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  • Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2008.

    Resumen

    · sine die ·

    Tema: e s b o z o s ~ 01/11/2008 13:03 ~ Hay 10 comentarios.

    20081101130846-sine-die.jpg

    Si pudiera decidir
    el momento de mi muerte
    elegiría ayer.
     
    Así hoy no tendría
    miedo a morir.

    La taza de té vacía |Lou Marinoff|

    Tema: S E N T I R ~ 02/11/2008 11:34 ~ Hay 11 comentarios.

    20061207200654-2061207-tetera.gif

    Un monje tenía siempre una taza de té al lado de su cama. Por la noche, antes de acostarse, la ponía boca abajo y, por la mañana, le daba la vuelta. Cuando un novicio le preguntó perplejo acerca de esa costumbre, el monje explicó que cada noche vaciaba simbólicamente la taza de la vida, como signo de aceptación de su propia mortalidad. El ritual le recordaba que aquel día había hecho cuanto debía y que, por tanto, estaba preparado en el caso de que le sorprendiera la muerte. Y cada mañana ponía la taza boca arriba para aceptar el obsequio de un nuevo día. El monje vivía la vida día a día, reconociendo cada amanecer que constituía un regalo maravilloso, pero también estaba preparado para abandonar este mundo al final de cada jornada.

    Todas as cartas de amor são ridículas |Fernando Pessoa|

    Tema: S E N T I R ~ 03/11/2008 21:34 ~ Hay 7 comentarios.

    20081103222841-todas-as-cartas-de-amor-sao-ridii-culas.jpg

    Todas as cartas de amor são
    Ridículas.
    Não seriam cartas de amor se não fossem
    Ridículas.
     
    Também escrevi em meu tempo cartas de amor,
    Como as outras, 
    Ridículas.
    As cartas de amor, se há amor,
    Têm de ser 
    Ridículas.
     
    Mas, afinal,
    Só as criaturas que nunca escreveram
    Cartas de amor
    É que são
    Ridículas.
     
    Quem me dera no tempo em que escrevia
    Sem dar por iso
    Cartas de amor
    Ridículas.
     
    A verdade é que hoje
    As minhas memórias
    Dessas cartas de amor
    É que são
    Ridículas.
     
    (Todas as palavras esdrúxulas,
    Como os sentimentos esdrúxulos,
    São naturalmente
    Ridículas).



    Todas las cartas de amor son
    ridículas.
    No serían cartas de amor si no fuesen
    ridículas.
     
    También escribí en mi tiempo cartas de amor,
    como las demás,
    ridículas.
     
    Las cartas de amor, si hay amor,
    tienen que ser
    ridículas.
     
    Pero, al fin y al cabo,
    sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor
    sí que son
    ridículas.
     
    Quién me diera en el tiempo en que escribía
    sin darme cuenta
    cartas de amor
    ridículas.
     
    La verdad es que hoy mis recuerdos
    de esas cartas de amor
    sí que son
    ridículos.
     
    (Todas las palabras esdrújulas,
    como los sentimientos esdrújulos,
    son naturalmente
    ridículas).

    CALLES Y CASAS |Alejandro Rossi| [fragmento]

    Tema: P E N S A R ~ 04/11/2008 21:25 ~ Hay 7 comentarios.

