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Antes de cerrar la mochila busqué un libro manejable para mi vuelo hasta Sevilla. En la estantería de pendientes estaba La carretera, de Cormac McCarthy, ganadora del premio Pulitzer 2007. Esperaba encontrar doscientas páginas de buena compañía y, ciertamente, la encontré de la mano de un padre y su hijo, sólo dos pero todo un mundo (especialmente teniendo en cuenta que eran de los pocos supervivientes tras un cataclismo). En esta historia donde el suelo está cubierto de ceniza, los árboles calcinados, el cielo es gris y la nieve está sucia, los dos protagonistas luchan por no perder el color y calor humano que, como una llama de cálido fuego, perdura entre los “buenos”. Para todos aquellos que andan perdidos les recomiendo que sigan La carretera hacia el sur.
| Todavía tengo casi todos mis dientes casi todos mis cabellos y poquísimas canas puedo hacer y deshacer el amor trepar una escalera de dos en dos y correr cuarenta metros detrás del ómnibus o sea que no debería sentirme viejo pero el grave problema es que antes no me fijaba en estos detalles. |
Algunas imágenes, sean del cine, la fotografía o la vida -aquello a lo que asistimos-, permanecen en nuestra retina y son una parte importante de nuestros procesos asociativos, con frecuencia involuntarios. A mí, cuando leo en la prensa sobre el asesinato o el homicidio de una mujer a manos de su marido o novio o cortejador, o de quienes lo fueron y se niegan a dejar de serlo, se me aparece a menudo la imagen de la actriz Shelley Winters, sin duda porque le tocó interpretar ese papel de víctima al menos tres veces, o en tres películas memorables [“Lolita” de Kubrick, “Un lugar en el sol” de George Stevens y “La noche del cazador” de Charles Laughton]. Pero la asociación se produce también por un detalle: uno de los más llamativos y recurrentes en los casos de violencia doméstica o semiconyugal contra las mujeres es que -leemos- éstas rara vez luchan contra sus agresores, ni siquiera cuando las están matando. Tratan de huir o se cubren con las manos inútilmente, piden auxilio o en ocasiones imploran, pero casi nunca pelean ni tratan de devolver los golpes. La explicación más obvia -saben que ante la superior fuerza física de un varón tienen poco que hacer, o la batalla siempre perdida- no resulta muy convincente, porque aun así, aun sabiéndose que no hay esperanza para el más débil en lo que antiguamente se llamaba “desigual pelea”, el instinto de supervivencia lleva por lo general a cualquiera a defenderse con uñas y dientes. Y nunca mejor dicha esta expresión coloquial y tantas veces metafórica, porque muchas mujeres disponen tan sólo de eso, de sus uñas y sus dientes.
Iba mirando el periódico que acababa de comprar y por eso no advirtió su presencia hasta que casi chocó contra ella.
¿Qué es mejor, la felicidad eterna o un bocadillo de jamón? Podría parecer que la felicidad eterna es mejor, ¡pero esto no es realmente así! Después de todo, nada es mejor que la felicidad eterna, y un bocadillo de jamón es ciertamente mejor que nada. Por lo tanto un bocadillo de jamón es mejor que la felicidad eterna.
| Señor compañero, Señor de la noche, haz que vuelva su rostro quien no quiso mirarme. Que sus ojos me busquen sostenidos y azules por detrás de la barra. Que pregunte mi nombre y se acerque despacio a pedirme tabaco. Si prefiere quedarse, haz que todos se vayan y este bar se despueble para dejarnos solos con la canción más lenta. Si decide marcharse, que la luna disponga su luz en nuestro beso y que las calles sepan también dejarnos solos. Señor compañero, Señor de la noche, haz que no cante el gallo sobre los edificios, que se retrase el día y que duren tus sombras el tiempo necesario. El tiempo que ella tarde en decidirse. |
Su autobiografía fue un éxito rotundo, más que cualquiera de sus novelas. Todos estaban asombrados ante esa vida tan intensa que el autor relataba sin el menor recato. La crítica opinó que era su mejor obra, además de insinuar que más le hubiera valido dedicarse desde el principio a las biografías y los estudios históricos. Opinaban que, visto lo visto, lo suyo no era la ficción. Sin embargo, nadie daba la menor importancia al hecho de que en la autobiografía apareciese relatada la muerte y el entierro del autor.
