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Libro III, cuento IV |Panchatantra|


20070630115500-libro-iii-cuento-iv.jpgEn cierta región de un bosque vivía un león llamado Kharanakhara que corriendo un día hambriento por todas partes no pudo cazar ninguna bestia. A eso de la puesta del sol, llegó a una gran cueva, entró en ella y pensó: «Seguramente que algún animal vendrá a pasar la noche en esta cueva; de modo que me voy a quedar aquí escondido». Estando allí en tal situación, llegó el dueño de la cueva, que era un chacal llamado Adhipuchchha, el cual miró y vio las huellas del pie de un león que había entrado y no salido de la cueva. Entonces pensó: «¡Ah!, perdido estoy; seguramente que aquí dentro hay un león. ¿Qué hago? ¿Cómo he de huir?». Pensando así y sin moverse de la puerta empezó a gritar:
 
-¡Eh, caverna, ce! -Dicho esto, añadió de nuevo-: Ce, ¿ignoras que tienes un pacto conmigo, según el cual yo te he de hablar al venir de fuera y tú me has de responder? Si no me respondes, pues, me voy a otra gruta.
 
El león al oír esto pensó: «Sin duda que caverna invita a éste siempre que viene y hoy se calla por temor a mí. Pues se ha dicho esto:
 
Cuando el miedo oprime el corazón, quedan sin poder obrar las manos, los pies, la lengua y demás; el temblor es el único que domina.
 
» Voy, pues, a llamarle yo para que entre y me sirva de comida». Habiéndolo pensado así, le llamó. El rugido del león llenó todo el ámbito de la caverna, retumbando en ella cien veces; de tal modo, que puso en fuga hasta las bestias que estaban lejos. El chacal huyó enseguida a todo correr y recitó esta zloka:
 
Quien procede con cautela vive feliz, y no vive el que obra sin discernimiento. Yo me he hecho viejo viviendo en el bosque, y nunca he oído que una cueva hable.
  • Tema: C U E N T O S
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  • 02/07/2007 19:33
  • · dixit XVI ·


    La muerte es la culpable de que estemos vivos. No es algo que nos espera al final del camino (además de que por muy tarde que llegue siempre será demasiado pronto) sino que camina a nuestro lado, guiándonos de vuelta a casa, “su” casa. Está aquí y ahora, en lo que comemos y en lo que nos rodea. Y sólo mientras generemos muerte a cada paso, ella nos respetará.
  • Tema: c u a d e r n o
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  • 03/07/2007 21:19
  • La casada infiel |Federico García Lorca|


    20070630120530-la-casada-infiel.jpg
    Y que yo me la llevé al río
    creyendo que era mozuela,
    pero tenía marido.
    Fue la noche de Santiago
    y casi por compromiso.
    Se apagaron los faroles
    y se encendieron los grillos.
    En las últimas esquinas
    toqué sus pechos dormidos,
    y se me abrieron de pronto
    como ramos de jacintos.
    El almidón de su enagua
    me sonaba en el oído,
    como una pieza de seda
    rasgada por diez cuchillos.
    Sin luz de plata en sus copas
    los árboles han crecido,
    y un horizonte de perros
    ladra muy lejos del río.
     
    ---
     
    Pasadas las zarzamoras,
    los juncos y los espinos,
    bajo su mata de pelo
    hice un hoyo sobre el limo.
    Yo me quité la corbata.
    Ella se quitó el vestido.
    Yo el cinturón con revólver.
    Ella sus cuatro corpiños.
    Ni nardos ni caracolas
    tienen el cutis tan fino,
    ni los cristales con luna
    relumbran con ese brillo.
    Sus muslos se me escapaban
    como peces sorprendidos,
    la mitad llenos de lumbre,
    la mitad llenos de frío.
    Aquella noche corrí
    el mejor de los caminos,
    montado en potra de nácar
    sin bridas y sin estribos.
    No quiero decir, por hombre,
    las cosas que ella me dijo.
    La luz del entendimiento
    me hace ser muy comedido.
    Sucia de besos y arena,
    yo me la llevé del río.
    Con el aire se batían
    las espadas de los lirios.
     
