
| Orillando la alfombra -roja toda de un golpe- Los pulcros cuadrilongos de las mesitas Dan la vuelta a la sala como una guarda griega. Alrededor del piano se amontonan los músicos; Y los mozos, de smoking y delantal, Cruzan la alfombra como diagonales mal hechas. Hombres y mujeres los de todas las noches; Ellos, lampiños y empolvados, peinados hacia atrás; Ellas, pintadas siempre igual. Ante una mesa, y sola, está una mujer; Es una mujer rara, que no baila con nadie. Hace dos o tres noches que la veo En la misma actitud y en el mismo lugar Como si allí estuviera desde el día anterior. Hace dos o tres noches que la veo Con su copa y su tristeza Tomando sorbos de silencio. Es linda, linda, pero como no me mira Me da un poco de rabia que sea tan linda. Yo me quedo observándola; Tomo un trago, otro trago, tomo toda la copa Y digo para mis adentros: ¡Cómo me gusta esa mujer! Pasan delante mío Dos que se van, alegres por haberse encontrado. (En el cabaret sucede siempre eso: Los hastiados se quedan, los alegres se van). Un tango ocupa la sala Con su alegría triste Como un champán sin espuma Y las parejas bailan, bailan, Con los sexos despiertos y las bocas cerradas, Respirándose mutuamente Por las aletas de la nariz. Yo no quiero bailar; Aún no la conozco y ya le soy fiel. Yo no puedo bailar, no puedo hacer nada, Y fumo hasta rodearme de colillas Como de una guardia. Tengo ganas de irme y de quedarme Yo no sé; estoy atado como a dos argollas A los ojos de esa mujer. |
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.