Os habrá sucedido que os despertáis por la mañana con una sensación dulcísima. De inmediato pensamos que este bienestar responde a un sueño hermosísimo. Tratamos de recordarlo y prolongar este placer, pero no lo logramos. Por muy hábiles que seáis en recuperar el recuerdo de los sueños, no conseguiréis recordar éste. Simplemente porque no hay ningún sueño. Lo que ha pasado es que por casualidad habéis estado más tiempo de lo habitual suspendidos entre el sueño y la vigilia: aún no despiertos, ya no dormidos.
| Éste era zapatero, éste hacía barriles, y aquél servía de mozo en un hotel de puerto... Todos han dicho lo que eran antes de ser soldados; ¿y yo? ¿Yo qué sería que ya no lo recuerdo? ¿Poeta? ¡No! Decirlo me daría vergüenza. |
Des de ben aviat, a set o vuit anys, mostro signes d’idiotisme profund. Amb una llima, serro els barrots del bressol i visito les vuitanta-set biblioteques públiques de la Xarxa d’Equipaments Associats d’Art, Societat i Cultura. Llegeixo la Crítica de la raó pura i, tot seguit, la Crítica de la raó pràctica. L’obra completa de Dostoievski, Manganelli, Flaubert, Hamsun, Nietzsche, La Rochefoucauld i alguna cosa de Cioran. També la Fenomenologia de l’esperit i El món com a voluntat i representació. Buffon, Papini i Pepys vénen després, i Thomas Bernhard de tant en tant, només per despistar als vigilants.
PREÁMBULO
| Sólo una vez tú y yo estuvimos juntos, luego el tiempo y la muerte se afanaron en abrir una brecha entre los dos. Sólo una vez unidos. Sale el sol y se pone cada día y el fruto se renueva con cada primavera, mas jamás vuelve a unirse aquello que separa la muerte. Que la eternidad, pues, nos mantenga a los dos en la dulce esperanza de un reencuentro más allá del tiempo, puesto que nos quedó el hambre de estar juntos. |
En una ciudad en donde las cosas erradas se pagaban caras, el rey dictaminó que una persona debía ser ejecutada. Y para ello, decidió ahorcarlo. Para darle un poco más de sabor, colocaron en dos plataformas dos horcas. A una la llamaron «el altar de la verdad» y a la otra, «el altar de la mentira».
Teniendo conciencia de que la ciencia y en particular sus resultados pueden ocasionar perjuicios a la sociedad y al ser humano cuando se encuentran ausentes los controles éticos, ¿juráis que la investigación científica y tecnológica que desarrollaréis será para beneficio de la humanidad y a favor de la paz, que os comprometéis firmemente a que vuestra capacidad como científicos nunca servirá a fines que lesionen la dignidad humana guiándoos por vuestras convicciones y creencias personales, asentadas en auténtico conocimiento de las situaciones que os rodean y de las posibles consecuencias de los resultados que puedan derivarse de vuestra labor, no anteponiendo la remuneración o el prestigio, ni subordinándolos a los intereses de empleadores o dirigentes políticos?
