Darse de bruces con una puerta cerrada cuando se pretende escapar de nuestro pasado, porque no quisiéramos convertirlo en futuro continuo, duele. Ver los lazos que se cierran como sogas al cuello, cada vez más cortos, cada vez más tensos, duele. Intentar huir y no poder, palmear el aire como quien espanta fantasmas, arañar las paredes sin alcanzar a sentir la luz del otro lado, librar batallas en la conciencia donde todos los muertos son propios, duele. Pero más duele encontrarse la puerta cerrada cuando en vez de escapar se quiere entrar, ser aceptado, querido....y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.