

| No la soledad como testigo, ni la revelación como tarea. Tampoco una ambición excesiva, sino un distanciamiento mutuo. Algo que deje en entredicho nuestra perseverancia por la vida, que distorsione el ritmo del poema y nos mantenga al borde de la duda. No el mar con su enérgico oleaje, sus bandadas de vientos y símbolos. En todo caso, el charco que la lluvia hizo crecer y abandonó a su suerte. En él se refleja nuestro embate, parco de imágenes, seco de sentidos, pertinaz en su empeño irrisorio tras la tormenta, cuando el sol fustiga. No una vida entera sólo para el verbo, acompañados de la amiga inseparable en busca de algo eterno o fidedigno. De vez en cuando una verdad a medias, un gesto impuro, una mentira limpia que nos retengan en el sitio amado. La vida se sustenta en las palabras, y el consuelo se gana en el silencio. |
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.