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En verano, la luz vertical del mediodía cae a plomo sobre un barranco descarnado, que da a un ojo azul de mar. Un pastor solitario apacienta un rebaño de cabras. No hay sombra alguna. El calor funde el aroma de las jaras con el hedor cabrío y obliga al pastor a entrar en erección. El resplandor llena la naturaleza de un terror ciego y el cénit del día hace que toda la sombra se haya introducido en el cuerpo del pastor. El poeta puede imaginar al dios Pan, fálico, enano, peludo y con pezuñas, persiguiendo a ninfas desnudas por este barranco, pero el pastor sólo piensa en su cabra favorita, y en ese momento, en medio de la soledad, su potencia vital se derrama contra los lentiscos. En su honor también se friegan enloquecidas las chicharras. Los alacranes están refugiados debajo de las piedras y las culebras tienen la boca abierta para sorber el aire abrasado de la canícula. El Mediterráneo.
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¿Existirá algún pez en el Mediterráneo que logre morir de viejo? En todo caso, los peces que después de una lucha cruel consiguen no ser devorados por sus colegas ni capturados por las redes de los pescadores, al final lógicamente siempre acaban por rendir sus cuerpos para formar un lecho de materia orgánica en el abismo, junto con plásticos, botes de coca-cola y otros desperdicios. Durante millones de años, las olas del mar no han hecho otra cosa que batir una infinita muerte. Ahora, las dragas extraen con sus palas desde el fondo de las aguas este producto oscuro, que luego las máquinas extienden en la orilla para dar la ilusión de que la arena de aquellas playas, que desaparecieron por las corrientes del mar, sigue siendo la misma, pero ese producto ya no es arena formada por diminutos granos minerales, blancos y limpios, sino polvo de cangrejos y cáscaras de mejillones, partículas de escamas y espinas de infinitos peces muertos. Ahora, las toallas multicolores, las sombrillas y los cuerpos desnudos se extienden sobre esta materia orgánica que se pudre al sol.
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Escudella i carn d’olla. Caldero murciano. Alioli. Pastel de berenjena. Arroz a banda. Gazpacho. Anguilas con all i pebre. Suquet de peix. Bacalao al horno. Escalivada. Caldereta de langosta. Dorada a la sal. Arroz negro. Mojama y huevas de atún. Aceitunas amargas. Pa amb tomaca. Salsa romesco. Paella valenciana. Habas tiernas. Estofado con laurel. Pescadito frito. Verduras a la plancha. Y toda clase de ensaladas.
En alta mar, el cocinero de la barca de pesca, al mediodía, pone a calentar aceite virgen de oliva y, cuando hierve, echa tres dientes de ajo en la sartén. En ese perfume, unido a la brisa salada, se concentra toda la espiritualidad del Mediterráneo.
Y después, de postre, higos, uvas, naranjas, granadas, melones y sandías. La cocina mediterránea, en el fondo, es una moral.
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Una hamaca de rayas azules; una cala rodeada de pinos con varios veleros fondeados; una escalera encalada que da a una terraza con geranios; una calle estrecha peatonal llena de tenderetes de ropa blanca de lino, sombreros de paja y viseras, trajes de baño, tarjetas postales, escafandras, flotadores, gafas de sol y cremas bronceadoras; redes tendidas en el muelle con gatos dormidos; paredes blancas, parras con avispas y marquesinas verdes; barcas varadas en la arena con nombres de mujer; puestos de sandías a la sombra de la plazoleta de la iglesia; bares con mesas pringosas y sillas de plástico en la acera; gritos desde los balcones por la mañana, silencio a la hora de la siesta con los visillos hinchados, una mosca zumbando en el cristal, sonido de fichas de dominó en el mármol del casino; pasacalles de la banda de música a media tarde y cenas con la barriga al aire; verbenas, fuegos artificiales, tubos de escape de motocicletas hasta la madrugada. Y al final, el orgasmo de una mujer cuyos gritos salen por el balcón abierto y llegan hasta el fondo de la calle. Este placer siempre sucede como un reloj todas las noches a la misma hora. Algunos payeses, que toman el fresco en sillas de enea a la puerta de casa, se dicen entre ellos:
-Ya se ha corrido la alemana. Vámonos a dormir. Buenas noches. Hasta mañana.

