

| MIRABA los otoñales goterones resbalar. ¿Irán, me decía, al mar los ríos de los cristales? Tras las gotas, el camino encharcado se perdía en una vuelta. Había un cierto color de vino en la tranquila arboleda y desgastados azules velados como entre tules de una cansada humareda. Yo miraba la mañana como a través de las gotas y me parecían rotas estampas de la ventana. ¿Irán al mar, me decía? Y el eco me respondía como acostumbra la muerte: todo es cuestión de suerte. |
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.