
| Cada enero ponía mi calzado cabrero a la ventana fría. Nunca tuve zapatos, ni trajes, ni palabras: siempre tuve regatos, siempre penas y cabras. Por el cinco de enero, para el seis, yo quería que fuera el mundo entero una juguetería. Ningún rey coronado tuvo pie, tuvo gana para ver el calzado de mi pobre ventana. Por el cinco de enero, de la majada mía mi calzado cabrero a la escarcha salía. Y hacia el seis, mis miradas hallaban en sus puertas mis abarcas heladas, mis abarcas vacías. |
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.