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-¡A la derecha, David, a la derecha!
Jóvenes sin escrúpulos, que gustan de ostentar prepotencia y mostrarse a sí mismos y los demás superiores a cualquier norma y acatamiento, vociferan con tal estruendo o producen tales ruidos con las máquinas de correr, que llaman motocicletas, que impiden el sueño apacible y reposado que el trabajo cotidiano de nuestros vecinos requiere. Agavíllanse en ocasiones estos jóvenes (...) para que el número aumente el estruendo y fortalezca la impunidad de su deplorable conducta.The Cure |

| Llora cuanto quieras sobre mi hombro, desahógate, cuenta conmigo para lo que te haga falta. Pero no te equivoques, no soy mejor que él: le envidio cada una de tus lágrimas. |
En el siglo XV vivió el monje más famoso de todo Japón, Ikkyu, hijo ilegítimo del centésimo emperador. El príncipe de la provincia decidió dar una gran fiesta y le dijo a Ikkyu que le reservaba un lugar a su lado.
El incentivo de los amores, como el de los cuentos, radica en su capacidad de sorpresa. Ni al que se pone a querer ni al que se pone a contar les va a servir de nada prefigurar el trance amoroso o narrativo. Mientras no se vean metidos de hoz y coz en él, no están en condiciones de saber cómo les va a ir.
| Quién me iba a decir que el destino era esto. Ver la lluvia a través de letras invertidas, un paredón con manchas que parecen prohombres, el techo de los ómnibus brillantes como peces y esa melancolía que impregna las bocinas. Aquí no hay cielo, aquí no hay horizonte. Hay una mesa grande para todos los brazos y una silla que gira cuando quiero escaparme. Otro día se acaba y el destino era esto. Es raro que uno tenga tiempo de verse triste: siempre suena una orden, un teléfono, un timbre, y, claro, está prohibido llorar sobre los libros porque no queda bien que la tinta se corra. |
La doctora estaba en lo cierto: ningún proceso anormal se desarrollaba dentro del pequeño cerebro, ninguna perturbación patológica. Sin embargo, si hubiese podido leer el mensaje contenido en los impulsos que habían determinado aquellas líneas sinuosas, se hubiera sorprendido al encontrar un universo tan exuberante: el niño era un pequeño corneta que tocaba a la carga en el desierto, mientras ondeaba el estandarte del regimiento y los jinetes de Toro Sentado preparaban también sus corceles y sus armas, hasta que el páramo polvoriento se convertía en una selva de nutrida vegetación alrededor de una laguna de aguas oscuras, en la que el niño estaba a punto de ser atacado por un cocodrilo, y en ese momento resonaba entre el follaje la larga escala de la voz de Tarzán, que acudía para salvarle saltando de liana en liana, seguido de la fiel Chita. O la selva se transmutaba sin transición en una playa extensa; entre la arena de la orilla reposaba una botella de largo cuello que había sido arrojada por las olas; el niño encontraba la botella, la destapaba, y de su interior salía una pequeña columnilla de humo que al punto iba creciendo y creciendo hasta llegar a los cielos y convertirse en un terrible gigante verdoso, de larga coleta en su cabeza afeitada y uñas en las manos y en los pies, curvas como zarpas. Pero antes de que la amenaza del gigante se concretara de un modo claro, la playa era un navío, un buque sobre las olas del Pacífico, y el niño acompañaba a aquel otro muchacho, hijo del posadero, en la singladura que les llevaba hasta la isla donde se oculta el tesoro del viejo y feroz pirata.
