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  • Editado por Amkiel.
  • Barcelona (España).
  • ¿Qué es el panfleto?

  • El Mediterráneo a mano |Manuel Vicent| [extracto]


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    - 01 -


     
    En verano, la luz vertical del mediodía cae a plomo sobre un barranco descarnado, que da a un ojo azul de mar. Un pastor solitario apacienta un rebaño de cabras. No hay sombra alguna. El calor funde el aroma de las jaras con el hedor cabrío y obliga al pastor a entrar en erección. El resplandor llena la naturaleza de un terror ciego y el cénit del día hace que toda la sombra se haya introducido en el cuerpo del pastor. El poeta puede imaginar al dios Pan, fálico, enano, peludo y con pezuñas, persiguiendo a ninfas desnudas por este barranco, pero el pastor sólo piensa en su cabra favorita, y en ese momento, en medio de la soledad, su potencia vital se derrama contra los lentiscos. En su honor también se friegan enloquecidas las chicharras. Los alacranes están refugiados debajo de las piedras y las culebras tienen la boca abierta para sorber el aire abrasado de la canícula. El Mediterráneo.

    - 03 -


     
    ¿Existirá algún pez en el Mediterráneo que logre morir de viejo? En todo caso, los peces que después de una lucha cruel consiguen no ser devorados por sus colegas ni capturados por las redes de los pescadores, al final lógicamente siempre acaban por rendir sus cuerpos para formar un lecho de materia orgánica en el abismo, junto con plásticos, botes de coca-cola y otros desperdicios. Durante millones de años, las olas del mar no han hecho otra cosa que batir una infinita muerte. Ahora, las dragas extraen con sus palas desde el fondo de las aguas este producto oscuro, que luego las máquinas extienden en la orilla para dar la ilusión de que la arena de aquellas playas, que desaparecieron por las corrientes del mar, sigue siendo la misma, pero ese producto ya no es arena formada por diminutos granos minerales, blancos y limpios, sino polvo de cangrejos y cáscaras de mejillones, partículas de escamas y espinas de infinitos peces muertos. Ahora, las toallas multicolores, las sombrillas y los cuerpos desnudos se extienden sobre esta materia orgánica que se pudre al sol.

    - 11 -


     
    Escudella i carn d’olla. Caldero murciano. Alioli. Pastel de berenjena. Arroz a banda. Gazpacho. Anguilas con all i pebre. Suquet de peix. Bacalao al horno. Escalivada. Caldereta de langosta. Dorada a la sal. Arroz negro. Mojama y huevas de atún. Aceitunas amargas. Pa amb tomaca. Salsa romesco. Paella valenciana. Habas tiernas. Estofado con laurel. Pescadito frito. Verduras a la plancha. Y toda clase de ensaladas.
     
    En alta mar, el cocinero de la barca de pesca, al mediodía, pone a calentar aceite virgen de oliva y, cuando hierve, echa tres dientes de ajo en la sartén. En ese perfume, unido a la brisa salada, se concentra toda la espiritualidad del Mediterráneo.
     
    Y después, de postre, higos, uvas, naranjas, granadas, melones y sandías. La cocina mediterránea, en el fondo, es una moral.

    - 16 -


     
    Una hamaca de rayas azules; una cala rodeada de pinos con varios veleros fondeados; una escalera encalada que da a una terraza con geranios; una calle estrecha peatonal llena de tenderetes de ropa blanca de lino, sombreros de paja y viseras, trajes de baño, tarjetas postales, escafandras, flotadores, gafas de sol y cremas bronceadoras; redes tendidas en el muelle con gatos dormidos; paredes blancas, parras con avispas y marquesinas verdes; barcas varadas en la arena con nombres de mujer; puestos de sandías a la sombra de la plazoleta de la iglesia; bares con mesas pringosas y sillas de plástico en la acera; gritos desde los balcones por la mañana, silencio a la hora de la siesta con los visillos hinchados, una mosca zumbando en el cristal, sonido de fichas de dominó en el mármol del casino; pasacalles de la banda de música a media tarde y cenas con la barriga al aire; verbenas, fuegos artificiales, tubos de escape de motocicletas hasta la madrugada. Y al final, el orgasmo de una mujer cuyos gritos salen por el balcón abierto y llegan hasta el fondo de la calle. Este placer siempre sucede como un reloj todas las noches a la misma hora. Algunos payeses, que toman el fresco en sillas de enea a la puerta de casa, se dicen entre ellos:
     
    -Ya se ha corrido la alemana. Vámonos a dormir. Buenas noches. Hasta mañana.

  • Tema: S E N T I R.
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  • 05/08/2007 14:13
  • Comentarios

    Hoooola, ya de vuelta. Espero que tus vacaciones aunque cortas, hayan cundido y vuelvas con muchas cosas que contarnos.

    Aquí estoy, en fiestas, trabajando y con resfriado. Esto me pasa por hacer como la alemana, es decir, dormir con la ventana abierta, :).
    Saluditos.


  • Edda
  • que visión tan depresiva del Mediterráneo... pero cojo una moraleja: la ventana abierta exclusivamente en el momento de ponerse a dormir!


  • Anna
  • Gracias Amkiel, ya estoy mejor, ya sabes lo que dicen de la mala hierba....


  • Edda
  • Jajajajaja, bueno no exactamente, pero no te falta razón ;P


  • Edda
  • Muchas gracias Amkiel.


  • Edda
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    ...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.

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