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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2006.

¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? |Emilio Velasco Bartolomé|


20061201201735-2061201-hablar.gif“Gran ley y que debe observarse: que nadie hable fuera del negocio.”
Anotaciones de Quevedo a la Retórica de Aristóteles.

 
Es moneda corriente entre las personas informadas sostener que vivimos en una sociedad atomizada y deshumanizada y que esto viene a reflejarse en la falta de comunicación que existe entre sus individuos: ya nadie habla con los demás. Es posible que con ello quieran referirse, si hemos de atender a la realidad que cotidianamente nos circunda, a que a pesar de haber una cantidad desorbitada de información, la verdadera comunicación está impedida, quizá incluso por ese océano de palabras y mensajes en el que nos movemos a diario; existe un exceso de ruido de la máquina que impide la verdadera comunicación, o mejor, los canales de comunicación han terminado por contaminar el contenido de la misma, deshumanizándola, desnaturalizándola, llenándola de malentendidos.
 
No obstante, a nuestro juicio, lo que sucede es justamente lo contrario, es decir: vivimos en una sociedad saturada de relaciones interpersonales y de comunicación personal e íntima; no se trata sino de un exceso de ruido del alma, que, por ese precepto de comunicación interpersonal, se ve legitimada a sacar lo más recóndito de sí.
 
No se trata de buscar culpables porque como dijo el poeta es castigar tierra sorda, pero, por citar alguna genealogía de esta actitud, puede apuntarse que desde el propio psicoanálisis se ha fomentado esta idea de que hablar de lo más privado ayuda a la salud del alma. No obstante, lo que no puede negarse es el lugar privilegiado que el modo oral confesional ocupa en nuestras sociedades; ¿qué son los talk shows sino confesiones?, ¿por qué el género entrevista es, si no, tan omnipresente?, ¿por qué los chats son formas desnaturalizadas de comunicación personal? No es objeto de este ensayo deshacer el malentendido que ronda a esta cuestión, sino denunciar, para merecer su comienzo, la base de esa tópica que legitima no sólo la palabra oral e interpersonal, sino el tono impúdico que suele acompañarla.
 
En efecto, desde los orígenes de la reflexión sobre el lenguaje es posible observar un apego a la palabra oral frente a la palabra escrita, porque en ésta no hay presencia del interlocutor y, en esa medida, existe el riesgo de que la palabra se desborde y diga lo que no se quiere decir y, lo que es peor, lo que no se puede corregir, porque en la escritura no hay un movimiento posterior de rectificación; ella habla en nuestra ausencia, gastando nuestro crédito y endeudándonos con aquéllos a los que ni siquiera conocemos. La escritura actúa fuera del negocio, puede hablar no sólo a los demás, sino a los de más y arruinarnos el negocio por sacarlo de su quicio, la escritura no acepta el desmentido, ella introduce el juego más perverso del arrepentimiento.
 
Se entenderá, por otra parte, que no hay una necesidad inherente a la producción de la palabra escrita. En efecto, uno puede estar en la obligación de hablar porque quiere defender su honor, o porque desea comunicar algo relevante, pero si se escribe es porque se desea evitar la presencia o porque no se puede estar allí donde aquello que uno escribe se lee; escribir siempre implica una distancia. La escritura es nuestro suplente, es una prótesis de nuestra lengua que nunca es tan larga como desearíamos. No hay una justificación de la palabra escrita, de la escritura, y su ingente presencia entre nosotros, en editoriales y librerías, no es más que el espacio ganado por una cuota de mercado; se escribe en tales cantidades no por necesidad de quien lo hace, sino por la existencia de un espacio económico que lo prescribe, la escritura es hoy, en este nivel, un objeto legitimado por la moneda, la escritura está en el negocio.
 
Pero la cuestión se agrava si observamos que, a través de esta preeminencia de lo oral sobre lo escrito, lo que viene a entenderse es que la expresión de determinados sentimientos es sobre todo posible mediante la voz; y es cosa antigua porque así lo explicó Quevedo en los comentarios a la Retórica de Aristóteles: «No hay arte de pronunciar, que es acomodar la voz a las cosas, y a ella las acciones: para que se vea lo que se dice, que mueve, lo que no hace si se oye solamente. Esta arte de la acción, y pronunciación, hace que las v... _____leer+_____
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  • 01/12/2006 20:02
  • Cien frases hechas |Michael C. Tang|


    20061202203650-2061202-estacion.jpgUn joven aprobó las oposiciones imperiales en Pekín y le dieron un cargo de funcionario en una ciudad de provincias. Fue a despedirse de su protector, que era un alto funcionario de la administración.
     
    - No es fácil trabajar en esas poblaciones de provincias -le dijo su protector-. Deberás tener prudencia.
    - Sí, señor. Le agradezco su consejo -dijo el joven-. Le ruego que no se preocupe. He preparado mentalmente cien frases hechas. Cuando tenga que hablar con algún funcionario de allí, le diré una. Seguramente le agradaré.
    - ¿Cómo serás capaz de hacer eso? -le preguntó su protector, consternado-. Somos caballeros. Somos personas de principios. No debemos caer en la adulación.
    - Por desgracia, la verdad es que la mayoría de la gente le gusta que le adulen -dijo el estudiante con aire de impotencia-. Somos muy pocos los caballeros como usted y yo a los que no nos gusta que nos adulen.
    - Puede que tengas razón -le dijo su protector con una sonrisa.
     
    Más tarde, el joven contó esta conversación a un amigo suyo.
     
