

| Se reencuentran ellos, que en mi frente no faltó tu presencia ni un momento, ni te ausentaste de mi pensamiento el tiempo de un suspiro solamente. Cegada y sordomuda, el alma hirviente se entronizó sobre su sentimiento y olió la noche, por si acaso el viento le acercaba tu aroma incandescente. Sólo ellos se reencuentran, no nosotros, que nunca nos habíamos perdido, un dulce yugo sobre los dos cuellos. Piafan, relinchan, triscan como potros, se mecen entre el gozo y el gemido. Son tu cuerpo y mi cuerpo, sólo ellos. |
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.