| Recurre a los viejos trucos, cuenta corderos, respira hondo y despacio, no pienses en los asuntos del día que se aproxima y no acaba de llegar. La noche es una oficina, un teléfono que suena, un hombre que dictamina en voz alta sobre todas las cuestiones de la vida. La noche es una pesada lección de filosofía. A lo lejos, pasan trenes, y en la ventana se afina un rumor de terraplenes sacudidos, de cornisas afiladas por el viento, de motores que eternizan su fuga hacia el infinito. Mira el reloj y resígna- te a dejar correr las horas que te quedan. Todavía no ha pasado lo peor: cuando esa luz enfermiza que precede a la mañana coloree las cortinas, el sueño te habrá rendido. Y comenzará otro día incomprensible, extremado, lento, prolijo. Y la vida te parecerá otra vez una extraña pesadilla. |
Un día un oficial hizo un prisionero: «Eres un niño -le dijo- y yo no mato niños. Si me dices cuál es mi ojo de vidrio te perdono la vida.» «Es el derecho», dijo el muchacho. «¿Cómo lo sabes?», le preguntó el oficial. «Porque es el único que tiene una mirada humana.»
Los Pilares de la Tierra de Ken Follett, en edición de bolsillo, es un mamotreto de más de mil páginas que ha gustado a casi todo el mundo. Para tener un “casi” basta sólo una voz disonante y, en este caso, reclamo el humilde derecho a la disidencia, sin ánimo de ofender. Veamos, el libro se lee con facilidad pasmosa (roza lo insulso) y tiene 1.350 páginas como podría haber tenido perfectamente 700 o 2.300 (sorprende el primer contraste de prosperidad/desgracia, pero después de repetirlo varias veces ya cansa). Los comportamientos de los personajes son anacrónicos, especialmente en los lances amorosos, y la ambientación de época bastante escasa (faltan detalles). Las enseñanzas que se extraen del libro son más bien pocas y la corriente subterránea que lo mueve es la típica americanada del “tú puedes”, “just do it”. Además, la edición de bolsillo no cabe en ningún bolsillo. Sin embargo, pese a todo lo dicho con ánimo de demolición, el libro es muchísimo mejor que cualquiera del Dan Brown de las narices. Gracias por vuestra atención y no me lo tengáis en cuenta.
Non est quae (caeteris contemptui habitis) primas sibi non tribuat atque tribuerit, et nefas maximumque piaculum cum caeteris communionem ullam habere non iudicet. De eiusmodi pietatis fonte derivat, ut (contra omnem rationem, statum atque naturam, ius item gentium et consequenter verum Dei optimi ordinem rebus inditum) dissoluta iaceant foedera naturae, et suggestione misanthropon spirituum ministerioque Erynnium infernalium (quae ignem in gentibus accendentes pro pacis nunciis, et gladium discordiae etiam inter maxime iunctos immitentes, se pro Mercuriis a coelo delapsis praestigiis imposturaque multiplici venditarunt) eo deventum sit, ut plus homo ab homine quam a caeteris dissideat, et plus homo homini quam caeteris adversetur animantibus, et lex illa amoris longe lateque diffusa nusquam servata iaceat, quae non ab unius gentis cacodaemone, sed certe a Deo omnium patre profecta, utpote naturae universali consona, generalem edicit philanthropiam, qua et ipsos diligamus inimicos, ne brutis barbarisque similes consistamus, sed in illius transferamur imaginem, qui solem suum oriri facit super bonos et malos, et gratiarum pluviam super iustos instillat et iniustos. | No hay ninguna [secta] que (despreciando las demás) no se atribuya la primacía y no estime un sacrilegio y el mayor de los pecados tener algún trato con las demás. De esa clase de religión deriva, como fuente, que (contra toda razón, forma de gobierno y naturaleza; contra el derecho de gentes también y por consiguiente contra el verdadero orden impuesto por Dios óptimo a las cosas) los vínculos de naturaleza yazcan disueltos y por sugestión de espíritus malignos y la ayuda de Erinias infernales (que atizan el fuego entre los pueblos presentándose como mensajeras de paz e introducen la espada de la discordia entre aquellos que están más unidos, ofreciéndose como Mercurios bajados del cielo con artimañas e impostura múltiple) se haya llegado al extremo de que el hombre disienta del hombre más que de cualquier otro animal y esté más enfrentado a los demás hombres que a los restantes seres vivos, con la consecuencia de que esa ley de amor, difundida por doquier, no esté observada en ninguna parte, una ley que, al no provenir del genio perverso de un único pueblo, sino ciertamente de Dios padre de todos, enseña la filantropía general en tanto que consonante con la naturaleza universal, por la cual amemos a nuestros mismos enemigos para que no seamos semejantes a los brutos y a los bárbaros, sino que nos hagamos a imagen de aquel que hace salir su sol sobre los buenos y los malos y destila la lluvia de sus gracias sobre justos e injustos. |
Després de molts anys de no fumar, el pare encén una cigarreta. Ho va deixar quan va néixer la seva filla i, d'ençà d'aleshores, ha estat massa ocupat per trobar-ho a faltar. El fum li crema els pulmons amb una boira aspra que, en comptes de combatre, reactiva amb pipades compulsives. Fa una estona, la filla li ha explicat les raons per tant de temps de silenci, mal humor, problemes, insomni i discussions: no suporta ser l’única noia de l'institut amb pares no separats i els ha demanat, sisplau, que se separin. «Vull ser normal», els ha dit poc abans de sortir de l'habitació amb llàgrimes als ulls.
Los peregrinos fueron a América porque temían ser perseguidos. Temor, miedo... ¿Y qué pasó luego? Los peregrinos llegaron a América, temerosos y asustados, se encontraron a los indios y tuvieron miedo de ellos, así que los mataron; luego empezaron a tener miedo de sus paisanos, empezaron a ver brujas por todas partes y las quemaron; luego, hicieron la Revolución y ganaron, pero tenían miedo de que los ingleses volvieran. Entonces, alguien escribió la Segunda Enmienda, que dice: Conservad vuestras armas porque los ingleses podrían regresar. ¿Y qué pasó? ¡Los ingleses volvieron de verdad! Y ¿qué es lo peor que se le puede hacer a un paranoico? ¡Que sus miedos se conviertan en realidad! El miedo que sienten los americanos se remonta a la época en que en este país vivía una población de esclavos que, en los 86 años transcurridos desde la Guerra de Independencia de 1776 a la Guerra Civil en 1861, se incrementó de forma desmedida, pasando de 700.000 a 4 millones de individuos. Los blancos estaban aterrorizados por la idea de que los negros pudieran obtener la libertad. En 1863 Samuel Colt inventó el revólver (el arma de seis tiros). Hasta ese momento era imposible hacer más de un disparo a la vez. En los 10.000 años anteriores, siempre había sido necesario recargar todas las armas antes de hacer un segundo disparo. En cambio, el Colt era portátil y económico. Y así los blancos del Sur se armaron con lo que llamaron “El Pacificador” y lograron mantener la esclavitud 25 años más. En los 40 años siguientes, Colt en mano, se exterminó a los indios. Por el miedo, los blancos fundaron el Ku Klux Klan y poco después la Asociación Nacional del Rifle, que quería que las armas las tuvieran exclusivamente los blancos. Cuando en los años cincuenta, la población de color se hartó y se rebeló los blancos construyeron y se refugiaron en barrios residenciales con montones de armas. Resultado: gran parte de los 250 millones de pistolas y fusiles existentes en Estados Unidos son propiedad de los blancos que viven en barrios residenciales muy tranquilos y seguros, donde prácticamente no hay delincuencia. Y por esa razón, en Estados Unidos, la mayor parte de los crímenes ocurren en las casas, entre marido y mujer, entre novios, entre compañeros de trabajo.