    - Ya he gastado uno de los artículos de mi reserva. Me quedan noventa y nueve frases hechas.
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  • 02/12/2006 20:34
  • · Escribiendo un cuento ·


    20061203183932-2061203-ambiente.jpgEncendí el ordenador porque quería escribir un cuento de terror. Para empezar debía de crear el ambiente propicio para la historia, así que apagué las luces y dejé que la pantalla iluminara tenuemente mi cara y el teclado. El ordenador seguía su lento proceso de arranque. Encendí dos velas a la izquierda y coloqué un crucifijo a la derecha apoyado en una copa junto a una rosa marchita. La barra de color azul seguía surcando la pantalla, deteniéndose algunos momentos para volver luego otra vez a moverse. Después del ambiente era importante encontrar un personaje que fuese creíble como víctima, pues para héroes ya están las historias románticas. Alguien alto, desgarbado, pálido y con una tos enfermiza, como yo. "Se está cargando su configuración". Una vez creado el ambiente y escogido el personaje tocaba imaginar la situación en la que se vería implicado, algún toque sobrenatural o un contacto con la muerte sería suficiente. Un pitido del ordenador me arrancó de mis pensamientos y me obligó a fijarme en la pantalla: "Windows no pudo cargar su configuración, fue eliminada cuando usted murió."
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  • 03/12/2006 18:39
  • · Little Miss Sunshine ·


    20061204200036-2061204-little-miss-sunshine.jpgHay dos tipos de personas: las ganadoras y las perdedoras. Las primeras no son siempre las primeras pero las segundas siempre son las últimas, es decir, ganador es quien lo intenta y perdedor es quien no se atreve. Hasta aquí parece un resumen de manual barato de psicología americana, que podría serlo, pero lo chocante es que se aplique a una película en la que sale un homosexual suicida, un drogata sexagenario, un nihilista mudo, un fracasado de éxito, una madre desorientada, una niña del montón y una furgoneta escacharrada, y el resultado sea una película estupenda, amargamente divertida y muy recomendable de ver.
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  • 04/12/2006 20:00
  • Poemo |Jesús Lizano|


    20080314233542-poemo.jpg
    Me asomé a la balcona
    y contemplé la ciela
    poblada por los estrellos.
    Sentí fría en mi caro
    me froté los monos
    y me puse la abriga
    y pensé: qué ideo,
    qué ideo tan negro.
    Diosa mía, exclamé:
    qué oscuro es el nocho
    y qué solo mi almo
    perdido entre las vientas
    y entre las fuegas,
    entre los rejos.
    El vido nos traiciona,
    mi cabezo se pierde,
    qué triste el aventuro
    de vivir. Y estuvo a punto
    de tirarme a la vacía...
    Qué poemo.
    Y con lágrimas en las ojas
    me metí en el camo.
    A ver, pensé, si las sueñas
    o los fantasmos
    me centran la pensamienta
    y olvido que la munda
    no es como la vemos
    y que todo es un farso
    y que el vido es el muerto,
    un tragedio.
    Tras toda, nado.
    Vivir. Morir:
    qué mierdo. 
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  • 05/12/2006 17:19
  • Divagación ante el retrato de la marquesa de Santillana |José Ortega y Gasset| [fragmentos]


    20061206183716-2061206-hombre-y-mujer.gifLa mujer tiene un exterior teatral y una intimidad recatada; en el hombre es la intimidad lo teatral. (...)
     
    En las ideas usuales sobre psicología de ambos sexos, no hallo debidamente acentuada esta discrepancia radical. Se trata de dos instintos contrarios; en el hombre hay un instinto de expansión, de manifestación. Siente que si lo que él es no lo es a la vista de los demás, valdría tanto como si no lo fuera. De aquí su afán de confesión, el prurito de evidenciar su persona interior. El lirismo procede, en definitiva, de este genial cinismo varonil. A veces esta propensión a expresar su intimidad, como si en la transmisión a los demás cobrara su plenaria realidad, degenera en contentarse con decir las cosas, aunque éstas no existan. Una buena parte de los hombres no tiene más vida interior que la de sus palabras, y sus sentimientos se reducen a una existencia oral.
     
    Hay, por el contrario, en la mujer un instinto de ocultación, de encubrimiento: su alma vive como de espaldas a lo exterior, ocultando la íntima fermentación pasional. Los gestos del pudor no son sino la forma simbólica (véanse Darwin y Piderit) de ese recato espiritual. No es el cuerpo, en rigor, lo que le importa defender de las miradas masculinas, sino aquellas ideas y sentimientos suyos referentes a las intenciones del hombre con respecto a su cuerpo. El mismo origen tiene la mayor frecuencia e intensidad del azoramiento de la mujer. Es ésta una emoción suscitada por el temor de ser sorprendidos en nuestros pensamientos y afectos. Cuanto mayor es el deseo de mantener secreto algo de nuestra vida interior, más expuestos nos hallamos al azoramiento. Así el que miente suele azorarse, como si temiese que la mirada del prójimo perforara su palabra mendaz y pusiese a descubierto la verdadera intención que ocultaba. Pues bien, la mujer vive en perpetuo azoramiento, porque vive en perpetuo encubrimiento de sí misma. (...)
     
    Esta posesión de una vida propia, aparte y secreta, este señorío de una morada interior donde no se deja circular al prójimo, es una de las superioridades de la mujer sobre el hombre. (...) A esto obedece que la amistad entre las mujeres sea menos íntima que entre los hombres. Diríase que poseen una conciencia más clara de dónde empieza su vida propia e incomunicable y donde acaba la del prójimo.
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  • 06/12/2006 18:37
  • La taza de té vacía |Lou Marinoff|


    20061207200654-2061207-tetera.gifUn monje tenía siempre una taza de té al lado de su cama. Por la noche, antes de acostarse, la ponía boca abajo y, por la mañana, le daba la vuelta. Cuando un novicio le preguntó perplejo acerca de esa costumbre, el monje explicó que cada noche vaciaba simbólicamente la taza de la vida, como signo de aceptación de su propia mortalidad. El ritual le recordaba que aquel día había hecho cuanto debía y que, por tanto, estaba preparado en el caso de que le sorprendiera la muerte. Y cada mañana ponía la taza boca arriba para aceptar el obsequio de un nuevo día. El monje vivía la vida día a día, reconociendo cada amanecer que constituía un regalo maravilloso, pero también estaba preparado para abandonar este mundo al final de cada jornada.
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  • 07/12/2006 20:06
  • · Prisionero ·