| He heretat l’esperança dels avis i la paciència dels pares. I de tots dos, els mots dels quals ara em serveixo per parlar-vos. M’han dit que la naixença em dóna drets inviolables. Però jo sóc poruc i sempre em sento una mica eixalat i solitari. Visc en un poble petit, en un país petit i, tanmateix, vull que quedi ben clar que això que escric ho escric per a tothom, i per mi és com si el món sencer girés entorn de l’eix dels meus poemes. Vagarejo tot sol pels carrers en silenci i cada vespre escolto el cant de les sirenes des del terrat de casa. |
Al llegar a casa encontró a su padre tendido en el pasillo. Se acercó temeroso y, al no ver señales de vida en el cuerpo, se abalanzó sobre el teléfono. Descolgó y esperó a tener señal para marcar el 061, pero la señal no venía. Un leve siseo, como de viento en el páramo, era lo único que se escuchaba, hasta que apareció una voz, su padre:
Basta con haber sentido admiración o gratitud ante la finura de un acto, la candidez de una actitud, la perfección de un texto, la exactitud de una definición, la expresión de un rostro, la belleza de un cuerpo... Basta con ello para saber lo que es la felicidad pura y desinteresada.
| Libera espacio. ¿Quién abarcará el cielo? Ay, ni tú ni yo. - - - ¿Guardé mi archivo? Podría ser muy útil. Pero ya no está. - - - Este sitio web no ha podido encontrarse pero hay muchos más. - - - Esto es un caos. Reflexiona y reinicia. Volverá el orden. |
Me siento como una figura decorativa, olvidada, cubierta de polvo, en el ala oeste de un gran castillo desierto, como un gato de cristal sobre el tejado. Estos 40m2 son demasiado grandes si tú no los habitas, si tú no estás aquí, conmigo. Me levanto del sillón y pongo música, cómo me recuerda a ti esta canción, es,... cómo se llamaba?... no sé, da igual, me recuerda a ti. Antes de acomodarme de nuevo, cojo una de esas revistas especializadas que tú sueles comprar y que te empeñas en leerme, joder... no me entero de nada de lo que dices, pero sigue hablando, sigue, me encanta tu voz; aunque cuando vuelvas a leerme algo sobre máquinas que hablan, volveré a hacerte un guiño de cansancio y te diré “por qué no te callas?”, es como si lo viera, tú levantarás la vista de las hojas y responderás, “no, deja, que ahora viene lo interesante” y comenzarás a leer de nuevo y yo sonreiré sabiendo que no puedes verme y continuaré fingiendo un inmenso aburrimiento... Te espero, y mientras aguardo tu llegada recuerdo el mensaje de mi contestador, esta mañana en el trabajo, a primerísima hora, la luz roja del teléfono parpadeante, me recibe al entrar, “ojalá sea él” -he pensado-... y eras tú, diciéndome que no me olvidara de comprar tomate porque habías decidido preparar macarrones para comer... “tomate”, jamás había percibido la belleza de esa palabra, que dicha por ti, parece poesía, “tomate”, vaya... una palabra que escuchada de tu voz parece música, se asemeja al sonido de las olas, no crees?... “tomate”, y yo sin darme cuenta de lo bien que suena la palabra “tomate”. Luego el día ha continuado como siempre, prisas; ruedas de prensa para informar de la nueva imagen del ayuntamiento, entrevistas; alguien que llama para quejarse porque el ayuntamiento se gasta el dinero de todos en una nueva imagen, innecesaria, por cierto; prisas, se inaugura una exposición en los salones de la asociación de las amas de casa, por supuesto, hay que entrevistar a las amas de casa que participan en dicha exposición, que, además, se llama “Muestra de artesanía de la asociación de amas de casa”, lugar: “salones de la sede de las amas de casa”... y otra llamada; alguien ha incendiado un balneario... ¡por fin algo interesante!...el balneario no ha ardido por completo, ¡qué chapuza!... Se acaba la canción, silencio, miro el reloj, tic-tac, tic-tac, tic-tac... lo oigo nítidamente y tras el tic, espero impaciente, el tac, y cuento ansiosa los segundos que nos separan o nos acercan, según se mire... me pregunto si estarás pensando en mi ahora que yo pienso en ti, me pregunto si tú te estarás preguntando lo mismo, si has sentido, quizá, que yo te estoy pensando en este momento... y en todos los momentos... Y por fin se abre la puerta de estos abismales 40m2 y de un salto me levanto de este maldito sillón y me cuelgo de tu cuello, que es el mejor sitio para vivir o para morir, según se mire. “Te he echado de menos”, te digo mientras te beso. Tú, me miras sorprendido y me dices que solo has estado fuera 5 minutos, que has ido a pedirle tomate a la vecina del 2º, porque a mí se me ha olvidado... Sólo 5 minutos –pienso-, vaya... tic-tac, tic-tac...
