

Por fin me he decidido a dar un paso tan delicado y, en este momento y en este lugar, voy a salir de la nevera: Soy asexual. No me gustan ni los hombres ni las mujeres, abomino de todos los congéneres que se dejan guiar por un puñado de hormonas al que gustan de llamar "amor", "cariño" y otras patrañas similares. Lo mejor es pensarse asexual y no tener el menor interés por el cuerpo ajeno. La espiritualidad es el desprendimiento de lo corporal y la culminación de la humanidad, la aniquilación de los instintos ha de ser nuestro objetivo. Ahora, si me perdonan, me voy a echar un polvete con mi novia que, menos mal, no comparte mis ideas.
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.