    20081102122538-calles-y-casas-.jpg

    Tengo amigos y el deseo de verlos sobreviene de pronto, esa urgencia de comunicar algo, una sensación, un fervor, una angustia, ahondar en la charla ese atisbo mínimo que quizás tuvimos. O buscarlos para monologar, para quejarnos, para recibir apoyo. O quedarnos callados, sin obligaciones pirotécnicas, en calma, esas conversaciones lentas, sin tema fijo, sin conclusiones, descansadas y azarosas. Son, aun en este caso, necesidades inmediatas cuya satisfacción exige un plazo. El entusiasmo se apaga si para encontrarnos debemos esperar cinco días, y para esas fechas es posible que también la depresión haya desaparecido. Existe el valium, el autoengaño y el sueño. Me gustaría, entonces, que mis amigos estuviesen cerca, que nos reuniéramos caminando apenas unas cuadras o en algún sitio que la costumbre haya establecido. Quisiera que la amistad recogiera esas efusiones momentáneas, los instantes del abandono o de la sinceridad, la trama viva de nuestras horas. La ciudad no favorece esa intimidad. Ni uno solo de mis amigos vive en la misma zona. Nos frecuentamos, todavía hablamos, pero hemos perdido ese trato cotidiano. La lejanía y las ocupaciones imponen estrategias complicadas: mañana es imposible, pasado mañana soy yo el que no puede, habrá que hacer una cita para el fin de semana, no éste, claro, porque saldrá fuera de la ciudad, tal vez el próximo, o mejor esperar una vacación, ya se acerca el día de los muertos y, además, no falta tanto para las navidades. La amistad se nutre de cenas planeadas con anticipación protocolaria, de encuentros esporádicos y fatigosos, porque él, obviamente, vive en el Sur y yo en el Norte. Queda el teléfono. Sé que para algunos lo resuelve todo: lo utilizan para llamar al plomero, para saber la hora, para despertarse a tiempo, para seducir, para indignarse o relatar con minucia los estados de ánimo -asombrosos y únicos- que los invaden en esos instantes. Personas que no organizan los encuentros al través del teléfono, sino que es allí donde se reúnen. Me sucede lo contrario, y frente a él carezco de naturalidad o tal vez de la técnica adecuada. Lo vivo como un símbolo de alarma, un aparato que se emplea para comunicar cosas urgentes, noticias que modifican mis planes o alteran la normalidad del día. Como si pensara que el teléfono es el vehículo de lo extraordinario. Cuando suena, la primera reacción es ocultarme, me acerco con desgana y si equivocaron el número siempre experimento alivio. La conversación telefónica tolera mal las pausas, los silencios, esas interrupciones que se conceden incluso los diálogos más encendidos. No es usual que dos amigos recurran al teléfono para pasar una hora juntos sin casi hablar, cada uno bebiendo un café en su casa, sin prisa, una frase ahora y otra más adelante mientras escuchan la respiración del otro. Por teléfono hablamos más y los reposos verbales son mínimos porque un axioma preside esos intercambios: hay que responder siempre con palabras o, cuando menos, con ciertos sonidos. El teléfono, por otra parte, suprime las reacciones físicas de los interlocutores, la mirada benévola o el cabeceo que aprueba, esos signos cuya presencia tranquiliza y alienta. No lo veo, no sé si ya empezó a contar los cerillos, a hojear un libro, a poner los ojos en blanco, no sé si ya comenzó a dibujar barcos, pescados y flores. Quizá sea por eso, porque me falta el movimiento de las cejas, que el teléfono me obliga a la cortesía: afirmo cuando más bien quisiera negar, apoyo un razonamiento que me parece deleznable, participo en la dramatización de un suceso minúsculo, emito ruidos, solidarios, celebro, concedo, evito las discusiones. Soy hipócrita y elusivo. Quisiera intercambiar únicamente informaciones obtusas: el horario de los aviones, el estado del clima, la salud del Papa, el vencedor del premio Nobel, la fecha de una batalla. La conclusión es a la vez trivial y alarmante: prefiero hablar solo.

    La función del arte /1 |Eduardo Galeano|

    Tema: S E N T I R ~ 05/11/2008 21:05 ~ Hay 12 comentarios.

    20081105211340-la-funcioi-n-del-arte-1.jpg

    Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
     
    Viajaron al sur.
     
    Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
     
    Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
     
    Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
     
    -¡Ayudame a mirar!

    Nuevo canal interoceánico |Mario Benedetti|

    Tema: S E N T I R ~ 07/11/2008 19:33 ~ Hay 9 comentarios.

    20090208093601-nuevo-canal-interoceai-nico.jpg

    Te propongo construir
    un nuevo canal
    sin esclusas
    ni excusas
    que comunique por fin
    tu mirada
    atlántica
    con mi natural
    pacífico.

    El cero y el infinito |Arthur Koestler| [fragmento]

    Tema: S E N T I R ~ 08/11/2008 17:40 ~ No hay comentarios. Comentar.

    20061118222343-2061118-stalin.jpg

    [Palabras de un secuaz de Stalin:] El partido negaba la voluntad libre del individuo al tiempo que le exigía su entrega voluntaria. Negaba la capacidad de éste para elegir entre dos posibilidades, y le exigía al mismo tiempo que tomara de forma permanente la decisión correcta. Negaba la capacidad del individuo para discernir entre el bien y el mal, y le hablaba al mismo tiempo, en tonos patéticos, de culpa y traición. El individuo estaba en el signo de la fatalidad económica, como una rueda en el mecanismo de relojería que, puesto en marcha antes de todos los tiempos, hacía sonar su tic tac imparable e inaccesible, y el partido exigía que la rueda se rebelara contra el mecanismo de relojería y cambiara su curso. En algún lugar tenía que esconderse un error en este cálculo: no salían las cuentas.

    Premisas del Tao: EL CAMINO DE MENOR RESISTENCIA |R.L. Wing|

    Tema: P E N S A R ~ 09/11/2008 12:21 ~ Hay 8 comentarios.

    20080913132248-premisas-del-tao.jpg
    Actúa sin acción; trabaja sin afán.
    Saborea sin paladear.
    Magnifica lo pequeño; incrementa lo escaso.
    Paga la mala voluntad con amabilidad.
    Planea lo difícil cuando es fácil:
    maneja lo grande donde es pequeño.
    La labor más ardua del mundo comienza cuando es fácil;
    el esfuerzo mayor del mundo comienza donde es pequeño.
     
