
| Voy a contar un cuento. A la una, a las dos y a las tres: Había una vez. ¿Cómo sigue después? Ya sé, ya sé. Había una casita, una casita que. Me olvidé. Una casita blanca, eso es, donde vivía uno que creo era el Marqués. El Marqués era malo, le pegó con un palo a... No, el Marqués no fue. Me equivoqué. No importa. Sigo. Un día llegó la policía. No, porque no había. Llegó nada más que él, montado en un corcel que andaba muy ligero. Y había un jardinero que era bueno pero. Después pasaba algo que no recuerdo bien. Quizás pasaba el tren. Pero lejos de allí, la Reina en el Palacio jugaba al ta te ti, y dijo varias cosas que no las entendí. Y entonces... Me perdí. Ah, vino la Princesa vestida de organdí. Sí. Vino la Princesa. Seguro que era así. La Reina preguntole, no sé qué preguntó, y la Princesa, triste, le contestó que no. Porque la Princesita quería que el Marqués se casara con ella de una buena vez. No, no, así no era, era al revés. La cuestión es que un día, la Reina que venía dio un paso para atrás. No me acuerdo más. Ah, sí, la Reina dijo: -Hijita, ven acá. Y entonces no sé quién. Mejor que acabe ya. Creo que a mí también me llama mi mamá. |
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.