| Moll, cierta vez, con ocasión de una agradable reunión, te pedí que mi pareja en el baile fueras, lo cual rechazaste diciendo que tu edad de matrona requería seriedad de maneras y de atuendo. Bien, Moll, si necesitas ser como una matrona, ten por seguro que como una matrona te querré. Sin embargo, para que mi amor por ti nunca decaiga, en la iglesia, la casa y la cama observa esta lección: siéntate en la iglesia tan solemne como un santo, que ni un gesto, palabra o pensamiento distraigan tu devoción. Ponte el velo sobre la cabeza, abre tu alma a Aquel que las almas heridas puede sanar. Sé en mi casa tan laboriosa como una abeja, dispón tu aguijón contra cualquiera menos contra mí, zumbando por todos los rincones almacenando la miel, que nada se desperdicie ni se malgaste el dinero. Y cuando veas que mi corazón se incline al regocijo, calienta tu lengua, ingenio, y sangre con vino y buen humor: no pierdas entonces de los dulces juegos la ocasión, sé por el contrario inmoderada como un mono juguetón. |
La gente interfiere en tu vida. No te pide permiso para entrar en escena ni para salir, va cada uno por donde le parece, y siempre tendrán que chocar contra el que no se quite de enmedio. Pero quitarse de enmedio es meterse en un laboratorio a respirar aire artificial, a trabajar sobre lo ya codificado, sobre lo ya previsto, pensando que llevas la batuta del mundo porque convocas los acontecimientos a medida de tu deseo. Eso claro que se controla. Lo difícil es tratar de armonizar acontecimientos que se mueven todos simultáneamente, que va cada cual por su cuenta, que son de naturaleza dispar. Hay que atender a todos a la vez. Cuando yo era pequeña había un número muy típico de circo: el del chino de los platos. Tenía que hacer bailar muchos platos en el aire impulsándolos con el mismo palito, y que no se parara ninguno ni se le cayera tampoco al suelo, porque se le rompía. La vida es como la labor del chino de los platos, atender a todos a la vez y a cada uno. Sí, claro, ya se sabe que con uno sólo sería más fácil, pero nos ponen muchos, y todos se mueven.
| Vivir para contarlo fue la divisa o lema. Vivir como al dictado de alguien o de algo. Por el amor al arte, viviste de prestado. Contar toda la vida fue oficio equivocado. No es la vida vivida lo mismo que contada. Vivir para contarla: dejar la vida a un lado. Estrellas, plenilunios, mañanas transparentes, neveros impolutos y soles alconados existen por sí mismos, sin que nadie los cuente. Vivir es suficiente, si lo hubieras sabido. Emprendiste un proyecto condenado al fracaso. Nadie logró en la vida contar la propia muerte. |
Una mañana cualquiera no amaneció. La gente, acostumbrada a sus rutinas, fue igualmente al trabajo. Pero cuando llegó la hora del café y aún no había salido el Sol comenzó a preocuparse, quizá fuese el color del café lo que les hizo darse cuenta. “Será cosa de la contaminación”, “será cosa del gobierno”, “qué será será”, se preguntaban. Se sintonizaron las radios en espera de una explicación que no llegaba, se llamó a familiares lejanos que confirmaron que en las Quimbambas tampoco había amanecido. Las miradas se sumergieron entonces en los papeles, se fijaron en las pantallas de ordenador e incluso se cerraron, cualquier cosa antes que afrontar el pavor de una ventana tenebrosa. Al anochecer de ese primer día oscuro la negritud se hizo más intensa y ni la luz de las farolas era capaz de atravesarla y llegar al suelo. Salir al exterior se volvió entonces peligroso y la gente de bien se quedó en casa, la de mal también, sin víctimas no valía la pena arriesgarse a un tropezón. A la mañana siguiente todo el país madrugó para mirar al Este. Ante ellos la oscuridad pero a sus pies una incipiente sombra. Ese día el Sol salió por el Oeste para desolación de aquellos que creen en verdades inmutables.
Sí, pero no próximamente. (...) Pensar -esta sugerencia ha llegado a mis oídos- que pronto podremos ordenar a un modelo de mesa de “caja musical” preprogramada, fabricada en serie y obtenible por veinte dólares mediante envío postal, que haga surgir de sus estériles circuitos composiciones que pudieron haber sido creadas por Chopin o por Bach si hubiesen vivido más tiempo, implica una grotesca y lamentable subestimación de la profundidad del espíritu humano. Para que un programa produzca la música que esos autores produjeron tendría que enfrentar al mundo por sí mismo, afanándose en atravesar el laberinto de la vida y sintiendo cada momento de esa experiencia. Tendría que comprender el gozo y la soledad de una fría noche ventosa, la necesidad de una caricia, la inaccesibilidad de una población distante, el desgarramiento y el consuelo tras la muerte de un ser humano. Tendría que conocer la resignación y el hastío de la vida, el dolor y la desesperación, la determinación y la victoria, la devoción y el temor reverencial. Tendría que haber experimentado la mezcla de elementos opuestos como la esperanza y el miedo, la angustia y el regocijo, la serenidad y la ansiedad. E integrado todo ello como la carne al hueso tendría que tener sentido de la gracia, el humor, del ritmo, y un sentido de lo imprevisto, además, por supuesto, de una exquisita conciencia de la magia de la creación pura. Aquí, y solamente aquí, se encuentran las fuentes de la significación musical.