    Los individuos evolucionados, finalmente, no realizan gran acción,
    y de esa manera se alcanza lo grande.
     
    Quienes prometen fácilmente inspiran poca confianza.
    Es fácil inspirar cerrazón.
    Por tanto, los individuos evolucionados lo encaran todo como difícil.
    ¡Al final no tienen dificultades!

    Poema de la culpa |José Ángel Buesa|

    Tema: S E N T I R ~ 10/11/2008 21:47 ~ Hay 6 comentarios.

    20081110212201-poema-de-la-culpa.jpg

    Yo la amé, y era de otro, que también la quería.
    Perdónala, Señor, porque la culpa es mía.
     
    Después de haber besado sus cabellos de trigo,
    nada importa la culpa, pues no importa el castigo.
     
    Fue un pecado quererla, Señor, y, sin embargo
    mis labios están dulces por ese amor amargo.
     
    Ella fue como un agua callada que corría...
    Si es culpa tener sed, toda culpa es mía.
     
    Perdónala, Señor, tú que le diste a ella
    su frescura de lluvia y esplendor de estrella.
     
    Su alma era transparente como un vaso vacío:
    Yo lo llené de amor. Todo el pecado es mío.
     
    Pero, ¿cómo no amarla, si tú hiciste que fuera
    turbadora y fragante como la primavera?
     
    ¿Cómo no haberla amado, si era como el rocío
    sobre la hierba seca y ávida del estío?
     
    Traté de rechazarla, Señor, inútilmente,
    como un surco que intenta rechazar la simiente.
     
    Era de otro. Era de otro que no la merecía,
    y por eso, en sus brazos, seguía siendo mía.
     
    Era de otro, Señor, pero hay cosas sin dueño:
    Las rosas y los ríos, y el amor y el ensueño.
     
    Y ella me dio su amor como se da una rosa
    como quien lo da todo, dando tan poca cosa...
     
    Una embriaguez extraña nos venció poco a poco:
    Ella no fue culpable, Señor... ¡ni yo tampoco!
     
    La culpa es toda tuya, porque la hiciste bella
    y me diste los ojos para mirarla a ella.
     
    Sí. Nuestra culpa es tuya, si es una culpa amar
    y si es culpable un río cuando corre hacia el mar.
     
    Es tan bella, Señor, y es tan suave, y tan clara,
    que sería pecado mayor si no la amara.
     
    Y por eso, perdóname, Señor, porque es tan bella,
    que tú, que hiciste el agua, y la flor, y la estrella,
     
    tú, que oyes el lamento de este dolor sin nombre,
    tú también la amarías, ¡si pudieras ser hombre!

    Cuento zen

    Tema: S E N T I R ~ 11/11/2008 20:54 ~ Hay 13 comentarios.

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    Un maestro y su discípulo caminan, y el discípulo pregunta: “¿Adónde vamos, maestro?” Y el maestro responde: “Ya estamos”.

    La temible quejumbre |Javier Marías| [21/12/03]

    Tema: P E N S A R ~ 12/11/2008 21:29 ~ Hay 9 comentarios.

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    Yo no sé si recuerdan que la censura es ilegal en nuestro país desde hace veinticinco años. El apartado 2 del artículo 20 de nuestra Constitución establece que el ejercicio de los varios derechos a la libertad de expresión «no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa». Y el 5 añade que «sólo podrá acordarse el secuestro de publicaciones, grabaciones y otros medios de información en virtud de resolución judicial». Por fortuna, no ha habido apenas tentativas abiertas de enmendar estas disposiciones, pero a nadie se le escapa que ocasionalmente sí se ejerce censura, privada o pública, posterior o previa (de la previa no solemos enterarnos), o se solicita su aplicación «por motivos buenos o justos», olvidando que en este campo no hay nunca más motivo aceptable que la evitación de un grave delito (y aún).
     
    Algo que no deja de sorprenderme es el control férreo que muchas personas mantienen sobre cosa tan nimia, breve y por lo general estúpida como la publicidad. Tengo la impresión de que, al no ser ésta en rigor «informativa», ni tampoco en rigor «artística», los censores de facto se atreven a ponerle cortapisas y a intentar retirarla mucho más que a un artículo de opinión, una película o una novela. Hace unas semanas, la Defensora del Lector de este diario [El País Semanal], Malén Aznárez, dedicaba parte de su espacio a comentar las protestas recibidas por la inserción de un anuncio de reloj de caballero cuyo texto rezaba: «Casi tan complicado como una mujer. Pero puntual». Y luego, en letra más pequeña: «Desde 1868. Y mientras siga habiendo hombres». De inmediato llovieron las acusaciones de «sexismo» (fea palabra con poco sentido pero con mucha fortuna entre nosotros, como todas las americanadas verbales), con el resultado final de que el responsable de la marca, aterrado, decidió no volver a utilizar «de momento» el afrentoso anuncio en cuestión. Yo estoy convencido de que si su texto hubiera dicho «Casi tan sencillo como una mujer. Y tan puntual», las protestas no habrían sido menores. «¿Cómo que sencillas?», habrían bramado los que ahora han rugido «¿Cómo que complicadas?». «Y lo de puntuales, ¿qué va, en plan sarcástico-machista?», habrían vociferado los que ahora han aullado «¿Cómo que impuntuales? ¿Cuándo acabaremos con los tópicos sexistas?». No es la primera ni será la última vez que un anuncio se retire -se censure- por la mucha quejumbre del personal. Leo que en 2002 el Instituto de la Mujer recogió nada menos que quinientas setenta y nueve denuncias por publicidades «sexistas», incluida una que «promovía la subordinación de la mujer» al mostrar unas manos femeninas atando los cordones de unos zapatos masculinos (!). Supongo que cualquier imagen de un hombre rodilla en tierra, calzándole un zapato a una mujer -algo visto hasta la saciedad-, promovería a su vez la subordinación de aquél a ésta.
     