    20061208162622-2061208-prisionero.jpg
    Es esta celda tan grande
    que los barrotes no veo,
    es la cadena tan liviana
    que su contacto no siento.
    ¿Dónde estás, carcelera,
    para librarme de tu deseo? 
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  • 08/12/2006 17:52
  • Orbitando alrededor de la Luna, verano del 1969 |Michael Collins|


    20061209172359-2061209-planeta.jpgCreo de veras que si los líderes políticos del mundo pudiesen ver su planeta desde mucha distancia, digamos unos 16.000 kilómetros, su punto de vista podría cambiar radicalmente. Esa frontera de importancia tan fundamental resultaría invisible, la ruidosa discusión se vería de pronto silenciada. El minúsculo globo continuaría girando, ignorando con serenidad toda subdivisión, presentando una fachada unificada que exigiría a gritos un entendimiento unificado, un tratamiento homogéneo. La Tierra debe volverse tal como aparece: azul y blanca, no capitalista o comunista; azul y blanca, no rica o pobre; azul y blanca, no envidiosa o envidiada.
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  • 09/12/2006 19:02
  • LA FE |Quim Monzó|


    20061210173302-2061210.jpg-Quizá es que no me quieres.
    -Te quiero.
    -¿Cómo lo sabes?
    -No lo sé. Lo siento. Lo noto.
    -¿Cómo puedes estar tan seguro de que lo que notas es que me quieres y no otra cosa?
    -Te quiero porque eres diferente a todas las mujeres que he conocido en mi vida. Te quiero como nunca he querido a nadie, y como nunca podré querer. Te quiero más que a mí mismo. Por ti daría mi vida, me dejaría despellejar vivo, permitiría que jugasen con mis ojos como si fuesen canicas. Que me tirasen a un mar de salfumán. Te quiero. Quiero cada pliegue de tu cuerpo. Me basta mirarte a los ojos para ser feliz. En tus pupilas me veo yo, pequeñito.
    Ella mueve la cabeza inquieta.
    -¿Lo dices de verdad? Oh, Raül, si supiese que me quieres de veras, que te puedo creer, que no te engañas sin saberlo y por lo tanto me engañas a mí... ¿De verdad me quieres?
    -Sí. Te quiero como nadie ha sido capaz de querer nunca. Te querría aunque me rechazaras, aunque no quisieras ni verme. Te querría en silencio, a escondidas. Esperaría que salieses del trabajo nada más que para verte de lejos. ¿Cómo es posible que dudes de que te quiero?
    -¿Cómo quieres que no dude? ¿Qué prueba tengo, real, de que me quieres? Tú dices que me quieres, sí. Pero son palabras, y las palabras son convenciones. Yo sé que te quiero mucho. Pero ¿cómo puedo tener la certeza de que tú me quieres a mí?
    -Mirándome a los ojos. ¿No eres capaz de leer en ellos que te quiero de verdad? Mírame a los ojos. ¿Crees que podrían engañarte? Me decepcionas.
    -¿Te decepciono? No será mucho lo que me quieres si te decepcionas por tan poco. ¿Y todavía me preguntas por qué dudo de tu amor?
    El hombre la mira a los ojos y le coge las manos.
    -Te quiero. ¿Me oyes bien? Te q u i e r o.
    -Oh, «te quiero», «te quiero»... Es muy fácil decir «te quiero».
    -¿Qué quieres que haga? ¿Que me mate para demostrártelo?
    -No seas melodramático. No me gusta nada ese tono. Pierdes la paciencia enseguida. Si me quisieras de verdad no la perderías tan fácilmente.
    -Yo no pierdo nada. Sólo te pregunto una cosa: ¿qué te demostraría que te quiero?
    -No soy yo la que tiene que decirlo. Tiene que salir de ti. Las cosas no son tan fáciles como parecen. -Hace una pausa. Contempla a Raül y suspira-. Quizá sí tendría que creerte.
    -¡Pues claro que tienes que creerme!
    -Pero ¿por qué? ¿Qué me asegura que no me engañas o, incluso, que tú mismo estás convencido de que me quieres pero en el fondo del fondo, sin tú saberlo, no me quieres de verdad? Bien puede ser que te equivoques. No creo que obres de mala fe. Creo que cuando dices que me quieres es porque lo crees. Pero ¿y si te equivocas? ¿Y si lo que sientes por mí no es amor sino afecto, o algo parecido? ¿Cómo sabes que es amor de verdad?
    -Me aturdes.
    -Perdona.
    -Yo lo único que sé es que te quiero y tú me desconciertas con preguntas. Me hartas.
    -Quizá es que no me quieres.
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  • 10/12/2006 17:30
  • · Activia 2.0 ·


    20061211134826-activia-2.0.gifPor los pasillos de las oficinas ultrasecretas de Danone (sólo conocidas por Google) venía corriendo un señor con bata blanca y una probeta en la mano. Abrió de sopetón la puerta de uno de los laboratorios, sin hacer uso del identificador por iris ocular que no funcionaba desde que una trabajadora gallega le echase mal de ojo. Los compañeros desviaron su atención de los instrumentos en pos del intruso, menos Paco que estaba ensimismado mirando por microscopio cómo copulaban dos bífidus especialmente activos. “Pero bueno, que hay gente trabajando, un poquito de por favor”, dijeron al unísono. Ramón, el intruso, se detuvo en seco bajo el umbral, con la probeta en la mano y el sonrojo en las mejillas. “Lo tenemos, ¡lo tenemos!”, dijo. Sus compañeros se pusieron en pie de inmediato, menos Paco, y comenzaron a lanzar gritos de alegría. Por fin se había logrado una nueva generación de bífidus capaces de aniquilar los de la competencia. Bastaría un único yogur para que el cliente quedase inmunizado contra cualquier otro no patentado por Danone, ¡un hito de la ingeniería alimenticia! Entonces Paco apartó distraído la mirada del microscopio y mientras miraba con tristeza a sus compañeros dijo: “Haz el amor, no la guerra.”
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  • 11/12/2006 19:02
  • Melancolía del desaparecer |Agustín de Foxá|