    Me porté como quien soy.
    Como un gitano legítimo.
    La regalé un costurero
    grande de raso pajizo,
    y no quise enamorarme
    porque teniendo marido
    me dijo que era mozuela
    cuando la llevaba al río.
  • Tema: P O E M A S
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  • 03/07/2007 21:20
  • El hombre en nuestra situación |Leonardo Polo| [fragmento]


    20070704201211-el-hombre-en-nuestra-situacion.jpgVivir a base de afectos, de mis sentimientos, de agrados, de desagrados, buscando tal tipo de placer, huyendo de tal tipo de dolor, es encontrarse con una dotación muy precaria.
     
    Precaria: porque si ha fracasado el pensamiento, si ha fracasado la voluntad, ¿cómo se puede pretender que medre la afectividad? La afectividad aislada es muchísimo menos de fiar que las dos facultades humanas mencionadas; es más una pasividad que algún tipo de fuerza.
     
    La afectividad, cuando se enfrenta con la tecnificación como precipitado pragmático formal envolvente, recibe toda clase de heridas. Se percibe enseguida la dificultad del ajuste afectivo con esos entramados, con esas redes articuladas mecánicamente, técnicamente.
     
    La afectividad se encuentra de entrada a disgusto en los procesos automáticos -ellos funcionan por su cuenta y naturalmente, la afectividad no se adapta bien; al revés, se encuentra más bien forzada por ellos-, y, por lo tanto, la primera reacción afectiva es rehuir.
     
    Pero este movimiento de retracción es doblemente peligroso. En la misma medida en que una afectividad se encuentra herida, vulnerada, “traumatizada” -si vale este término del que tanto se abusa- no sirve para nada normal.
     
    Ahora bien, si eso es lo que pasa, encarar el futuro a base de la instancia afectiva es imposible. Cuando se intenta vivir desde la afectividad y ocurre de inmediato que la afectividad se retrae al chocar con la rigidez de la realidad, el resultado es la desorganización. Paradójicamente, en un mundo recargado de organización instrumental, el hombre afectivo se disuelve, va a la deriva.
     
    (...)
     
    La afectividad, si se “traumatiza”, se retira, pero si intenta tomar la mano y se lanza a una actividad de tipo frenético, al final decae. Entonces llega a notar que necesita un aprovisionamiento de energía supletoria. En ese momento acude al estimulante, a la droga, a toda esa serie de procedimientos mediante los que se pretende devolver algún tipo de energía a la afectividad inexorablemente agotada en la misma medida en que se abusa de ella.
  • Tema: R A Z O N E S
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  • 04/07/2007 20:11
  • Valverde, 20 |Antonio Gala| [poema nº 3]


    20070705213204-valverde-20.jpg
    Ahora ya sé que no vendrás, pues marzo
    pasea su vacilante noche por las plazas,
    y la ropa puesta a secar es toda negra,
    y una campana agujerea las horas.
    Ahora ya sé que no vendrás
    a sorprender el aire con flores de granado,
    ni a soltar los azules enjambres de la luna.
     
    Me duelen de esperarte el balcón y los ojos;
    pero tú estás más lejos cada día,
    más hecho a cada instante de música y recuerdo.
    De esperarte, no sé ya ni quién eres:
    un hombro, el hombro y la mano imposible,
    los labios donde todo empieza y se concluye...
     
    Te busco en los días lluviosos
    por debajo de los paraguas,
    apoyado en la pared bajo las marquesinas
    de las tiendas de modas.
    Te busco en las terrazas de los bares,
    agotado y de vuelta,
    con una sonrisa minúscula al acecho.
    Te busco, con la piel y con la boca,
    en las paradas de los autobuses
    y en las salas de fiesta
    por si, equivocadamente y a deshora, pasaste.
    Te busco y estoy solo -solo, solo-
    cuando la tarde abate sus alisos
    y libera las solemnes palomas cenicientas,
    frente al Convento de las Mercedarias,
    cerca de los agrios tejados y de las chimeneas,
    cerca de las veletas y la pena
    trasnochadora. Te busco y estoy solo
    cuando la primavera, de puntillas,
    se yergue como una écuyère por las barandas,
    y en el insomne pinsapo de la noche
    naufragan los calientes y secretos navíos.
     