| Me llamo barro aunque Miguel me llame. Barro es mi profesión y mi destino que mancha con su lengua cuanto lame. Soy un triste instrumento del camino. Soy una lengua dulcemente infame a los pies que idolatro desplegada. Como un nocturno buey de agua y barbecho que quiere ser criatura idolatrada embisto a tus zapatos y a sus alrededores, y hecho de alfombras y de besos hecho tu talón que me injuria beso y siembro de flores. Coloco relicarios de mi especie a tu talón mordiente, a tu pisada, y siempre a tu pisada me adelanto para que tu impasible pie desprecie todo el amor que hacia tu pie levanto. Más mojado que el rostro de mi llanto, cuando el vidrio lanar del hielo bala, cuando el invierno tu ventana cierra bajo a tus pies un gavilán de ala, de ala manchada y corazón de tierra. Bajo a tus pies un ramo derretido de humilde miel pataleada y sola, un despreciado corazón caído en forma de alga y en figura de ola. Barro en vano me invisto de amapola, barro en vano vertiendo voy mis brazos, barro en vano te muerdo los talones, dándote a malheridos aletazos sapos como convulsos corazones. Apenas si me pisas, si me pones la imagen de tu huella sobre encima, se despedaza y rompe la armadura de arrope bipartido que me ciñe la boca en carne viva y pura, pidiéndote a pedazos que la oprima siempre tu pie de liebre libre y loca. Su taciturna nata se arracima, los sollozos agitan su arboleda de lana cerebral bajo tu paso. Y pasas, y se queda incendiando su cera de invierno ante el ocaso, mártir, alhaja y pasto de la rueda. Harto de someterse a los puñales circulantes del carro y la pezuña, teme del barro un parto de animales de corrosiva piel y vengativa uña. Teme que el barro crezca en un momento, teme que crezca y suba y cubra tierna, tierna y celosamente tu tobillo de junco, mi tormento, teme que inunde el nardo de tu pierna y crezca más y ascienda hasta tu frente. Teme que se levante huracanado del blando territorio del invierno y estalle y truene y caiga diluviado sobre tu sangre duramente tierno. Teme un asalto de ofendida espuma y teme un amoroso cataclismo. Antes que la sequía lo consuma el barro ha de volverte de lo mismo. |
Cansado de pensar me corté la cabeza pues pensé que descerebrado viviría mejor. Quizá resulte absurdo pensar en dejar de pensar, pero no me pidáis coherencia cuando mis actos demuestran justo lo contrario. En un primer momento, con la cabeza a los pies, creí desfallecer ante tanta sangre que manaba de mi cuello. Menos mal que en previsión había puesto ya una sartén vacía en un fogón hasta llevarla al rojo vivo. Así que la tomé y me la puse a modo de sombrero, presionando con fuerza. La herida cauterizó rápidamente entre una nube de vapor hediondo y un silbido de olla expréss. Entonces tomé la cabeza y la coloqué cuidadosamente en la nevera, entre los melones. Nunca se sabe cuándo puede hacer falta de nuevo una pizca de razón. Ahora me siento mejor, mucho mejor, las obsesiones se han esfumado, las preocupaciones se han diluido y el mundo me parece un lugar mucho más agradable. Lo próximo que haré será arrancarme el corazón y con él en la palma de la mano decirte “te quiero”...