    20061211213530-2061212-entierro.jpg
    Y pensar que después que yo muera,
    aún surgirán mañanas luminosas,
    que bajo un cielo azul, la primavera
    indiferente a mi mansión postrera
    encarnará en la seda de las rosas.
    Y pensar que desnuda, azul, lasciva,
    sobre mis huesos danzará la vida,
    y que habrá nuevos cielos de escarlata
    bañados por la luz del sol poniente,
    y noches llenas de esa luz de plata,
    que inundaban mi vieja serenata
    cuando aún cantaba Dios bajo mi frente.
    Y pensar, que no puedo en mi egoísmo,
    llevarme al sol ni al cielo en mi mortaja;
    que he de marchar yo solo, hacia el abismo.
    Y que la luna brillará lo mismo,
    y ya no la veré desde mi caja. 
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  • 12/12/2006 20:17
  • El hombre feliz |Bertrand Russell| [fragmentos del capítulo XVII de La conquista de la felicidad]


    20080329223349-el-hombre-feliz.jpgEs evidente que la felicidad depende, en parte, de las circunstancias y, en parte, de uno mismo. En este libro [La conquista de la felicidad] nos hemos ocupado de la parte que depende de uno mismo, y hemos llegado a la conclusión de que la receta para la felicidad es muy sencilla. Muchos creen, y entre ellos mister Krutch, de quien he hablado en un capítulo anterior, que es imposible la felicidad sin un credo más o menos religioso. Muchos que son desgraciados creen que su infortunio es de raíces complicadas y muy intelectuales. Yo no creo que sean éstas las causas de la felicidad ni de la desgracia; creo que no son más que síntomas. El hombre desgraciado tiende a adoptar un credo desgraciado y el hombre feliz un credo feliz: cada uno atribuye su felicidad o su desgracia a sus ideas, cuando ocurre todo lo contrario. (...) Cuando las circunstancias exteriores no son definitivamente adversas, el hombre debería ser feliz siempre que sus pasiones se dirijan hacia afuera, no hacia dentro. Nuestro esfuerzo debiera, pues, tender, tanto en la educación como en las relaciones sociales, a evitar las pasiones egocéntricas y la adquisición de afectos e intereses que impidan a nuestro pensamiento encerrarse perpetuamente dentro de sí mismo. Los hombres no son felices en una prisión, y las pasiones encerradas dentro de nosotros mismos constituyen la peor de las prisiones. (...)
     
    El hombre feliz es el que vive objetivamente, el que tiene afectos libres y se interesa en cosas de importancia, el que asegura su felicidad gracias a esos afectos e intereses, y por el hecho de que le han de convertir a su vez en objeto de interés y de cariño para muchas otras personas. El cariño recibido es una causa importante de felicidad; pero no es precisamente la persona que lo pide aquella a quien se lo dan. De una manera general, puede decirse que el que recibe cariño es quien a su vez lo da. Pero es inútil procurar darlo por cálculo, a la manera que se presta dinero con interés, porque el cariño calculado no es legítimo, y así lo cree quien lo recibe.
     
    (...) No cabe duda de que deseamos la felicidad de aquellos a quienes amamos; pero no como una alternativa para nuestra propia felicidad. De hecho, la antítesis entre el yo y el resto del mundo implícita en la doctrina de la abnegación, desaparece tan pronto como tengamos un interés verdadero por personas o cosas ajenas a nosotros mismos. Gracias a tales intereses, el hombre llega a sentirse como una parte de la corriente de la vida, y no una entidad fríamente separada como una bola de billar que no tiene más relación que la del choque con las otras bolas. Toda desgracia depende de alguna clase de desintegración o falta de integración; hay desintegración dentro del yo por falta de coordinación entre lo consciente y lo inconsciente; hay falta de integración entre el individuo y la sociedad cuando no están unidos por la fuerza de intereses y afectos objetivos. El hombre feliz es el que no siente el fracaso de unidad alguna, aquel cuya personalidad no se escinde contra sí mismo ni se alza contra el mundo. El que se siente ciudadano del universo y goza libremente del espectáculo que le ofrece y de las alegrías que le brinda, impávido ante la muerte, porque no se cree separado de los que vienen en pos de él. En esta unión profunda e instintiva con la corriente de la vida se halla la dicha verdadera.
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  • 13/12/2006 21:59
  • El viejo toro |Anthony C. Grayling|


    20061213222237-2061214-toro.gifUn toro joven ve que la valla del campo lindante, lleno de vacas, está abierta. Alegre, le dice al toro viejo: «Mira, ¡la puerta está abierta! ¡Apurémonos y aprovechémonos de unas cuantas!». A lo cual el toro viejo responde: «No, vayamos despacio y aprovechémonos de todas».
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  • 14/12/2006 20:10
  • · Mi blog ·


    20061215214413-2061215.jpgInquieto cada vez más ante las inquietudes que me inquietan y queriendo dar desahogo al ahogo que me producen, hace una semana decidí crear un blog para mis momentos de intimidad pública. El lunes escribí lo mal que me cae el jefe en la puerta del lavabo del excusado, un clásico de la introspección. El martes lo escribí en la máquina del café, promoviendo la tertulia. El miércoles lo escribí en el techo de la oficina, cambiando puntos de vista. El jueves lo grabé con un buril en el parabrisas de su coche nuevo, ampliando horizontes. El viernes me despidieron, total, por un blog.
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  • 15/12/2006 21:44
  • Epigrama |Marcial|


    20061215184720-2061215.gifVitam quae faciunt beatiorem,
    iucundissime Martialis, haec sunt:
    res non parta labore, sed relicta;
    non ingratus ager, focus perennis;
    lis nunquam, toga rara, mens quieta;
    vires ingenuae, salubre corpus,
    prudens simplicitas, pares amici,
    convictus facilis, sine arte mensa;
    nox non ebria, sed soluta curis;
    non tristis torus, attamen pudicus;
    somnus qui faciat breves tenebras;
    quod sis esse velis nihilque malis,
    summum nec metuas diem nec optes.
     