    Te espero, pero ya no te espero,
    entre Madrid desnudo y las calles desnudas.
    Con el amor desnudo, estoy sin ti y te espero,
    pero ya no te espero...
    Cierro los ojos y te reconozco;
    cierro la voz y está gimiendo;
    cierro mi corazón, y siento que me mata
    la enfermedad mortal de la esperanza
    de la que no me acabo de morir.
  • Tema: P O E M A S
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  • 05/07/2007 21:25
  • · Tanto ·


    20070627165735-tanto.jpgPrimero fue un picor en el dedo gordo del pie derecho, después una rojez en el talón del mismo pie. “Alguna infección de la piscina, seguro”, pensaba. Pero esta mañana al levantarme no pude moverme del borde de la cama. Miré hacia abajo y sentí un escalofrío al ver mis pies convertidos en nudosas raíces que horadaban la alfombra y el suelo de parquet de mi habitación. ¿Qué iba a hacer yo? El teléfono estaba en la otra habitación y comenzar a gritar me resultaba sumamente vergonzoso. Así que procuré desasirme por mis propios medios... en vano, estaba firmemente anclado al suelo. El caso es que sentía un extraño placer en esta situación pues notaba cómo a través de mis piernas fluían las historias que sucedían en mi edificio, en la ciudad, en el mundo entero. Entonces me estiré como pude hasta alcanzar el escritorio y tomé el ordenador portátil. Una vez en mi regazo empecé a escribir esto que lees. ¡Tengo tantas ganas de contaros las historias que se van agolpando en mi cabeza! antes de que mis dedos se agarroten definitivamente, antes de que mi pelo se torne verdes hojas y mis ojos miren permanentemente al infinito. Son tantas las cosas que quiero cont a  r   t    a     n      t       a        s         c          o           s            a             s              t               a                n                 t                  a                   s
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  • 06/07/2007 20:36
  • EPITAFIOS. La voz de los cementerios |Javier Rodríguez Coria| [extracto]


    20070707210509-epitafios.jpg

    [En la tumba de un escritor]
     
    AQUÍ YACE UNO QUE FUE FIELMENTE DEVOTO DEL ARTE Y EL HONOR.
    NO FUE GRAN COSA EN LA VIDA, Y AHORA NO ES ABSOLUTAMENTE NADA.
     
    ---
     
    A LA MEMORIA DE MI QUERIDÍSIMA MADRE
    FALLECIDA EL 8-7-42 A LA EDAD DE 26 AÑOS Y QUE POR FALTA
    DE MEDIOS ECONÓMICOS Y DE CONCIENCIA SOCIAL,
    FUE ENTERRADA DEPLORABLEMENTE EN ESTE LUGAR.
    TAMBIÉN DESEO RENDIR OFRENDA A LA MEMORIA DE TODAS AQUELLAS PERSONAS
    QUE POR SU CONDICIÓN DE HUMILDES, RELIGIÓN O IDEALES POLÍTICOS, HAN SIDO
    SEPULTADOS A TRAVÉS DE LOS AÑOS EN ESTE RECINTO TRISTE Y OLVIDADO.
     
    MIS LÁGRIMAS, MI DOLOR, MI ODIO Y LA OSCURIDAD NO ME DEJARON VER LA LUZ
    DEL LUGAR DONDE ESTÁS. HOY, AFORTUNADAMENTE, DESPUÉS DE MIS CONFUSIONES
    TE ENCONTRÉ Y MI LUZ, AUNQUE GRIS, TIENE YA UN COLOR. LA MUERTE ES LA ÚNICA
    CONDICIÓN HUMANA QUE NOS IGUALA. AUNQUE LOS VIVOS CONTINUAMOS
    PERSISTIENDO EN NUESTRAS DIFERENCIAS. QUE DIOS TE TENGA EN SU GLORIA.
     
    TU HIJO SIEMPRE TE LLORÓ.
     
    ---
     
    [En la tumba de una niña]
     
    UN ÁNGEL MÁS EN EL CIELO
    Y UNO MENOS EN LA TIERRA.
     