    Pero lo que encuentro más alarmante es la proliferación de estas protestas, que a menudo rozan la paranoia o entran de lleno en el espíritu policial-religioso franquista (que impedía la aparición de cualquier teta o culo femenino), sino el increíble miedo que inspiran a los acusados. Lo que en verdad me cuesta entender es que la asendereada Malén Aznárez se vea obligada a ocuparse del reloj ofensivo y a dar explicaciones por su aparición en el diario. Que el responsable de la marca anunciante agache la cabeza contrito y retire sin más la campaña que hizo sin mala intención y «en clave de humor». Que yo mismo, en consecuencia, juzgue oportuno dedicar un artículo a estas prácticas censoras disfrazadas de feminismo y «corrección».
     
    Uno de los mayores peligros y empobrecimientos de todo esto es que se está olvidando -o más bien condenando- la existencia del punto de vista y de la subjetividad: de quien escribe, o hace una película, o concibe un anuncio. Hace ya muchos años, tras una lectura pública en Alemania, una espectadora me preguntó por qué el inicio de un capítulo mío decía «Cuando uno está solo, cuando uno vive solo...», en vez de «Cuando una persona está sola...», y me reprochó la «discriminación». Mi respuesta fue sencilla: «Porque el narrador de la novela es un varón, y cuenta desde su punto de vista y su subjetividad. Otra cosa no tendría mucho interés, como no lo tendría un mundo en el que todos hablaran y relataran igual». De parecida manera, y salvando las distancias, un anuncio de reloj de caballero puede expresar la subjetiva idea de que el sexo opuesto resulta complicado de entender para el propio, noción muy frecuente también a la inversa, desde el punto de vista de muchas mujeres. En todo caso, ni esto ni lo de los cordones parece tan espantoso, sobre todo al lado de tantísimas acciones graves cometidas a diario contra las mujeres, en nuestro país asesinadas casi a mansalva. E indignarse por cosas tan inocuas como esos anuncios supone de hecho devaluar, abaratar, rebajar el concepto de la verdadera agresión a ellas, y mucho me temo que dice más sobre el ánimo quisquilloso y censor de los denunciantes que sobre su espíritu de equidad. De equidad entre los sexos y más allá de ellos, eso quiero decir.

    DÓNA’M LA MÀ |Joan Salvat-Papasseit|

    Tema: S E N T I R ~ 14/11/2008 20:32 ~ Hay 7 comentarios.

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    Dóna’m la mà que anirem per la riba
    ben a la vora del mar
                                         bategant,
    tindrem la mida de totes les coses
    només en dir-nos que ens seguim amant.
     
    Les barques llunyes i les de la sorra
    prendran un aire fidel i discret,
    no ens miraran;
                               miraran noves rutes
    amb l’esguard lent del copsador distret
     
    Dóna’m la mà i arrecera la galta
    sobre el meu pit, i no temis ningú.
    I les palmeres ens donaran ombra.
    I les gavines sota el sol que lluu
     
    ens portaran la salabror que amara,
    a l’amor, tota cosa prop del mar:
    i jo, aleshores, besaré ta galta;
    i la besada ens durà el joc d’amar.
     
    Dóna’m la mà que anirem per la riba
    ben a la vora del mar
                                         bategant,
    tindrem la mida de totes les coses
    només en dir-nos que ens seguim amant.

    La función del arte /2 |Eduardo Galeano|

    Tema: S E N T I R ~ 17/11/2008 21:18 ~ Hay 10 comentarios.

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    El pastor Miguel Brun me contó que hace algunos años estuvo con los indios del Chaco paraguayo. Él formaba parte de una misión evangelizadora. Los misioneros visitaron a un cacique que tenía prestigio de muy sabio. El cacique, un gordo quieto y callado, escuchó sin pestañear la propaganda religiosa que le leyeron en lengua de los indios. Cuando la lectura terminó, los misioneros se quedaron esperando.
     