    [Son éstas, mi queridísimo Marcial,/ las cosas/ que hacen la vida más feliz:/ un patrimonio/ no con esfuerzo acumulado,/ sino heredado;/ un campo fértil,/ un fogón siempre encendido,/ ningún pleito y en ningún lugar,/ pocas visitas y un ánimo tranquilo,/ fuerzas de hombre sobrio y elegante/ en un cuerpo lleno de salud,/ sabia simplicidad, amigos iguales,/ huéspedes que no sean difíciles,/ sencilla la comida,/ noches sin ebriedad,/ libres de ansias y preocupaciones,/ en la cama con una mujer alegre,/ y sin embargo púdica,/ un sueño que vuelva breves las tinieblas;/ estar contento con uno mismo,/ no desear otra cosa,/ no temer ni anhelar/ el último día.]
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  • 16/12/2006 18:58
  • Las cosas |Jorge Luis Borges|


    20061217183729-2061217.jpg
    El bastón, las monedas, el llavero,
    la dócil cerradura, las tardías
    notas que no leerán los pocos días
    que me quedan, los naipes y el tablero,
    un libro y en sus páginas la ajada
    violeta, monumento de una tarde
    sin duda inolvidable y ya olvidada,
    el rojo espejo occidental en que arde
    una ilusoria aurora. ¡Cuántas cosas,
    láminas, umbrales, atlas, copas, clavos,
    nos sirven como tácitos esclavos,
    ciegas y extrañamente sigilosas!
    Durarán más allá de nuestro olvido;
    no sabrán nunca que nos hemos ido. 
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  • 17/12/2006 18:28
  • · Ranueva ·


    20061217114030-2061218-postes.jpgLa rana metió en un hatillo de helecho sus pocas pertenencias y de un salto abandonó la charca. Ante ella se extendía el inmenso erial que rodeaba aquel eximio afloramiento de agua, paraíso líquido, cuna y sepultura de sus ancestros, hogar de los allegados. Matojos secos y rastrojos crujían cuando el viento soplaba a su través, no había vuelta atrás, la decisión había sido tomada y el primer salto ya había sido dado, las consecuencias sólo podían ser inevitables a partir de aquel momento. Durante el día se agazapaba en la sombra de alguna piedra, no hubiera resistido los hirientes rayos que a otros colman de alegría. Avanzaba de noche cuando todos los gatos son pardos y no pocos los peligros para una rana del páramo, pero ella avanzaba con la fuerza de sus ancas, seguía recto, hacia donde la noche siempre parecía más oscura, hasta que los primeros rayos del sol aparecían invariablemente tocando a retreta. Pasaron varias noches con sus días, sombras que proyectaban cuerpos aunque todos opinen lo contrario. Continuaba infatigable, salto a salto avanzaba, poco cada vez pero suficiente para dejar atrás la tortuga de Zenón inmovilizada desde tiempos inmemoriales en su paradoja. Llegó el alba del séptimo día, quizás un número especial para la cábala pero que para una rana lo único extraño que se le podía achacar es que terminase en timo. En uno de sus saltos cayó en terreno húmedo, otro salto más y aún había más humedad, un tercer salto y era agua lo que la recibió; el agua no juzga, sólo moja. Había llegado a dónde nadie la esperaba para encontrarse a sí misma.
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  • 18/12/2006 21:45
  • Carta del editor de la revista LEER (Julio-Agosto 2000) |José Luis Gutiérrez| [fragmento]


    20061219213027-2061219.jpgConozco desde hace ya muchos años las recomendaciones de todos los prontuarios para gobernantes para desenvolverse con posibilidades de éxito en los inclementes territorios del poder. Desde Maquiavelo a Gracián, una infinidad de autores insisten en la misma recomendación: en ciertos ámbitos de la vida en colectividad, y más concretamente, los que atañen más de cerca al uso y manejo del poder en cualquiera de sus formas, es preceptivo no fiarse nunca de los amigos.
     
    He de confesar que, salvo excepciones, no he prestado demasiada atención a tan prudente y sabia norma, por entender que acaso la vida no merezca demasiado la pena si ni siquiera puedes depositar unas dosis mínimas de confianza y buena fe en las personas en las que has invertido algún capital de afectos y coincidencias de espíritu.
     
    Este olvido de tan precavido principio me ha proporcionado sinsabores y sorpresas, cuando percibes que vínculos que pensabas sólidos y firmes se han debilitado a causa de la fatiga de los años, de la divergencia de intereses, de posicionamientos diferentes, incluso como consecuencia de interesadas activaciones desde instancias externas. O, simplemente, por ese pragmatismo creciente que emana del simple hecho de envejecer, pues la amistad parece asunto más propio de la adolescencia o la juventud, que es momento vital en el que los hombres albergan dentro de sí las intenciones más idealistas, limpias y pujantes. A veces, incluso el mero hecho de considerar el impulso amistoso puede ocasionar que te sitúen bajo el nada recomendable síndrome de Peter Pan.
     
    Y al final, cuando comienzan a aparecer los recelos y las desconfianzas, las miradas furtivas, los campos de minas, los cepos trampas y otros ademanes del arsenal de gestos y conductas que advierten del engaño o la traición, decides refugiarte en la melancolía ante la índole intrínsecamente perversa de la condición humana o guarecerte al abrigo de los libros-testimonio o el memorialismo.
     
    Pero junto a deslealtades o decepciones, tan escasamente práctico proceder te suscita también grandes satisfacciones, pues el comportamiento humano es tan proteico y cambiante que junto a las mayores miserias de las conductas ávidas de poder y en pos de la recompensa, también te topas con algunas gentes limpias, desinteresadas, espiritualmente impecables.
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  • 19/12/2006 21:30
  • El cautivado [costumbre navideña de la Provenza]


    20061220214633-2061221.jpgEs un pobre hombre, muy inocente, que llega al portal de Belén con las manos vacías porque está demasiado ocupado admirando todo lo que ve, cautivado por la belleza de las cosas. Un villancico cuenta la historia:
     
                Y el cautivado alzaba los brazos
                diciendo: ¡Dios mío,
                qué cosa tan hermosa:
                un hombre que era desgraciado
                y ya no lo es!
     