    ---
     
    [En la tumba de un niño de once meses]
     
    ERAS ÁNGEL DE HERMOSURA
    Y DE TUS PADRES CONSUELO.
    DIOS
    POR TENERTE MÁS SEGURO
    TE HA COLOCADO EN EL CIELO.
     
    ---
     
    AQUÍ YACE POLVO, CENIZA, NADA.
     
    ---
     
    [En un cementerio civil]
     
    NO QUIERO, CUANDO ME MUERA, NADA CON EL OTRO MUNDO:
    QUIERO QUEDARME EN LA TIERRA. QUEDARME SOLO EN LA TIERRA.
    SIN PARAÍSO NI INFIERNO NI PURGATORIO SIQUIERA. QUEDARME COMO SE QUEDAN
    SOBRE EL SUELO HUMEDECIDO DEL BOSQUE, LAS HOJAS MUERTAS.
     
    ---
     
    SE PUEDE PERDER AL SOÑADOR, PERO NO EL SUEÑO.
     
    ---
     
    EN ESTE LUGAR REPOSAN LOS RESTOS DE UN SER QUE POSEYÓ LA BELLEZA SIN LA VANIDAD,
    LA FUERZA SIN LA INSOLENCIA, EL VALOR SIN LA FEROCIDAD Y TODAS LAS VIRTUDES DEL HOMBRE
    SIN SUS VICIOS. ESTE ELOGIO QUE CONSISTIRÍA UNA ABSURDA LISONJA SI ESTUVIERA ESCRITO
    SOBRE CENIZAS HUMANAS, NO ES MÁS QUE UN JUSTO TRIBUTO A LA MEMORIA DE FITZ.
     
    UN TECKEL NACIDO EL 10 DE SEPTIEMBRE DE 1970
    Y MUERTO EN BARCELONA EL 23 DE FEBRERO DE 1984.
    TU FAMILIA QUE NO TE OLVIDA.

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  • 07/07/2007 21:05
  • El cuento |Quim Monzó|


    20070630114026-el-cuento.jpgA media tarde el hombre se sienta ante su escritorio, coge una hoja de papel en blanco, la pone en la máquina y empieza a escribir. La frase inicial sale enseguida. La segunda también. Entre la segunda y la tercera hay unos segundos de duda.
     
    Llena una página, saca la hoja del carro de la máquina y la deja a un lado, con la cara en blanco hacia arriba. A esta primera hoja agrega otra, y luego otra. De vez en cuando relee lo que ha escrito, tacha palabras, cambia el orden dentro de las frases, elimina párrafos, tira hojas enteras a la papelera. De golpe retira la máquina, coge la pila de hojas escritas, la vuelve del derecho y con un bolígrafo tacha, cambia, añade, suprime. Coloca la pila de hojas corregidas a la derecha, vuelve a acercarse la máquina y reescribe la historia de principio a fin. Una vez ha acabado, vuelve a corregirla a mano y a reescribirla a máquina. Ya entrada la noche la relee por enésima vez. Es un cuento. Le gusta mucho. Tanto, que llora de alegría. Es feliz. Tal vez sea el mejor cuento que ha escrito nunca. Le parece casi perfecto. Casi, porque le falta el título. Cuando encuentre el título adecuado será un cuento inmejorable. Medita qué título ponerle. Se le ocurre uno. Lo escribe en una hoja, a ver qué le parece. No acaba de funcionar. Bien mirado, no funciona en absoluto. Lo tacha. Piensa otro. Cuando lo relee también lo tacha.
     
    Todos los títulos que se le ocurren le destrozan el cuento: o son obvios o hacen caer la historia en un surrealismo que rompe la sencillez. O bien son insensateces que lo echan a perder. Por un momento piensa en ponerle Sin título, pero eso lo estropea todavía más. Piensa también en la posibilidad de realmente no ponerle título, y dejar en blanco el espacio que se le reserva. Pero esta solución es la peor de todas: tal vez haya algún cuento que no necesite título, pero no es éste; éste necesita uno muy preciso: el título que, de cuento casi perfecto, lo convertiría en un cuento perfecto del todo: el mejor que haya escrito nunca.
     