| Wer oben sitz, der läst sig grussen, Und tritt die untersten mit fussen. Die stärkst hat allenthalben recht, Der sweckst ist ein geplagter knecht. Wer mächtig ist, wird auch vermessen, Grosz Fisch allzeit die kleinen fressen. | El que está sentado arriba se deja saludar |
“Y te he elegido porque tu Panfleto es el mejor lugar de encuentro de la Red. Porque tus extractos de libros, tus poesías, tus escritos, tus imágenes, tu música, tus frases del día, tus enlaces... destilan sensibilidades, interés, buen hacer y un espíritu inteligente. Porque escribes estupendamente y los relatos escritos por ti son de los que no se olvidan nunca.” Estas palabras son de AlmaLeonor que me ha concedido el premio ARTE Y PICO, aunque el verdadero premio han sido las palabras. Gracias de corazón.
Dos rabinos, que cenan juntos, discuten acerca de la existencia de Dios, y llegan de común acuerdo a la conclusión de que Dios, finalmente, no existe. Después, se van a acostar... El día amanece. Uno de nuestros rabinos se levanta, va a buscar a su amigo, no lo encuentra en casa, sale a buscarlo fuera, y lo encuentra en el jardín, realizando su oración ritual de la mañana. Se acerca algo desconcertado.
Uno de los primeros eventos comentados aquí (noviembre del 2006) fue el magnífico concierto de Deine Lakaien. Hoy tengo casi toda su discografía, cuando fui al concierto conocía ya tres discos, y cuando compré las entradas anticipadas sólo tenía uno: Kasmodiah. Si el amor a primera vista existe, como aseguran tantos, ¿por qué no enamorarse de la música a primera escuchada? Me gustan tanto su voz (Alexander Veljanov) y sus manos (Ernst Horn), que cualquier cosa que dijese sobre Kasmodiah podría achacarse a que el amor es ciego... sí, lo es, pero no sordo.
Coltan es una contracción de columbita-tantalita, la mayor fuente mineral de tantalio, un metal gris plateado, muy duro, del grupo Vb de la tabla periódica, caracterizado por su alta densidad (16,6 g/cm3), punto de fusión muy elevado (2.696 ºC) y gran resistencia a todos los ácidos, por debajo de 150 ºC, con la excepción del clorhídrico. El tantalio se extrae del coltan, donde se halla mezclado con niobio, y se prepara mediante técnicas de metalurgia de polvos. El uso más importante del tantalio en la actualidad se halla en la producción de condensadores electrolíticos, comúnmente denominados tantálicos, los de mayor capacitancia por unidad de volumen entre los que se fabrican y elementos básicos en la circuitería miniaturizada de la que están repletos los teléfonos móviles y todo tipo de equipos electrónicos portátiles, como este ordenador en el que estoy pretendiendo iniciar esta historia desde mi casa.