-Tenéis prisa por acercaros al prójimo y prodigarle hermosas palabras. Yo os digo que vuestro amor al prójimo es vuestro desamor a vuestra propia persona. Acudís hacia el prójimo para huir de vosotros mismos y de ello desearíais hacer una virtud. Pero yo me doy cuenta de vuestro «desinterés». El tú es más antiguo que el yo. El tú está santificado; pero todavía no el yo. Por eso el hombre se apresura a acercarse a su prójimo. ¿Quiere decir esto que os aconseje el amor al prójimo? ¡Mas bien os aconsejaría la huida del prójimo y el amor del futuro! Por encima del amor al prójimo se encuentra el amor del futuro, de lo que está por venir. Por encima del amor del hombre yo coloco el amor por las cosas y por los fantasmas. Este fantasma que corre por delante de ti, hermano mío, este fantasma es más hermoso que tú. ¿Por qué no le prestas tu rostro y tus huesos? Pero sientes miedo y huyes hacia tu prójimo. No sabéis soportaros a vosotros mismos ni os amáis lo suficiente. Por esto querríais seducir a vuestro prójimo con vuestro amor y doraros con su engaño. Quisiera que toda especie de prójimos y los vecinos de estos prójimos llegaran a seros insoportables. Tendríais necesidad, entonces, de crear por vosotros mismos un amigo de corazón desbordante. Cuando queréis hablar bien de vosotros mismos invitáis a un testigo, y cuando le habéis inducido a pensar bien de vosotros, sois vosotros quienes pensáis bien de vosotros mismos. Sólo quien habla contra su conciencia, y sobre todo el que habla contra su conciencia, no miente. Y cuando así habláis de vosotros en vuestras relaciones, engañáis al vecino sobre vosotros mismos. Así habla el loco: «El trato con el hombre echa a perder el carácter, sobre todo cuando se carece de él.» El uno va hacia el prójimo porque se busca a sí mismo; el otro, porque quiere olvidarse. Vuestro desamor de vosotros mismos convierte en una prisión vuestra soledad. Son los más lejanos los que pagan vuestro amor al prójimo. Cuando estáis cinco reunidos siempre hacéis morir a un sexto. Tampoco amo vuestras fiestas: he encontrado en ellas demasiados comediantes, y hasta los espectadores se comportan como histriones. Yo no os muestro al prójimo, sino al amigo. Que el amigo resulte la fiesta de la tierra y un presentimiento del superhombre. Yo os muestro al amigo y a su corazón exuberante. Pero es preciso saber ser como una esponja cuando se quiere ser amado por corazones desbordantes. Yo os muestro al amigo que lleva en sí un mundo acabado de hacer: la corteza del bien; al amigo creador que siempre tiene para ofrecer un mundo realizado. Y lo mismo que para él se ha desenvuelto el mundo, y ha vuelto a enrollarse de nuevo, así llegará a conseguirse el bien y el mal y el objeto por la casualidad. Que el porvenir y lo que está más lejano sean para ti la razón de ser de tu hoy. Debes amar al superhombre en tu amigo como la razón de ser. Hermanos míos: yo no os aconsejo el amor al prójimo. Yo os aconsejo el amor a lo más lejano.
Quisiera Pepe Carvalho llegar a un lugar del que no quisiera regresar, pero como lo suyo es el léxico y no la satisfacción de los anhelos, se quedó para protagonizar las novelas negras de Manuel Vázquez Montalbán. Y donde primero lo he conocido, aunque no hayamos sido presentados ni soy causa de su investigación (menos mal), es en la estupenda Los mares del Sur. El que ganase el Premio Planeta del año 1979 sólo demuestra que es lo suficientemente buena como para superar el desprestigio de dicho premio interesado y poco interesante, pues también ganó el Prix International de Littérature Policière del año 1981 en París, del que desconozco su prestigio pero suena infinitamente mejor. En conclusión, no lo utilizaré para encender la chimenea el próximo invierno.
| Cuando pienso que ya no pienso en ti sigo pensando en ti. Quiero intentar ahora no pensar que ya no pienso en ti. |
Érase una vez una pequeña granja en la que habitaban un niño llamado Juan y su madre. Ambos vivían excluidos de los círculos normales de actividad económica, y aquella cruel realidad los mantenía en situación de grave apuro hasta que, un día, la madre dijo a Juan que fuera al mercado con la única vaca que poseían y que la vendiera al mejor precio posible.
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.