    Al amanecer se da por vencido: no hay ningún título suficientemente perfecto para ese cuento tan perfecto que ningún título es lo bastante bueno para él, lo cual impide que sea perfecto del todo. Resignado (y sabiendo que no puede hacer otra cosa), coge las hojas donde ha escrito el cuento, las rompe por la mitad y rompe esta mitad por la mitad; y así sucesivamente hasta hacerlo añicos.
  • Tema: C U E N T O S
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  • 08/07/2007 20:22
  • Me sobra el corazón |Miguel Hernández|


    20070630105313-me-sobra-el-corazon.jpg
    Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,
    hoy estoy para penas solamente,
    hoy no tengo amistad,
    hoy sólo tengo ansias
    de arrancarme de cuajo el corazón
    y ponerlo debajo de un zapato.
     
    Hoy reverdece aquella espina seca,
    hoy es día de llantos en mi reino,
    hoy descarga en mi pecho el desaliento
    plomo desalentado.
     
    No puedo con mi estrella.
    Y me busco la muerte por las manos
    mirando con cariño las navajas,
    y recuerdo aquel hacha compañera,
    y pienso en los más altos campanarios
    para un salto mortal serenamente.
     
    Si no fuera ¿por qué?... no sé por qué,
    mi corazón escribiría una postrera carta,
    una carta que llevo allí metida,
    haría un tintero de mi corazón,
    una fuente de sílabas, de adioses y regalos,
    y ahí te quedas, al mundo le diría.
     
    Yo nací en mala luna.
    Tengo la pena de una sola pena
    que vale más que toda la alegría.
     
    Un amor me ha dejado con los brazos caídos
    y no puedo tenderlos hacia más.
    ¿No veis mi boca qué desengañada,
    qué inconformes mis ojos?
     
    Cuanto más me contemplo más me aflijo:
    cortar este dolor ¿con qué tijeras?
     
    Ayer, mañana, hoy
    padeciendo por todo
    mi corazón, pecera melancólica,
    penal de ruiseñores moribundos.
     
    Me sobra corazón.
     
    Hoy descorazonarme,
    yo el más corazonado de los hombres,
    y por el más, también el más amargo.
     
    No sé por qué, no sé por qué ni cómo
    me perdono la vida cada día.
  • Tema: P O E M A S
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  • 09/07/2007 21:05
  • De asesinos y caníbales |[narrado por] Federico Marín Bellón|


    20070630112438-de-asesinos-y-canibales.jpgDeterminada empresa contrató hace tiempo a un grupo de caníbales. Todo iba bien hasta que uno de los jefazos descubrió que faltaba una secretaria. Cuentan las malas lenguas que el tipo preguntó indignado a los nuevos trabajadores si eran responsables del suceso. Los caníbales juraron por sus muertos que ellos no habían sido, pero en cuanto se fue el gerifalte, sin tenerlas todas consigo, el líder del grupo los puso firmes: «A mí no me engañáis con vuestras historias», dicen que dijo. «Llevamos meses comiéndonos directivos y nadie se había dado cuenta. ¿Quién ha sido el idiota que se ha zampado a la secretaria?».
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  • 10/07/2007 20:54
  • El agobiante reloj de cuarzo |Jean-Louis Servan-Schreiber|


    20070710204139-el-agobiante-reloj-de-cuarzo.jpg¿Os habéis preguntado alguna vez por qué la moda de los relojes digitales, en los que las cifras aparecen directamente en la esfera, no ha cuajado? No sólo porque esas cifras son feas, sino porque son agobiantes.
     
    Los relojes, que se llevan desde hace trescientos años, jamás fueron tan amenazadores. Las agujas hacen girar el tiempo en la esfera lo mismo que un domador hace girar a su caballo sujeto por la soga. En esta circunstancia de los minutos y de las horas, la duración da la impresión de repetirse, como si fuera inmutable.
     
    Los primeros relojes de cifras, luminosas o no, aparecieron en la década de los años sesenta. Marcaban las horas y los minutos en planos fijos, lo mismo que los relojes de aeropuerto. No hay más cambio que el puntual de la última de las cuatro cifras una vez por minuto. El tiempo da la impresión de cambiar menos que en una esfera redonda.
     