| A la sirvienta, tan buena, de la que eras celosa, y que bajo hierba humilde duerme su último sueño, debiéramos llevarle unas flores. Los muertos, los pobres muertos, mucho sufren, y al soplar Octubre, podador de árboles ya caducos, con su viento melancólico entorno a sus mármoles, seguro que juzgan ingratos a los vivientes, los ven dormir en el calor de las mantas, mientras ellos, devorados por sombríos sueños, sin compañero de lecho y sin grata plática, ya esqueletos transidos que comen los gusanos, sienten cómo gotean las nieves del invierno, y también cómo fluye el siglo sin que nadie, amigos o familia, cambie los jirones que de sus rejas cuelgan. Si al chisporrotear la leña en las noches suaves la viese en su butacona sentarse, y si en una noche de diciembre, azul y fría, la viera acurrucada en un rincón de mi cuarto, allí, seria y acercándose desde su lecho eterno a proteger con su mirada materna al hijo ya hombre, ¿qué respondería yo a alma tan piadosa al ver caer lágrimas de sus vacías órbitas? |
La obra de teatro 2666, dirigida por Àlex Rigola, está basada en la novela homónima de Roberto Bolaño. La novela gira en torno a los crímenes de Ciudad Juárez, transmutada en la ficticia ciudad de Santa Teresa. Ésta es la forma más cómoda de comenzar la crítica: primero planteo un hecho para, luego, dar una interpretación personal del mismo. Es decir, lo normal, ¿lo normal? Casi todo lo que consideramos hechos lo son bajo el prisma de nuestra visión personal que, para permitir su conocimiento, los antecede. En fin, que esto es una crítica teatral, creo, y no un grito de impotencia, tal vez.| Adriana Martínez Martínez Adriana Saucedo Juárez Adriana Torres Márquez Aída Carrillo Alejandra Viescas Castro Alicia Herrera Alma García Alma Mireya Chavira (o Chavarría) Fávila Alma P. o Leticia Palafox Z. Amalia Saucedo Díaz de León Amelia Lucio Borja Amparo Guzmán Caixba Ana Gil Bravo Ana Hipólito Campos Ana Ma. Gardea Villalobos Apolonia Fierro P. Araceli Gómez Martínez Araceli Lozano Bolaños Araceli R. Martínez Montañés Aracely Esmeralda Martínez Aracely Gallardo Rodríguez Aracely Manríquez Gómez Aracely Núñez Santos Argelia Irene Salazar Crispín Bárbara Araceli Martínez Ramos Bertha Luz Briones Blanca Estela Velázquez Valenzuela Blanca Yadira Nuñez Brenda Alfaro Luna Brenda Berenice Delgado Rodríguez Brenda Herrera Brenda Lizeth Nájera Flores Brenda Patricia Méndez Vásquez Brisa Narváez Santos Carolina Carrera Cecilia Covarrubias Aguilar Cecilia Sáenz Parra Celia Guadalupe Gómez de la Cruz Cynthia Rocío Acosta Alvarado Clara Hernández Martínez Clara Zapata Zepeda Álvarez Claudia Ivette González Claudia Ramos López Cristina Quezada Mauricio Cynthia Portillo de González Dalia Maribel Prieto Deisy Salcido Rueda Domitila Trujillo Posadas Donna Maurine Striplin Boggs Dora Alicia Martínez Mendoza Elba Reséndiz Rodríguez Elba Verónica Olivas Elena García Alvarado Elena Salcido Meraz Elsa Rivera Rodríguez Elizabeth Castro García Elizabeth Flores Sánchez Elizabeth Gómez Elizabeth Martínez Rodríguez Elizabeth Ramos Elizabeth Robles Gómez Elizabeth Soto Flores Elodia Payán Núñez Elsa América Arrequín Mendoza Elva Hernández Martínez Elvira Carrillo de la Fuente Emilia García Hernández Eréndira Buendía Muñoz Eréndira Ivonne Ponce Hernández Erica García Moreno Erika Ivonne Ruiz Zavala Erika Pérez Esmeralda Juárez Alarcón Esmeralda Leyva Rodríguez Esmeralda Urías Sáenz Estefanía Corral González Eugenia Martínez Poo Fabiola Zamudio Fátima Vanessa Flores Díaz Flor Idali |
Dado que el universo no tiene estructura, que el hombre no es sino un accidente de la materia, que el mundo es perecedero y el alma mortal; dado que ninguna inteligencia, ninguna finalidad, sino sólo la causalidad ciega y el azar presiden todas las creaciones de la naturaleza, que los más grandes males que asolan el mundo y al hombre no son sino accidentes que nadie quiere y que nada significan; dado que no hay ni justicia, ni moral, ni derechos, ni otros deberes que los que resultan del pacto social de no agresión; dado que la historia, al menos en tanto que algo que sucede, carece de sentido; en fin, dado que el placer no puede incrementarse de forma indefinida (de modo que todos los esfuerzos de la civilización por aumentar los bienes y los placeres de nada sirven pues no pueden aumentar la capacidad humana de la alegría), el sabio, que, sabiendo todo eso se ha librado de las ilusiones que producen los temores vanos y los falsos deseos, puede, consciente y con el espíritu en paz, experimentar la alegría pura y, sin ser eterno, vivir en la eternidad como un dios.
Fue por los ocres tiempos del otoño cuando veía desde mi lecho de enfermo las hojas de los árboles cambiar de color, y te pregunté:
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.