    El cacique se tomó su tiempo. Después, opinó:
     
    -Eso rasca. Y rasca mucho, y rasca muy bien.
     
    Y sentenció:
     
    -Pero rasca donde no pica.

    Decálogo del perfecto cuentista |Horacio Quiroga|

    Tema: P E N S A R ~ 21/11/2008 15:36 ~ Hay 6 comentarios.

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    I. Cree en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo.
     
    II. Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en dominarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.
     
    III. Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.
     
    IV. Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.
     
    V. No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.
     
    VI. Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: «desde el río soplaba un viento frío», no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.
     
    VII. No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él sólo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.
     
    VIII. Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.
     
    IX. No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.
     
    X. No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento.

    · Txala |Centre Artesà Tradicionàrius| [21/11/08] ·

    Tema: m i r a d a s ~ 22/11/2008 11:51 ~ Hay 2 comentarios.

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    Hoy en día, lo común es que la música salga de multitud de chips sobre circuitos impresos, recorra unos finos hilos de cobre recubiertos de plástico y, desde minúsculos altavoces, entre directamente a nuestros oídos. Dar golpecitos a cualquier cosa para ver cómo suena es algo ridículo y retrógrado; ni siquiera está bien visto silbar una tonada o cantar bajo la ducha.
     
    Allá por las tierras vascas gusta la sidra. Antiguamente se tomaban las manzanas, se colocaban sobre unos tablones irregulares, ligeramente separados, y se golpeaban con unas mazas de igual madera. Ese zumo, debidamente fermentado, era motivo de alegría y jolgorio. Hasta que un día alguien juguetón descubrió que cada tablón sonaba diferente y, entonces, la alegría se extendió hasta el principio de la sidra misma. Así nació la txalaparta, un xilofón de troncos, de piedras o, incluso, de hierros; que se golpea con dos mazas simples llamadas maquilas.
     
    Txala es un grupo catalán de txalapartaris. Ver su magnífico directo es la forma más segura de regresar a casa silbando y golpeando todo aquello que pueda sonar.
     
    Introducción de su disco Txalaria:
     
    TXALA és un projecte que neix de la curiositat, de la llum i les olors de la Mediterrània, d’una visió de la vida que no té prejudicis de cap mena. Amb un peu al passat i una altre al futur, ens agrada plantejar-nos el present d’una forma desenfadada i reinventar melodies.
     
    Txalaria és el primer fill d’aquest projecte tan curiós. En aquest disc volem mostrar el treball de quatre anys intensos i molts esforços. La fabricació d’un instrument tan ancestral com la Txalaparta, els viatges i la convivència Euskadi, les hores d’investigació, d’assaig i d’estudi... en definitiva un no acabar de coses, que ens han fet adonar del camí que tot just s’acaba d’obrir davant nostre, un camí que a cada cop, a cada nota, ens sorprén.
     
    Músiques del Món... Música étnica... Tradicional... Dins d’aquest món ple d’etiquetes no sabem quina posar-nos, millor decidir-ho Txalant...

    Ye Wearie Wayfarer [poema i versió irreverent del mateix]

    Tema: S E N T I R ~ 23/11/2008 15:49 ~ Hay 2 comentarios.

    20061108225800-2061108-espejo.gif
    |Adam Lindsay Gordon|
     
    La vida és majorment escuma i lleugeresa,
    dues coses s’hi alcen com fars de pedra.
    La bondat en la dissort dels altres,
    i en la teva dissort, la fermesa.
     
     
    |Kingsley Amis|
     
    La vida és sobretot pena i compunció.
    Dues coses t’ajuden a passar el més dur.
    Riure quan el teu veí se la fot,
    queixar-te quan te la fots tu. 

    LIVIA |Italo Svevo|

    Tema: S E N T I R ~ 24/11/2008 21:31 ~ Hay 4 comentarios.