    Pero en los relojes digitales de cuarzo, de una precisión enorme, todo se halla acelerado. A la vista de sus seis cifras -dos para las horas, dos para los minutos y dos para los segundos-, el tiempo huye ante nosotros ojos a toda marcha. Cada segundo empuja al precedente hacia la nada y con él a nosotros. Ahora el tiempo, en nuestra muñeca, ya no gira en redondo, se desmenuza.
     
    El crítico Jean-Louis Bory, que llevaba en la muñeca este artilugio de último grito, poco antes de su suicidio decía a un amigo: «¿Ves este reloj? ¡Es mi muerte!». Para él, la ilusión reconfortante de un tiempo circular se había esfumado. El implacable tiempo lineal le había agarrado por la muñeca.
     
    Los relojes digitales, excepto para medir los éxitos deportivos, en segundos o minutos, son demasiado metafísicos para nuestra tranquilidad moral. ¿Quién tiene ganas de que algo o alguien le esté recordando constantemente que el tiempo en su vida se escapa a toda prisa?
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  • 10/07/2007 20:56
  • Tú eres la tumba donde el amor muerto ha de vivir... |Martin Amis|


    20070630122116-tu-eres-la-tumba-donde-el-amor-muerto-ha-de-vivir.jpg
    Tú eres la tumba donde el amor muerto ha de vivir
    colgado entre trofeos de mis amores pasados
    que a ti han entregado todas sus partes de mí
    para que lo de muchos sólo tú puedas guardarlo.
    Sus imágenes amadas yo en ti las veo,
    y tú -todas ellas- me tienes a mí entero.
  • Tema: P O E M A S
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  • 11/07/2007 21:02
  • · Encuentros desfasados ·


    20070711205843-encuentros-desfasados.jpgEn el desierto de Oklahoma aterrizó un platillo volante pues estas cosas siempre suceden en USA. La pericia de los alienígenas era notable pues apenas levantaron polvo cuando las tres patas articuladas tomaron contacto con el árido suelo. El ruido de los motores era un siseo apenas perceptible que únicamente se notó al detenerse por completo, al igual que sólo notamos el rumor del aire acondicionado de la oficina cuando lo paran. Sin embargo, nadie había allí para relatar estos hechos ni nadie para dar la correspondiente bienvenida a visitantes tan insignes, si de tales se trataba pues hasta abrir la puerta no podemos decir con propiedad quién tocó el timbre. Entre tanto comentario se abrió una portezuela en la panza del aparato que fiel a su nombre tenía forma de plato, aunque sea osado en estos días tal afirmación pues cada vez se ven más vajillas con platos cuadrados, octogonales o rectangulares, sin contar con los pobres más pobres que ni plato tienen y por eso son los únicos que saben que los platillos volantes no existen y el hambre sí. Por la escalerilla que quedó al descubierto descendieron tres seres de color verde con orejas y narices trompetudas, enfundados en trajes de color plateado. Pisaron el suelo con aprensión y miraron alrededor, como cualquiera de nosotros en tierra extranjera aunque siendo del mismo planeta no debiéramos asustarnos jamás. El paisaje agreste apenas dejaba sitio para algún que otro matorral más muerto que vivo. Se miraron y sin pronunciar palabra se encaminaron hacia uno de los más próximos, con un paso bamboleante cual un trío de borrachos. Al llegar al matorral tocaron unos botones que tenían en el antebrazo. Instantáneamente se vieron envueltos en una luz azulada de gran intensidad que se extinguió gradualmente a lo largo de dos minutos interminables. Arrancaron unas ramitas, las pasaron por la botonera y volvieron a su nave espacial; cerraron la portezuela y despegaron suavemente hasta acelerar repentinamente y perderse en el horizonte. Está visto que hasta los seres más inteligentes tienen necesidades fisiológicas imperiosas.
  • Tema: + c u e n t o s
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  • 11/07/2007 21:04
  • Ingenuos hasta la estupidez |Javier Marías| [25/01/04]


    20070630122608-ingenuos-hasta-la-estupidez.jpgSegún el corresponsal Sandro Pozzi, que informó para este diario [EL PAIS] sobre la entrada en vigor del nuevo sistema de control «biométrico» aplicado a quienes entran en los Estados Unidos, los viajeros afectados se mostraron conformes, en su mayoría, con que se les hiciera una foto, se les tomaran las huellas dactilares y se los sometiera a un interrogatorio o cuestionario con más de treinta preguntas personales, incluida una relativa a sus creencias religiosas. La frase más repetida entre ellos fue: «Si no tienes nada que ocultar, ¿dónde está el problema?» O lo que es lo mismo: «Si eres inocente, ¿qué más da que te fichen y que lo sepan todo?» La ingenuidad de este razonamiento es tan asombrosa que roza la indigencia mental, la estupidez pura y simple. Y el estúpido está siempre vendido, lleva todas las papeletas para convertirse en víctima propiciatoria.
     
