
Es el amor desinteresado por el prójimo. Que sea desinteresado cae por su propio peso: el prójimo no siempre es interesante.
Como, por definición, el prójimo es cualquiera, la caridad, por principio, es universal. Es lo que la distingue de la amistad, que no se da sin elección ni preferencia (Aristóteles: «No es un amigo el que es amigo de todos»). Uno escoge a sus amigos; nadie escoge a su prójimo. Amar a los propios amigos no significa amar a cualquiera, ni amarlos de cualquier manera: es preferirlos. La caridad sería más bien una
dilección sin
predilección. No hay que confundirla con la filantropía, que es el amor a la humanidad, es decir, a una abstracción. La caridad sólo se refiere a los individuos, en su singularidad, en su concreción y en su fragilidad esencial. Es amar a cualquiera, pero en la medida en que ese cualquiera es alguien; es alegrarse de la existencia del otro, sea lo que sea, pero tal como es.
Lo que nos aparta de ella es el
yo, que sólo sabe amarse a sí mismo (egoísmo) o amar en beneficio propio (concupiscencia). Esto nos indica el camino a seguir. «Amar a un extraño como a uno mismo -escribe Simone Weil- implica como contrapartida: amarse a uno mismo como a un extraño.» Hay razón en decir que
La caridad bien entendida comienza por uno mismo, pero normalmente se entiende al revés. La caridad comienza cuando uno deja, en la medida de lo posible, de
preferirse.

¿Tendrá que ser entonces la caridad entendida más como un impulso esencial que como un acto meditado? A lo mejor.
Por lo pronto, yo me voy queriendo y no por caridad. Por aprendizaje.
dosdedos
(y porque nadie me quiere como yo me quiero... ay, que autoromántica me pongo a veces).
dosdedos
La caridad tanto podría ser esencial como meditada, pero nunca ser interesada. Es más, que sea un acto meditado tendría más mérito, pues uno se obliga a ser caritativo mientras que hay otros a los que no les cuesta nada porque ya lo sienten como impulso esencial.
Encontrar quien nos quiera como queremos que nos quieran significa también dejarse querer como querríamos querer. Parece enrevesado pero el corazón lo sabe.
Amkiel
Las únicas palabras sensatas -bajo mi punto de vista- que ha dicho Sabina han sido a este respecto, y eran:
"Yo nunca he dado ni daré un duro a una persona adulta y aparentemente en buen estado que esté pidiendo, pues pide por holgazanería"
Amén
Alberto
Dar limosna tiene más de lavadero de conciencias que de amor al prójimo. La definición de Comte-Sponville va bastante más allá que esa simple interacción económica, porque la caridad no siempre cuesta dinero, pero siempre cuesta esfuerzo.
Amkiel
Pasaba por aquí... Mi opinión se puede resumir en la opinión de Alberto y Sabina.
Amkiel, ese trabalenguas se parece al famoso "como quieres que te quiera, si el que quiero que me quiera, no me quiere como quiero que me quiera", que cantábamos en el colegio.
Amanda Sue
Hay que ver qué cosas tenéis las niñas: cantar trabalenguas con lo sencillo que es correr detrás de un balón.
Amkiel