
| QUIEN busca libros viejos nada recuerda, mientras dura entre fechas, aun soñadas, dudosas. La tenue luz se entrega, un mar que sesga el alto estante, si cae allí de la ventana, ola serena borrando casi el nombre, arena al fin, el nombre deseado. Y cuando después, en un invierno, se abre el libro, un nuevo olvido bajo la lámpara se instala. No ese invierno, vienen en el olor de las páginas picadas con la humedad del ámbar, unas palmeras, el cielo en desnivel, y un oscuro mirar hasta cegarse. E igual que entonces se tiene la certeza. A pesar de aquella luz y de esta hora, tampoco los libros son la vida. |
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.