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    Después de haberse convencido de que Ettore estaba bien muerto (¡qué demonios! Hacía seis meses que no se lo veía), Livia se dejó convencer para que aceptara a otro esposo. Lo acogió con sinceridad y convencida de quererlo. Era un hombre apuesto, alto, derecho, fuerte, con dientes bellísimos y un bigote en modo alguno fin de siècle; last but not least, era rico. Antes de la entrevista, Olga le soltó un sermón. Dudaba ella misma del nuevo amor de su hija y quería explicarle por su bien que lo que en la relación no fuera dictado por el corazón debía ir sugerido por el interés. «Compórtate bien y piensa que para nosotros tal vez sea una suerte que Ettore haya muerto. Éste de aquí tiene...», e hizo con la boca una mueca que significaba «dinero». Livia no protestó: era demasiado evidente y pretender protestar habría sido una falta de sensatez. Emitió un suspiro, al pensar en el ausente, que había muerto, y recordó que la única recomendación que éste le había dejado era la de ser feliz y... se resignó. Dijo al recién llegado que lo quería desde hacía mucho; lo había conocido cuando Ettore estaba aún vivo y, si no lo había querido en seguida, había sido culpa del destino, que la había hecho prometerse antes. El otro escuchaba, muy convencido de su buena suerte, y, mientras se alisaba su hermoso bigote negro, dijo con calma y una sonrisa que no significaba sorpresa precisamente: «¡Ya lo sé, ya lo sé! Ya lo había notado». Livia se quedó asombrada. De modo que ella no lo entendía y, de haber estado en su lugar, lo habría dudado en verdad. ¡Qué fácil resultaba engañarlo! Ettore perseguía la duda por doquier y el nuevo novio quedaba convencido al instante de cualquier declaración. Olga salió a fin de dejar tiempo a los dos para conocerse mejor. Él la tomó al instante entre sus brazos y le dio un beso en la boca de conquistador; a ella le parecía algo un poco duro, pero recordó las recomendaciones de su madre y respondió al abrazo con un gesto de alegría que cesó en seguida al oírse un ruido en la puerta (el alma de Ettore que buligava [se agitaba]). Entonces, ¡estaban de acuerdo! Sólo después comenzó él una larga parrafada, preparada, evidentemente, desde hacía bastante tiempo, en la que le explicó por extenso cuál era su ideal de mujer. En algún momento dijo también palabras ya dichas por Ettore. También él se casaba con una mujer a fin de tenerla enteramente para él, con la única diferencia de que Ettore no había dicho que la mujer del César no debía dar motivo siquiera para comentarios: la mujer de Ettore no era la del César. «¡El pasado te pertenece!», añadió. «Pero», y se rizó el bigote con gesto imperativo, «quiero conocerlo». Ella se lo contó con cierta vacilación. Le habló de K. y él no dijo ni pío. Le habló de M. y él se rió de ella. Por último, quiso hablar de Ettore, pero él la interrumpió: «El recuerdo de ése no me da miedo», dijo con una superioridad sosegada que hizo crujir la puerta dolorosamente. «Ya me ha dicho tu madre que lo aceptaste por compasión». Ella lo miró estupefacta, pero, como resultaba bastante cómodo, no protestó. Ettore estaba bien muerto y, sin embargo, moría una segunda vez.

    [Fragmento del 17 de marzo de 1830] |Goethe|

    Tema: P E N S A R ~ 27/11/2008 21:29 ~ Hay 2 comentarios.

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    Lord Bristol [obispo de Derry] estaba de paso por Jena, quiso conocerme y dispuso que fuera una tarde a visitarlo. Aquella tarde se entretuvo mostrándose grosero conmigo de vez en cuando, pero cuando yo le respondí con idéntica grosería, resultó ser de lo más tratable. En el transcurso de nuestra conversación quiso soltarme un sermón sobre el Werther y pretendió hacerme sentir remordimientos porque había inducido a la gente al suicidio por su culpa. «¡El Werther es un libro totalmente amoral y condenable!», me dijo. «¡Alto!», exclamé yo. «Si vos habláis así del pobre Werther, ¿qué tono no emplearéis contra los grandes de esta Tierra, que con un solo trazo de su pluma envían a cien mil hombres al frente, de los que ochenta mil morirán y se incitarán mutuamente al asesinato, al incendio y al pillaje? Tras semejantes horrores, ¡vos os limitáis a dar gracias a Dios y, encima, cantáis un tedéum! Y, además, con vuestros sermones sobre los horrores del infierno atemorizáis a las almas más débiles de vuestras parroquias, hasta el punto de hacerles perder la razón y de hacer que terminen sus miserables días en un manicomio. ¿Y qué me decís de cuando empleáis algunos de vuestros teoremas ortodoxos, que no se sostienen frente a la razón, para sembrar la nociva semilla de la duda en los ánimos de vuestros oyentes cristianos, hasta que sus almas medio fuertes, medio débiles, acaban por perderse en un laberinto para el que no ven otra salida sino la muerte? ¿Qué os decís entonces a vos mismo y qué sermones de reprensión os impartís? Y ahora pretendéis pedirle cuentas a un escritor y condenar una obra que, al haber sido mal comprendida por algunas mentes limitadas, en el peor de los casos no habrá hecho más que liberar al mundo de una docena de imbéciles e inútiles que no podrían haber emprendido ninguna acción mejor que extinguir por completo el débil rescoldo de sus escasas luces. Y yo que pensaba haber rendido un verdadero servicio a la humanidad y que me había ganado su agradecimiento... ¡Y ahora venís vos y pretendéis hacer un crimen de mi pequeña hazaña, mientras que vosotros, los sacerdotes y príncipes, os permitís acciones mucho más fuertes y de mayor calado!»

    Le cimetière marin, XVIII |Paul Valéry|

    Tema: S E N T I R ~ 28/11/2008 18:06 ~ Hay 2 comentarios.