Em desperto amb unes ganes intenses de plorar, però, com que avui tinc molta feina, decideixo que ja ploraré més tard. Surto cap a l’oficina i arribo just a temps per la primera reunió del dia. Mentre la directora general llegeix un informe sobre l’augment de costos i la retallada de despeses (o viceversa), dibuixo una falç i un martell en un bloc de notes. A l’estómac encara em belluga una bossa de llàgrimes que, tard o d’hora, hauré de rebentar. Un cop al despatx, collo proveïdors i repasso escandalls. A les dues em poso l’americana i surto ràpidament per no fer tard a la reunió amb la tutora del meu fill. Arribo a l’escola al mateix temps que la meva ex. Durant l’entrevista la tutora es dirigeix més a mi que no pas a ella, i això m’incomoda, encara que potser em fixo en aquest detall perquè no em ve de gust escoltar què ens explica. El nen té problemes, diu. Es distreu molt i mossega les seves companyes, sobretot les -la tutora subratlla l’adjectiu- subsaharianes. Em comprometo a prendre mesures, tot i que sé que, si el règim de visites dictat pel jutge només em permet veure’l un cap de setmana sí i l’altre no, poc que puc fer-hi res. En el moment d’acomiadar-nos, l’ex i jo intentem concretar un dia per parlar-ne amb tranquil·litat, però tots dos tenim pressa i ho enllestim amb un «ja ens trucarem» poc convincent. Malgrat el col·lapse circulatori, arribo a temps a la presentació d’un projecte per a un possible nou client. Exposo estratègies, desplego gràfics i m’escarrasso per enlluernar el gerent de l’empresa candidata a contractar els nostres serveis, que s’enduu, em fa l’efecte, una bona impressió. En acabat, la secretària em demana un consell. Amb un fil de veu autocompassiva, m’explica que té una oferta d’una multinacional i que s’està plantejant si és o no l’oportunitat idònia per canviar d’aires. Com que desitjo el millor per a ella, li recomano que accepti la feina. Quan noto que això la desconcerta, dedueixo que només feia servir aquesta oferta inexistent per aconseguir, a través meu, un augment de sou. Em decep però callo, perquè jo també dec haver-la decebut alguna vegada. Prenc una pastilla vasodilatadora i, abans d’anar-me’n, parlo per telèfon amb la mare («En comptes de venir diumenge, vindré dissabte»), la meva germana («T’he enviat les mostres, però en falta una que encara no els havia arribat»), i la bústia de veu del capità de l’equip de futbol sala de l’empresa («Duré la pilota»). Quan arribo a casa, sopo una llauna de tonyina en escabetx i un iogurt. M’estic una estona arrepapat al sofà, calculant quantes hores falten per al cap de setmana amb el meu fill. Em despullo al dormitori. Davant del mirall, em pessigo els sacsons. Em rento les dents i m’hi passo un fil dental fins a fer-me sang. Assegut al llit, sospeso la possibilitat de masturbar-me. Me n’estic. Després d’un moment de dubte durant el qual em pregunto si em queda res per fer i em responc que no, apago el llum, m’estiro i començo a plorar, amb el cap contra el coixí, per no molestar els veïns.
| ¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre antes de que le llaméis hombre? ¿Cuántos mares debe surcar la blanca paloma antes de dormir sobre la arena? ¿Cuántas veces deben volar las balas de cañón antes de ser prohibidas para siempre? La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento, la respuesta está flotando en el viento. ¿Cuántas veces debe un hombre mirar hacia arriba para poder ver el cielo? ¿Cuántos oídos debe tener un hombre para poder oír a la gente llorar? ¿Cuántas muertes serán necesarias para que comprenda que ya ha habido demasiados muertos? La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento, la respuesta está flotando en el viento. ¿Cuántos años puede permanecer una montaña antes de ser arrastrada al mar? ¿Cuántos años pueden algunas gentes vivir antes de conocer la libertad? ¿Cuántas veces puede un hombre volver la cabeza fingiendo no ver nada? La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento, la respuesta está flotando en el viento. |
El mucho amor a nuestra lengua no nos debe llevar a aborrecer las novedades que con el tiempo se introdujeron en ella para designar con justeza cosas y comportamientos que no gozaban anteriormente de vocablo singular y adecuado. Así ha ocurrido con los que viajan por curiosidad o placer, que llámanse ahora turistas, sin que la consulta de muchas, copiosas y autorizadas fuentes del castizo decir nos haya permitido encontrar palabra en nuestro natural castellano que signifique propia y ajustadamente lo que el nuevo vocablo expresa. Séanos, pues, lícito decir que el turismo o, lo que es igual, la concurrencia cuidadosamente ordenada de viajeros que, conducidos por la curiosidad y el placer, visitan nuestra patria es hoy provechoso e indiscutible caudal de abundantes bienes. (...) Ocurre también el caso insólito que en nuestra ciudad una parte considerable de los vecinos tiran papeles y objetos menudos al suelo, y el Ayuntamiento paga a otros vecinos para que los recojan. De seguir en incremento esta sorprendente conducta pudiera ocurrir que la mitad de los vecinos arrojase papeles y otros objetos a la vía pública y la otra mitad los recogiesen.
