Quedaron atrás los años pasados en aquella esquina, blandiendo el bolso y contoneando las caderas como inequívoco reclamo. Sabido es que la edad no perdona a los que trabajan con su cuerpo. Y ella, cosa rara en el mundo laboral actual, había además disfrutado mucho con su trabajo, el cual era debido a una vocación desde bien joven y no consecuencia de una necesidad química o mafiosa. Pero había cumplido 65 años, ahora era pendonista....y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.