
| Moll, cierta vez, con ocasión de una agradable reunión, te pedí que mi pareja en el baile fueras, lo cual rechazaste diciendo que tu edad de matrona requería seriedad de maneras y de atuendo. Bien, Moll, si necesitas ser como una matrona, ten por seguro que como una matrona te querré. Sin embargo, para que mi amor por ti nunca decaiga, en la iglesia, la casa y la cama observa esta lección: siéntate en la iglesia tan solemne como un santo, que ni un gesto, palabra o pensamiento distraigan tu devoción. Ponte el velo sobre la cabeza, abre tu alma a Aquel que las almas heridas puede sanar. Sé en mi casa tan laboriosa como una abeja, dispón tu aguijón contra cualquiera menos contra mí, zumbando por todos los rincones almacenando la miel, que nada se desperdicie ni se malgaste el dinero. Y cuando veas que mi corazón se incline al regocijo, calienta tu lengua, ingenio, y sangre con vino y buen humor: no pierdas entonces de los dulces juegos la ocasión, sé por el contrario inmoderada como un mono juguetón. |
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.