serpiente una oportunidad:
 
- Vamos a solicitar consejo a los tres primeros animales que hallemos -dijo la serpiente-: si dos de ellos aceptan tus argumentos, quedas en libertad; en caso contrario, será tu definitiva sentencia de muerte.
 
En vista de su difícil situación y de que sus pretensiones podrían ser comprendidas por los animales, aceptó la propuesta de la serpiente.
 
Fue el primer animal en aparecer un perro viejo y flaco. Se dirigió a él el teixarego y le habló de esta manera:
 
- Mira; venía yo de viaje y descubrí debajo de una roca a esta serpiente sin posibilidad alguna de salir. Perdí mi viaje para sacarla del agujero y me dice ahora que me va a comer: ¿qué piensas tú de todo esto?
- Pues creo que te debe comer -contestó el perro-. Mientras fui yo joven y fuerte, era apreciado y respetado por mis dueños; ahora que soy anciano y no puedo guardar ya sus rebaños, me maltratan y me matan de hambre. Con que es lícito que a ti te suceda otro tanto.
- Ya tienes un animal en contra -le dijo la serpiente a su futura víctima.
 
Poco más tarde apareció un ajado y fatigado lobo. Se acercaron a él y solicitaron igualmente su parecer acerca del pleito que enfrentaba al teixarego con la serpiente.
 
- Venía yo a la villa -expuso el teixarego-, cuando descubrí a esta serpiente bajo un peñasco sin lograr salir, y muriendo poco a poco de hambre. Sentí lástima y, perdiendo mi viaje, la saqué de allí, salvándola de una muerte segura. ¿Qué piensas de que pretenda ahora comerme?
- Debe comerte -sentenció el lobo-. Todo en este mundo es una trampa: quien hace bien recibe mal, y quien hace mal recibe  bien. Era yo en mi juventud un lobo carnicero, feroz y muy veloz. Cazaba para los lobeznos todo cuanto comer querían. Ahora que soy viejo, me desprecian y me echan a dentadas de la madriguera y de la manada. De los favores de antaño nadie se acuerda. En tierra de lobos toca aullar como todos.
- Veamos o no a un tercer animal, ya tienes la disputa perdida -sentenció la serpiente.
 
Sin embargo, el teixarego, como quien se agarra a un clavo ardiendo, exigió que se cumpliera lo acordado y se escuchase al animal que restaba.
 
Encontraron finalmente a una zorra, y le expusieron las razones que les llevaba a requerir su juicio.
 
Una vez oídas las partes, permaneció la zorra pensativa durante un tiempo, al cabo del cual dijo:
 
- Siempre he presumido de ser justa e imparcial en mis juicios, y pretendo conservar este prestigio ganado. Si en verdad queréis escuchar de mí una sentencia justa, no hay más solución que regresar al lugar en donde acaecieron los hechos.
 
Regresaron, pues, todos al mismo lugar en el que el teixarego se había encontrado la serpiente. Una vez allí, solicitó la zorra que se colocara la serpiente en idéntica posición a como estaba antes de su liberación. Tan pronto como la serpiente empezó a enroscarse en el nido bajo la roca, retiró apresuradamente el teixarego los calzos y la estaca que todavía mantenían levantado el peñasco, y la serpiente quedó atrapada nuevamente en su lecho de muerte.
 
- Esta es mi inapelable sentencia -dijo la zorra-: deja abandonada a su suerte a quien tanto proclamó la desgracia ajena. Y puesto que te he salvado la vida -continuó la zorra-, espero que me recompenses por ello como me merezco.
- A nada de lo que me pidas podré negarme -contestó el teixarego-. ¿Qué es lo que tú más desearías?
- Lo que yo más en este momento ansío, es una nidada de pollitos con su gallina.
 
Eso está hecho, tengo yo en mi casa una gallina con sus pollitos; aguarda aquí mientras voy a por ellos, que no tardo nada en regresar.
 
Quedó la zorra relamiéndose y, pensando en el banquete que le esperaba, no lograba controlar su excitación.
 