    Sus compañeros se burlan de él, le llaman vago, le acusan de no haber hecho nunca nada:
     
                ¿Cómo que no hice nada?,
                miré a los demás y les animé.
                Les dije que eran buenas personas,
                y que hacían cosas hermosas.
     
    Los demás siguen burlándose, hasta que interviene la Virgen:
     
                No les hagas caso, cautivado.
                Tú viniste a la tierra para admirar:
                cumpliste tu misión y tendrás tu recompensa.
                El mundo será maravilloso,
                mientras haya gentes capaces de admirar.
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  • 20/12/2006 21:44
  • Villancico en Central Park |José Hierro|


    20061221212240-2061221cp.jpg

    Mañanitas floridas
    del frío invierno
    recordad a mi niño
    que duerme al hielo.
    LOPE DE VEGA

     

    Vistió la noche, copo a copo,
    pluma a pluma,
    lo que fue llama y oro,
    cota de malla del guerrero otoño
    y ahora es reino de la blancura.
    ¿Qué hago yo, profanando, pisando
    tan fragilísimo plumaje?
    Y arranco con mis manos
    un puñado, un pichón de nieve,
    y con amor, y con delicadeza y con ternura
    lo acaricio, lo acuno, lo protejo.
    Para que no llore de frío.

  • Tema: P O E M A S
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  • 21/12/2006 21:22
  • · Luna azul ·


    20061223101344-2061222la.jpg
    Amor, te quise tanto, tanto,
    cuando pensaba quererte,
    que ahora que no pienso
    siento que no te quiero.
  • Tema: + p o e m a s
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  • 22/12/2006 18:09
  • · dixit I ·


    Dice Carmen Martín Gaite en sus Cuadernos de todo: “No hay duda de que lo que no voy escribiendo, por escribir se queda. Me quiero engañar, pensando vagamente que cada visión y experiencia me enriquece, y así me van lloviendo encima los días, sin que me esfuerce por investigar en qué aljibe se recoge toda esa agua o qué tierra fertiliza. Me conformo con alimentar la débil esperanza de que un día u otro recogeré el tiempo de este tiempo cuyo pasar acecho pasmada, inmóvil, con esa mezcla de resignación y sobresalto con que se pulsa en la noche la muñeca de un enfermo, esperando el milagro de la mejoría. Pero ponerse a escribir es un oficio y un oficio que exige disciplina. Las manos se entumecen, se amodorran, sin entrenamiento.”
     
    Aquí empieza el mío.
  • Tema: c u a d e r n o
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  • 23/12/2006 20:02
  • La Nochebuena de 1836. Yo y mi criado. Delirio filosófico |Mariano José de Larra|


    20061224112012-2061224nb.jpg(Por esta vez sacrifico la urbanidad a la verdad. Francamente, creo que valgo más que mi criado; si así no fuese, le serviría yo a él. En esto soy al revés del divino orador, que dice: Cuadra y yo.)
     
    El número 24 me es fatal: si tuviera que probarlo, diría que en día 24 nací. Doce veces al año amanece, sin embargo, día 24; soy supersticioso, porque el corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer; sin duda por esa razón creen los amantes, los casados y los pueblos a sus ídolos, a sus consortes y a sus Gobiernos, y una de mis supersticiones consiste en creer que no puede haber para mí un día 24 bueno. El día 23 es siempre en mi calendario víspera de desgracia, y a imitación de aquel jefe de policía ruso que mandaba tener prontas las bombas las vísperas de incendios, así yo desde el 23 me prevengo para el siguiente día de sufrimiento y resignación, y, en dando las doce, ni tomo vaso en mi mano por no romperle, ni apunto carta por no perderla, ni enamoro a mujer porque no me diga que sí, pues en punto a amores tengo otra superstición: imagino que la mayor desgracia que a un hombre le puede suceder es que una mujer le diga que le quiere. Si no la cree es un tormento, y si la cree... ¡Bienaventurado aquel a quien la mujer dice no quiero, porque ése a lo menos oye la verdad!
     
    El último día 23 del año 1836 acababa de expirar en la muestra de mi péndola, y consecuente en mis principios supersticiosos, ya estaba yo agachado esperando el aguacero y sin poder conciliar el sueño. Así pasé las horas de la noche, más largas para el triste desvelado que una guerra civil; hasta que por fin la mañana vino con paso de intervención, es decir, lentísimamente, a teñir de púrpura y rosa las cortinas de mi estancia.
     
    El día anterior había sido hermoso, y no sé por qué me daba el corazón que el día 24 había de ser día de agua. Fue peor todavía: amaneció nevando. Miré el termómetro y marcaba muchos grados bajo cero; como el crédito del Estado.
     
    Resuelto a no moverme porque tuviera que hacerlo todo la suerte este mes, incliné la frente, cargada como el cielo de nubes frías, apoyé los codos en mi mesa y paré tal que cualquiera me hubiera reconocido por escritor público en tiempo de libertad de imprenta, o me hubiera tenido por miliciano nacional citado para un ejercicio. Ora vagaba mi vista sobre la multitud de artículos y folletos que yacen empezados y no acabados ha más de seis meses sobre mi mesa, y de que sólo existen los títulos, como esos nichos preparados en los cementerios que no aguardan más que el cadáver; comparación exacta, porque en cada artículo entierro una esperanza o una ilusión. Ora volvía los ojos a los cristales de mi balcón; veíalos empañados y como llorosos por dentro; los vapores condensados se deslizaban a manera de lágrimas a lo largo del diáfano cristal; así se empaña la vida, pensaba; así el frío exterior del mundo condensa las penas en el interior del hombre, así caen gota a gota las lágrimas sobre el corazón. Los que ven de fuera los cristales los ven tersos y brillantes; los que ven sólo los rostros los ven alegres y serenos...
     
