
| Recurre a los viejos trucos, cuenta corderos, respira hondo y despacio, no pienses en los asuntos del día que se aproxima y no acaba de llegar. La noche es una oficina, un teléfono que suena, un hombre que dictamina en voz alta sobre todas las cuestiones de la vida. La noche es una pesada lección de filosofía. A lo lejos, pasan trenes, y en la ventana se afina un rumor de terraplenes sacudidos, de cornisas afiladas por el viento, de motores que eternizan su fuga hacia el infinito. Mira el reloj y resígna- te a dejar correr las horas que te quedan. Todavía no ha pasado lo peor: cuando esa luz enfermiza que precede a la mañana coloree las cortinas, el sueño te habrá rendido. Y comenzará otro día incomprensible, extremado, lento, prolijo. Y la vida te parecerá otra vez una extraña pesadilla. |
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.