

| Son gente. De eso no cabe duda. Gente como nosotros, que come, que duerme, que se entume, que suda, que odia, que ama. Gente como toda la gente, y sin embargo ― diferente. Como les hemos arrancado todos los botones, caminan agarrándose los pantalones, y llevan el cuerpo doblegado. Pudiera ser cansancio, pero no es eso. Pudiera ser vergüenza... En fin, qué nos importa: ¡Son nuestros prisioneros! Está prohibido darles cigarrillos. Bien. Se los daré a escondidas. Alguno de ellos debe de haber leído a Goethe; o será de la familia de Beethoven o de Kant; o sabrá tocar el violoncelo... |
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.