Se encaminó, pues, el teixarego hacia su casa, y cuando llegó buscó un cesto de mimbre con una tapadera y metió en él un perro de caza en lugar de los prometidos pollitos. Regresó con la cesta junto a la zorra, impaciente ya por la tardanza del hombre, y le indicó que se colocara en unos prados situados debajo del camino, mientras desde arriba le iba sirviendo los pollitos de uno en uno.
 
La zorra, deseosa de empezar el festín cuanto antes, saltó a los prados y se colocó en posición de espera. Abrió entonces el teixarego el cesto y salió de él un enorme perro que, tan pronto como se percató de la presencia de la zorra, salió en su persecución.
 
La zorra, que descubrió el engaño de que había sido objeto, se lanzó en veloz carrera para huir del acoso del perro mientras decía:

Arriba pernas
e arriba zancas,
que neste mundo
sólo son trampas.
 
[Arriba piernas
y arriba zancas,
que en este mundo
todo son trampas.]

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8 comentarios

Amkiel -

El ser humano no es así, es de muchas maneras más. Es cuestión de suerte.

Blanca -

Hola buen dia

aun recuerdo cuando lei este cuento en la primaria, la frase de "El bien que se hace con el mal se paga" (como el cuento que yo lei) se quedo grabada en mi mente, sin embargo no por ello dejo de ayudar a quien puedo y no pensando en que me pagara mal auque esto muchas veces es comprobado, lo mejor del cuento es que nos muestra que nos muestra que asi es el ser humano muy pocas veces muestra su gratitud

bueno me despido

addio

Amkiel -

Cierto, por eso es un error confiar sin reserva en cualquiera simplemente por haber dado una única muestra de bondad. Y de nada sirve la inteligencia en este caso pues incluso la zorra fue engañada.

CarlosVg -

Lo que sí muestra esta fábula es como la misma persona que ha hecho una demostración de generosidad y bondad, liberando a la serpiente es capaz, en otro momento de mostrar la misma ruindad que ésta.

Amkiel -

El caso es que esta serpiente se quería zampar al hombre, por lo que las consecuencias de hacer el bien eran bastante nefastas. A fin de cuentas se trata de una fábula con las habituales dosis de exageración para causar impresión y transmitir una lección. ¿Cuál sería la moraleja?, sería la cuarteta final y nos resulta chocante porque duele reconocerse acosado por el engaño. En cuanto a la bondad de nuestros actos no hay duda de que es lo aconsejable para todos, además de que las posibilidades de decepción quedan muy por debajo de las satisfacciones que aporta la gratitud. Eso sí, más que obrar de manera que nuestra conciencia quedase tranquila, habría que hacerlo situándose en la conciencia del necesitado, aunque pueda sonar raro.

CarlosVg -

Hola Amkiel, eres como la hormiguita que cada dia lleva su granito, y mira tú, ya tienes todo un granero.

El cuento es muy interesante, pero hace un poco de apología del resentimiento de la gente desengañada.
Quizás una excusa para quien no quiere ayudar al prójimo.
Tendríamos que pensár en tener nuestra conciencia tranquila prestando ayuda al necesitado, que si éste no responde bien, allá él.
( si existe el infierno, allá se irá )

Amkiel -

Los cuentos populares suelen aglutinar la sabiduría de los más viejos del lugar. Yo quisiera tomar como lección que hay que ser buenos y confiados de entrada, que para ser "malos" ya habrá tiempo si la ocasión así lo requiere (ojalá nunca hubiese desengaño).

AlmaLeonor -

¡Hola!
Un cuento buenísimo Amkiel, precioso, pero triste. Triste porque es la triste realidad. Cualquiera de nosotros tendriamos algo similar que contar, seguro.
Sin embargo, hay algo que está ahí, pero que se nota poco: Que SIEMPRE hay alguien que confia en alguien. Es la lección que me gustaria sacar de este cuento.
Besos.AlmaLeonor.
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