El término griego, apunta Voltaire, significa inmersión: «Los hombres, que se conducen siempre por los sentidos, imaginaron con naturalidad que quien lavaba el cuerpo lavaba también el alma». De ahí el bautismo, que consiste en «introducirse en el baño de lo sagrado». Eso es algo más que un símbolo: es un rito y, sobre todo, para los creyentes, un sacramento, que les permite formar parte de la Iglesia. Siempre me ha chocado que les sea impuesto a los recién nacidos: ¿por qué imponerles una pertenencia que no han solicitado, que no pueden rechazar ni comprender? Ahora pienso que no es tan grave, ni tan singular: tampoco pidieron vivir, ni ser franceses, ni llamarse Dupont o Martin. ¿Habría por eso que considerarlos apátridas, anónimos y nonatos hasta cumplir la mayoría de edad? Nadie escoge lo que es, ni su país, ni su nombre, ni su fe. Sólo se elige, y ya es mucho, entre cambiar o no. En honor de los conversos, los herejes y los apóstatas....y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.