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    Maigre immortalité noire et dorée,
    Consolatrice affreusement laurée,
    Qui de la mort fait un sein maternel,
    Le beau mensonge et la pieuse ruse!
    Qui ne conaît, et qui ne les refuse,
    Ce crâne vide et ce rire éternel!
    Magra inmortalidad negra y dorada,
    consoladora horriblemente laureada,
      que de la muerte hace un seno materno,
    ¡Bella mentira y piadosa excusa!
      ¡Quién no conoce y quién no los rehúsa,
    este cráneo vacío y este reír eterno!

    Carta a Josefa, mi abuela |José Saramago|

    Tema: S E N T I R ~ 29/11/2008 20:26 ~ Hay 6 comentarios.

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    Tienes noventa años. Estás vieja, dolorida. Me dices que fuiste la muchacha más hermosa de tu tiempo ― y yo lo creo. No sabes leer. Tienes las manos gruesas y deformadas, los pies como acortezados. Cargaste en la cabeza toneladas de leña y de haces, albuferas de agua. Viste nacer el sol todos los días. Con el pan que has amasado podría hacerse un banquete universal. Criaste personas y ganado, metiste a los lechones en tu cama cuando el frío amenazaba con helarlos. Me contaste historias de apariciones y hombres-lobo, viejas cuestiones de familia, un crimen de muerte. Viga maestra de tu casa, fuego de tu hogar ― siete veces quedaste grávida, siete veces pariste.
     
    No sabes nada del mundo. No entiendes de política, ni de economía, ni de literatura, ni de filosofía, ni de religión. Heredaste unos cientos de palabras prácticas, un vocabulario elemental. Con eso viviste y vas viviendo. Eres sensible a las catástrofes y también a los casos de la calle, a las bodas de las princesas y al robo de los conejos de la vecina. Tienes grandes odios por motivos de los que ya ni el recuerdo te queda, y grandes dedicaciones que se asientan en nada. Vives. Para ti, la palabra Vietnam es sólo un sonido bárbaro que nada tiene que ver con tu círculo vital de legua y media de radio. De hambres, sabes algo: viste ya una bandera negra izada en la torre de la iglesia. (¿Me lo contaste tú, o habré soñado que lo contabas?) Llevas contigo tu pequeño capullo de intereses. Y, sin embargo, tienes ojos claros y eres alegre. Tu risa es como un cohete de colores. Nunca he visto reír a nadie como a ti.
     
    Te tengo delante, y no te entiendo. Soy de tu carne y de tu sangre, pero no te entiendo. Viniste a este mundo y no te has preocupado por saber qué es el mundo. Llegas al final de tu vida, y el mundo es aún para ti lo que era cuando naciste: una interrogación, un misterio inaccesible, algo que no forma parte de tu herencia: quinientas palabras, huerto al que en cinco minutos se da la vuelta, una casa de tejas y el suelo de tierra apisonada. Aprieto tu mano callosa, paso mi mano por tu rostro arrugado y por tu cabello blanco que resistió el peso de las cargas ― y sigo sin entender. Fuiste hermosa, dices, y veo muy bien que eres inteligente. ¿Por qué te han robado, pues, el mundo? ¿Quién te lo robó? Pero quizá de esto entienda yo, y te diría cómo, y por qué, y cuándo, si supiera elegir entre mis innumerables palabras las que tú podrías comprender. Ya no vale la pena. El mundo continuará sin ti ― y sin mí también. No nos habremos dicho el uno al otro lo que más importa.
     
    ¿Realmente no nos lo habremos dicho? No te habré dado yo, porque mis palabras no eran las tuyas, el mundo que te era debido. Me quedo con esa culpa de la que me acusas ― y eso es aún peor. Pero, por qué, abuela, por qué te sientas al umbral de tu puerta, abierta hacia la noche estrellada e inmensa, hacia el cielo del que nada sabes y por el que nunca viajarás, hacia el silencio de los campos y de los árboles en sombra, y dices, con la tranquila serenidad de tus noventa años y el fuego de tu adolescencia nunca perdida: «¡El mundo es tan bonito, y me da tanta tristeza morir!».
     
    Eso es lo que yo no entiendo ― pero la culpa no es tuya.

    Notas para evitar el aislamiento |Enrique Rojas|

    Tema: P E N S A R ~ 30/11/2008 20:37 ~ Hay 4 comentarios.

