

| Y pensar que después que yo muera, aún surgirán mañanas luminosas, que bajo un cielo azul, la primavera indiferente a mi mansión postrera encarnará en la seda de las rosas. Y pensar que desnuda, azul, lasciva, sobre mis huesos danzará la vida, y que habrá nuevos cielos de escarlata bañados por la luz del sol poniente, y noches llenas de esa luz de plata, que inundaban mi vieja serenata cuando aún cantaba Dios bajo mi frente. Y pensar, que no puedo en mi egoísmo, llevarme al sol ni al cielo en mi mortaja; que he de marchar yo solo, hacia el abismo. Y que la luna brillará lo mismo, y ya no la veré desde mi caja. |
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.