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Panfleto LAETUS

· dixit IV ·

Esta mañana pasé al lado de un padre que había montado a su hijo en una de esas pequeñas atracciones que hay a la entrada de algunas tiendas. Unas monedas y el cacharro comienza a moverse, da igual que sea un coche, un pato, un caballo o una nave espacial. En este caso era un coche todoterreno propio de safaris en tierras más salvajes, con volante incluido. Sin embargo, el niño no tenía el volante entre sus manos sino que se agarraba a los bordes del armatoste, mirando fijamente a su padre. ¿Quién se divertía más: el que creía que el otro lo hacía o el que lo hacía para que el otro se lo creyese?
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