    Haré merced a mis lectores de las más de mis meditaciones; no hay periódicos bastantes en Madrid, acaso no hay lectores bastantes tampoco. ¡Dichoso el que tiene oficina! ¡Dichoso el empleado, aun sin sueldo o sin cobrarlo, que es lo mismo! Al menos no está obligado a pensar, puede fumar, puede leer la Gaceta.
     
    -¡Las cuatro! ¡La comida!-, me dijo una voz de criado, una voz de entonación servil y sumisa; en el hombre que sirve, hasta la voz parece pedir permiso para sonar.
     
    Esta palabra me sacó de mi estupor, e involuntariamente iba a exclamar como Don Quijote: "Come, Sancho, hijo, come, tú que no eres caballero andante y que naciste para comer''; porque al fin los filósofos, es decir, los desgraciados, podemos no comer, pero ¡los criados de los filósofos! Una idea más luminosa me ocurrió; era día de Navidad. Me acordé de que en sus famosas saturnales los romanos trocaban los papeles y que los esclavos podían decir la verdad a sus amos. Costumbre humilde, digna del cristi... _____leer+_____
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  • 24/12/2006 12:15
  • · orphans: Brawlers, Bawlers & Bastards |Tom Waits| [2006] ·


    20061226182944-2061225.jpg¿Existe la magia? Menuda tontería, claro que no, eso creía yo... Me han regalado mi primer disco de Tom Waits, su último orphans, formado con canciones alborotadoras, boceantes y bastardas, es decir, descartadas de discos anteriores. Con semejantes antecedentes la decepción está al acecho en espera de su oportunidad. Hasta que descubres que colocarlo en el reproductor es meter la mano en una chistera de la que saldrán sonidos sorprendentes rodeados de recitaciones hipnóticas, es dejarse serrar por su voz áspera y recomponerse milagrosamente cuando el disco deja de girar, es hundirse en la tierra y es levitar,... es magia que se ha podido grabar.
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  • 26/12/2006 18:29
  • Apreciemos el instante |Robaiyyat de Omar Jayyam|


    20061225180922-2061225.jpg
    Un instante separa devoción de blasfemia,
    un instante divide lo cierto de lo incierto;
    disfruta de este instante y tenlo en mucho aprecio,
    que el total de la vida suma lo que este instante.
  • Tema: P O E M A S
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  • 27/12/2006 18:25
  • La primera broma de la historia |Jorge Wagensberg|


    20061227193139-2061228l.jpgNada más remoto en el tiempo que unas pisadas dejadas por unos homínidos durante el Plioceno. Nada menos familiar, en principio, que el paisaje de la meseta de Eyasi en Tanzania donde, en 1977, se encontraron tales huellas fósiles. Y, sin embargo, hay algo muy íntimo en estos restos. Tres individuos bípedos, quizás un varón, una hembra y un niño, caminaban durante un cálido atardecer, poco antes de que una lluvia de ceniza volcánica sacara un molde de su rastro en el húmedo terreno: una auténtica fotocopia en piedra de veinticinco metros de longitud. Un testimonio de tres millones y medio de años para un suceso que apenas había durado unos segundos. Algo había oído decir de las pisadas fósiles de Laetoli atribuidas a Australopithecus afarensis. Ponerse de pie y liberar las manos es lo primero que hace falta para desarrollar la inteligencia. Disponer del concepto mano es condición necesaria para poder convertir ideas en objetos, teoría en práctica, y para, en definitiva, empezar a hacer ciencia, probablemente la forma de conocimiento más antigua del mundo (he aquí, por cierto, el tapón evolutivo con que se enfrenta, pongamos por caso, el ya de por sí despabilado delfín). Pasmado ante una fiel reproducción de las célebres huellas en el Musée de l’Homme, a uno le daba casi por jalear mentalmente a la evolución biológica: «¡ánimo Australopithecus, ya estás en pie!». Era el principio de un largo camino: aún habían de transcurrir más de un millón de años para la industria lítica, tres millones de años para descubrir el fuego y casi tres y medio para enterrar a los muertos. Pero nadie me había comentado nunca un detalle extraordinario de las huellas de Laetoli. Las huellas del paseante de tamaño medio están ¡todas! meticulosamente sobreimpresas en el interior de las huellas del adulto. Éste era el detalle entrañable. Entrañable... ¿por qué?
     
    El adulto va delante. La huella de tamaño intermedio es necesariamente posterior a la de mayor tamaño. Poco importa si su autor, llamémosle Lucy, iba sólo unos metros detrás o si pasó por allí al día siguiente (según los expertos, la diferencia no pudo ser superior a unas dos semanas). Lo que sí está claro es que Lucy caminaba mirando al suelo, atentísima a las huellas que la precedían y, dada su menor estatura, acaso se viera obligada a forzar el paso o incluso a dar graciosos saltitos. ¿Había alguna razón para un comportamiento así? Un peligro tipo campo de minas no parece muy verosímil, ni tampoco cierto raro automatismo, pues, en tal caso, el tercer individuo hubiera actuado de la misma manera. ¿De qué se trataba entonces? ¿De un juego?
     
    Seguro, pero de un juego muy especial. De hecho, los cachorros de muchos animales juegan y el juego les sirve para aprender a ser mayor. Pero el juego de Lucy tiene unas reglas demasiado rigurosas y caprichosas, casi obsesivas. Lucy no tiene ni un solo fallo en su absurdo juego. Y sobre todo eso: su juego no sirve para nada. Lucy, sencillamente, se aburre. Juega para matar el aburrimiento. El juego no está al alcance de la otra cría, demasiado joven, y el aburrimiento no afecta al cabeza de familia, tal preocupado por alcanzar un refugio antes del anochecer. En otras palabras, se trataba, literalmente, de hacer el burro. Y, como todo el mundo sabe, ciertas burradas requieren inteligencia, en especial las deliberadamente inútiles.
     
