Las manos sirven para acariciar y para dar puñetazos, para hacer música y para disparar, para tantas cosas que para contarlas no bastan los dedos de las mismas. Qué terrible infortunio tener entonces unas tijeras ocupando su lugar, no se me ocurre nada peor, mejor sería nada en su lugar. Así vive Edward Scissorhands, recluído de nuevo en su soledad, al margen de una sociedad que no supo tenderle una mano. La película de Tim Burton es de una belleza arrebatadora cuyo filo no corta sino que hiela....y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.