    La defensa de la privacidad en los sistemas democráticos no es un mero capricho o adorno, sino algo fundamental para proteger a los individuos del abuso de las autoridades. Éstas son siempre inquisitivas, y si por ellas fuese (o por la mayoría de ellas), ningún aspecto de nuestra existencia se hurtaría a sus ojos y oídos. Es lo que sucede en las dictaduras, una de cuyas primeras medidas es, sin falta, la creación de una vasta red de delación y espionaje compuesta no sólo por profesionales, sino por el conjunto de la ciudadanía, a la que se insta, persuade, soborna u obliga a denunciar a los compatriotas contrarios al régimen opresor, o «tibios» en su entusiasmo por él. Así era en la URSS y en sus países satélites, así es en Cuba, así fue en la Argentina y el Chile de los militares, en la Alemania nazi y en la España de la Guerra Civil (en ambos bandos durante un tiempo) y en la de Franco (bando único exterminador). Lo grave es que nuestras democracias están cada vez más tentadas por ese modelo dictatorial, con su absoluto control de la gente. Se va paso a paso, y nos acostumbramos, pero, si bien se mira, no es normal que los Estados sepan ya tanto, sin protestas ni impedimentos nuestros. Saben cuánto ganamos y más o menos cuánto y en qué gastamos y qué poseemos (casa o coche, sin excepción); nuestro estado civil y qué familia tenemos; qué llevamos encima; acceden a nuestras cuentas bancarias e historiales médicos; están enterados de a qué organizaciones ayudamos económicamente, si lo hacemos; registran en video, ya «de oficio», si vamos o no a un montón de sitios, desde grandes almacenes hasta no pocas calles; escuchan nuestras conversaciones si se les antoja (¿no es inaudito que Telefónica nos instale contestadores por las buenas, sin nuestro permiso?); y lo tendrían fácil para saber aún más, a quiénes vemos o dónde viajamos y hasta en qué restaurantes cenamos.
     
    Todo eso ya lo aceptamos, y es incomprensible. Pero las autoridades aún quieren más, verlo y oírlo y saberlo todo, hasta lo que uno piensa o qué fe profesa. Lo insólito es que encima encuentren facilidades por parte de sus víctimas en ciernes: «Si no tienes nada que ocultar... Si eres inocente...». Que uno sea inocente no depende de uno mismo, sino de quien decide las leyes, y qué es delito, y qué es perseguible. Y las leyes cambian. A veces, incluso -como bajo el Gobierno de Aznar-, se modifican sobre la marcha y con prisa según la conveniencia, según este modelo: «Ah, ¿qué fulano se propone tal cosa, que no se nos había ocurrido y que no nos gusta? Pues que a partir de mañana vaya a la cárcel el que se atreva». Usted puede no ocultar hoy que fuma, y mañana lo pueden acusar de ese delito (en los Estados Unidos ya está penada la posesión de ceniceros en centros de trabajo y locales públicos). Un judío alemán podía no tener reparo en confesar cuál era su raza en 1930, pero al cabo de pocos años esa antigua confesión le costaba la desposesión primero y la vida luego. Un homosexual puede salir alegremente del armario, pero nadie le asegura que mañana no será castigado por su condición, como ya ocurre hoy en muchos países y en algunos Estados de los Unidos. Al entrar en este país uno puede responder que es ateo, pero nadie le garantiza que eso no vaya a perjudicarlo luego. La gente parece haber olvidado algo que en el fondo sabe: que todo puede ser utilizado en n... _____leer+_____
  • Tema: R A Z O N E S
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  • 12/07/2007 21:33



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