
Habla mi tío Firme que una noche de luna llena en verano, había ido a echar agua a un prado, y permanecer allí la noche entera distribuyendo, por zonas, el agua de un sitio para otro.
Muy avanzada la noche, sintió llegar de un bosque una música de una asombrosa armonía. Mil imágenes de historias de viejos que hablaban del tamboril y de la música de la muerte bullían en su cerebro sin conseguir apartárselas de él.
El temor que le embargaba le obliga a buscar amparo entre unos setos para protegerse de la maléfica influencia del diablo, y cada vez que debía cambiar el agua, lo hacía a toda prisa y regresaba aceleradamente al abrigo de los setos y tapaba los oídos.
Ya por el temor al ridículo, ya fuese porque el amanecer estaba próximo, resistió toda la noche, y al romper el alba, coincidió con otro que regresaba de echar el agua y le preguntó:
- ¡Ay hombre! ¿No sentirías de noche una música que procedía de Rudimeu?
- Sí hombre. Era mi radio que estaba colgada en las ramas de un avellano.
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.