    Hace unas semanas le sugería a un eminente paleoantropólogo que en Laetoli quizá se había encontrado la primera broma fósil de la historia. «Lo sé por pura casualidad...», respondí, «¡yo hacía exactamente lo mismo en la playa, cuando era un niño!» (Y todavía lo hago, aunque ahora sólo cuando estoy seguro de que nadie se fija en mí y de que no se avecina ninguna erupción volcánica en la comarca.)
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  • 28/12/2006 18:07
  • · L'illa dels esclaus |Biblioteca de Catalunya| ·


    20061229192105-2061229dfie.jpgLa Companyia Dei Furbi se lanza a las turbulentas y traicioneras líneas de un texto de Marivaux, soltándose valientemente del asidero de los divertimentos anteriores y prescindiendo del continuo jolgorio enmascarado. Y, al igual que los personajes de L'illa dels esclaus, consiguen salvarse sobradamente ante lo que hubiera podido ser el naufragio de su cambio de rumbo.
     
    Una comèdia francesa impregnada de la tradició de la Commedia dell'Arte italiana, una metàfora sobre la corrupció inherent als mecanismes del poder: Ifícrates i Arlequí el seu criat, junt a Eufrosina i la seva criada Cleantis, han naufragat i es troben en una illa dominada per esclaus alliberats. Obligats a acceptar les seves lleis, els patrons seran esclaus i els criats seran els nous patrons.
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  • 29/12/2006 19:09
  • · El Gran Secret |Teatre Nacional de Catalunya| ·


    20061230213625-2061230gs.jpgEl gran secreto es que el amor no correspondido es una invención, lo dicen al principio y la obra se dedica a demostrárnoslo. Es más, a mí me ha convencido incluso de que el amor, todo él, es una invención. Los modelos para nuestras relaciones se toman de la ficción y sólo podemos elegir si comportarnos trágica, cómica o dramáticamente. Seducir es representar un papel que la cotidianeidad se ocupará de rasgar por muy pintado de azul que esté.
     
    Sin embargo, esto intentaba ser una crítica de teatro: La obra es muy interesante, bien representada y con esas grandes dosis de imaginación visual a las que nos tiene bien acostumbrados Comediants. Las elucubraciones respecto al amor son eso, elucubraciones.
     
    Aunque no puedo evitarlo: El amor es una invención, lo importante es querer de verdad.
     
    [Albert Espinosa dixit:] El gran secret és, sens dubte, una preciosa història d’amor entre en Joan Font i un servidor. Una història que va tenir com a teló de fons el teatre. Vaig conèixer en Joan quan ell estrenava l’espectacle Bi a Pequín i jo feia un documental com a guionista a TV3 sobre la barreja entre orient i occident. L’eufòria i l’amor pel teatre i per la vida que es desprenen d’en Joan em van fascinar. És una persona capaç d’il·lusionar-se, i sempre sembla que faci les coses per primer cop. I també m’entusiasmava el món visual de Comediants en aquell Pequín tan llunyà. Vam voler trobar un projecte en comú i, de cop, en va sortir un. I el tema havia de ser el teatre, la història del teatre. Al cap i a la fi, però, el teatre està al costat de l’amor. Per què no fer, doncs, una història de l’amor? Teatre i amor, un binomi que dóna ales a tothom.
     
    El gran secret fa un repàs per la història del teatre, un repàs diferent, atrevit, irònic i divertit. Un repàs que estableix connexions entre el teatre i l’amor, dos grans temes que estan molt interrelacionats.
     
    Perquè, ¿estimem de la manera que estimem gràcies al teatre? El teatre ens ha donat Romeo i Julieta, ens ha donat La gata sobre la teulada de zinc. ¿Sense aquestes dues obres, sabríem estimar de la manera que estimem o estimem de la manera que ens suggereix el teatre?
     
    Una obra plena de diversió, d’imatges, de tendresa i d’il·lusió, que desitgem que resti en les retines de tota aquella gent que vingui a veure-la.
  • Tema: E V E N T O S
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  • 30/12/2006 21:36
  • Añoranza |Tom Wujec| [traducción: M. Taboada]


    20061230152712-2061230abc.jpg
    Alzábanse allí antaño abetos, abedules,
    ballet benevolente, belleza bienhechora...
    Calveros coloridos, con cánticos campestres
    de divinas doncellas, desbordantes de dádivas.
    Extendíanse entonces en edénico espacio
    florestas fabulosas, fortalezas fantásticas.
    Graciosas golondrinas giraban gayamente
    -homenaje hechizante, horizonte hiperbólico-,
    instaurando ideales, inscribiendo ilusiones.
    ¡Jornadas jubilosas, jolgorios juveniles,
    kermesses kaiserianas, kioscos kilométricos!
    Luengos lustros labraron las lúdicas leyendas.
    Mis muertos mantuvieron mil mitos memorables.
    Nacieron nuestros niños, nidada numerosa...
    Olvidando orgullosos obsoletas ofrendas,
    partieron presurosos, petulantes, pueriles.
    Quedamos quebrantados, quietamente quejosos.
    Recordando riquezas, rumiábamos rencores...
    Sursum! Sonreíamos serenos, sosteniéndonos solos.
    Trabajando tenaces, tolerantes, tranquilos,
    una ufana utopía urdiremos unánimes.
    Valientes, volaremos venerables vestigios
    -Walhallas, Waterloos, Washingtones, walkirias,
    xirimías, xilófonos, xenofobias, xenones-,
    ya yertos y yacentes, yugulados y yermos.
    ¡Zanjemos zarandajas, zarpemos zahareños...!
    ¡Adiós, ahora, amigos! Agotado abandono...
  • Tema: P O E M A S
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  • 31/12/2006 12:39



  • · POST SCRIPTUM ·
    Los artículos cuyo título comienza y termina con un punto alto son propiedad intelectual de Amkiel, salvo las partes indicadas que pudiera haber. El resto de los artículos son ajenos y pertenecen a sus autores, según se informa en el título salvo error u omisión. Las imágenes también son ajenas pese a omitirse su origen, dada la dificultad de su identificación en general.

    ...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.

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