El avance en la criogenización de seres vivos permitía a la NASA abordar, por fin, el ansiado viaje hasta el sol, de aproximadamente unos cuarenta y tres años, seis horas, catorce minutos y dieciocho segundos, año más, año menos. El cohete era muy ligero gracias a que prescindía de reservas de combustible, salvo el indispensable para el despegue. Su fuente principal de energía sería la solar de su destino, más algo de combustible nuclear para la estufa. Los dos afortunados astronautas fueron introducidos en las cápsulas criogénicas con la esperanza de que el automatismo los despertase al llegar. La maniobra de despegue y direccionamiento fue realizada por control remoto desde la base de Cabo Cañaveral una cálida tarde de primavera del año 2008.
Aurora nació en España en la segunda mitad del siglo XIX; pertenecía a la clase burguesa, tenía ideas radicalmente feministas y estaba chiflada, pero de esto no se dieron cuenta a tiempo. Decidió crear-criar a la Primera Mujer Libre, se acostó una sola vez con un hombre para conseguirlo y, en efecto, en 1915 parió a Hildegart, a quien educó obsesivamente como quien educa a un animal de circo. Feota y rolliza, a los 14 años Hilde hablaba cuatro idiomas, sabía filosofía y colaboraba en los más importantes periódicos españoles. A los 17 había terminado la carrera de Derecho, estaba estudiando Medicina y era una célebre escritora. A los 18, en 1933, Hilde decidió marcharse a vivir a Londres animada por el famoso escritor H. G. Wells, con quien se carteaba. Tres días antes de su partida, por la noche, mientras dormía, Aurora le pegó cuatro tiros. Mató a la Primera Mujer Libre justamente porque quería liberarse.
| He donat el meu cor a una dona barata. Se’m podria a les mans. Qui l’hauria volgut? En les escombraries una vella sabata fa el mateix goig i sembla un tresor mig perdut. Totes les noies fines que ronden a ma vora no han tingut la virtut de donar-me el consol que dóna una abraçada, puix que l’home no plora pels ulls, plora pel sexe, i és amarg plorar sol. Vull que ho sàpiguen bé les parentes i amigues: Josep Palau no és àngel ni és un infant model. Si tenien de mi una imatge bonica, ara jo els ofereixo una de ben fidel. No vull més ficcions al voltant de la vida. Aquella mascarada ha durat massa temps. Com que us angunieja que us mostri la ferida, per això deixo encara la sabata en els fems. |
En el último cajón de mi cómoda, al fondo, encerradas con llave, hay cuatrocientas cincuenta y tres cartas de mujer. Son cartas de amor, dirigidas a mí, todas de la misma mujer, de una mujer a la que ya no amo desde hace mucho tiempo, a la que no he visto más, que no sé donde está. Son cuatrocientas cincuenta y tres cartas de amor; son todo lo que queda de un gran amor.
Ismael Dalramy perdió las manos en 1996 a consecuencia de dos rápidos hachazos. No recordaba -o no podía recordar- el dolor de los hachazos. Pero sí recordaba cómo le ordenaron a punta de pistola que pusiera las muñecas sobre un tocón en el que chorreaba la sangre de sus vecinos, que se retorcían en el suelo a su alrededor tratando de contener la hemorragia de sus brazos, o se alejaban tambaleantes.
Sí, es simple, es breve, dos letras y una tilde, sí. |
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.