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  • No me conviene el aislamiento. Debo poner de mi parte para estar con gente y no evitar ni aplazar cualquier posible contacto social aunque me cueste. Tengo que conseguirlo poco a poco, a la vez que voy eliminando la ansiedad, el miedo y la inseguridad. Este miedo consta de dos mecanismos: la evitación y el aplazamiento, que se combinan para fijar ese miedo; el primero alivia momentáneamente la tensión, pero cada vez se hace más difícil afrontar el problema; el segundo camino lleva a la inseguridad, a no fiarse de sí mismo.
  •  

  • Debo evitar el fondo autorreferencial en cualquier relación interpersonal. Esto significa que he de moderar la impresión subjetiva de sentirme siempre aludido y evitar la mala interpretación que hago de la realidad. No es verdad, no es cierto que cualquier gesto, palabra, frase, comentario o silencio se refieran a mí; se debe a un exceso de suspicacia y falta de seguridad hacia los demás.
  •  

  • Debo desarrollar habilidades sociales. No quedarme callado, bloqueado o sin saber qué decir; no ponerme nervioso si no conozco a nadie; sacar temas de conversación de interés general, como ciertas cuestiones de actualidad, asuntos que hayan tenido resonancia en la prensa o en la televisión; interesarme por la conversación que en ese momento se esté desarrollando y participar; preguntarle a la gente por sus cosas: el trabajo, la familia, sus aficiones; apoyarme si es preciso en los tópicos y lugares comunes: el fútbol, el tráfico, la política, el lugar donde uno pasará un puente o un fin de semana largo...; en conclusión, moverme con más soltura y no dejarme invadir por los pensamientos negativos o la creencia de que estoy estorbando o caigo mal.
  •  

  • Es importante saber hablar de temas intrascendentes. Uno de mis problemas consiste en no saber mantener una conversación sobre cosas comunes, sencillas, propias de la vida ordinaria. Es como si todo me pareciera frívolo, insustancial, poco interesante; pero tengo que saber que, de entrada, la mayoría de las relaciones se establecen a partir de cuestiones sencillas y, sólo más tarde, cuando aumenta la confianza, cabe mantener una charla más profunda.
  •  

  • He de quitarle importancia a cualquier fallo o desacierto que pueda tener con la gente. Dos observaciones he de tener en cuenta en esos momentos: que muchas veces soy yo el único que percibe esos aparentes errores, puesto que son menudencias a las que les doy un valor excesivo, desproporcionado; y que desdramatizar tales hechos es fundamental, ya que todos cometemos desaciertos y no pasa nada, son cosas habituales de la vida.
  •  

  • Buscar un pensamiento más equilibrado. He de buscar la sencillez porque soy demasiado complicado y muy a menudo deformo las cosas y las vuelvo en mi contra. Por ello debo: a) Evitar darle muchas vueltas a la cabeza, traer y llevar pensamientos sin rumbo fijo; tengo que acabar con esta circulación obsesiva. b) Saber lo que es importante de lo que es anecdótico y llevar esta idea a mi vida habitual, ya que en muchas ocasiones me quedo atrapado en cuestiones irrelevantes, de poca monta. c) Ir consiguiendo un pensamiento más práctico y disciplinado: elaborar un estilo que conduzca a una meta, que evite la flotación mental disipada. d) Tener en cuenta que la imaginación sin control puede ser muy perniciosa, que a veces se dirige hacia vivencias negativas del pasado o a dificultades que adelantamos a los hechos del futuro.
  •  

  • Debo disminuir mi nivel de hipersensibilidad psicológica. El objetivo es reducir el potencial afectivo superficial, aplicando criterios lógicos en el modo inmediato de reaccionar a las vivencias. Tengo que protegerme para que los hechos que me suceden no me calen tan hondo, y para ello voy a procurar hacer más uso de la razón que de los sentimientos.
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  • Tengo que estar en lo que estoy. He de centrarme en las tareas, sin pensar ni en lo que acabo de hacer ni en lo que me está esperando.
  •  

  • No compararme con los demás. Debo tener mis metas y objetivos claros e ir a por ellos, cumpliendo las etapas necesarias. La comparación con los demás es siempre superficial y suele producir una mezcla de inquietud, envidia, malestar, etc.
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  • Ir disminuyendo mi nivel de autocrítica. Cogniciones negativas como «soy aburrido, no tengo temas de conversación, la gente no lo pasa bien conmigo, noto que los demás me huyen, veo que con mucha frecuencia hago el ridículo, estoy fuera de mi sitio...» marcan indudablemente los encuentros sociales. Debo cambiar esos esquemas mentales falsos por otros más certeros. Así no haré una evaluación deformada de las relaciones con los demás. ¿Cómo ir modificando esto? En primer lugar, sabiendo que no es cierta mi creencia de que intereso poco. Además, debo aprender a ir cambiando los pensamientos negativos que emergen involuntaria e inconscientemente por otros más ecuánimes y favorables a mi persona, como por ejemplo: «Soy callado y eso da paz a quienes están cerca; me cuesta entrar en la conversación, pero una vez que lo consigo todo va un poco mejor; la gente se relaja conmigo, pero debo participar más en el diálogo; no es que los demás se alejen de mí, sino que cada uno va a su aire y lo interesante es que yo sepa ir al mío.»

  • ...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.

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