Estaba Jesús en su tumba cuando, al segundo día, sonó el mandamiento divino. Lentamente le impuso sus manos y dejó de sonar. Entonces, quizá debido a la parte humana de su divinidad, se revolvió perezoso en la mortaja y continuó muerto. Dar la Buena Nueva bien podía esperar un día más....y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.