

Sigo empeñado en recuperar la costumbre de escribir a mano. Me lanzo sobre cualquier hoja despejada con la esperanza de ver danzar las musas delante de mi pluma (sí, puestos a ser arcaicos, mejor una pluma, aunque no de ganso, que tampoco hay que pasarse). Escribo una frase, a lo sumo dos, entonces vuelvo atrás para añadir aquí, tachar allá, escribo una tercera frase, miro el resultado, arrugo el entrecejo y el papel, y practico la puntería. ¿Para cuando un concurso de lanzamiento de bodrios? Entonces lo achaco al ambiente, claro, no estoy en una buhardilla sentado ante una austera mesa de madera, cerca de la claraboya para que la luna ilumine lo que la vela no alcanza. Al final, resignado, me voy a encender el ordenador para comenzar a escribir “de otra forma”.
En la estupenda charla-coloquio Escriure en temps digitals de la biblioteca Tecla Sala se habló de los blogs y de la tecnología, y de la influencia de todo ello en la literatura. Personas divertidas, que pusieron su empeño en ser amenas (y lo consiguieron), dijeron muchas cosas interesantes. En la frase anterior he resumido casi dos horas, esto se llama síntesis aunque también podría ser pereza. Al terminar, mientras tomábamos el helado de chocolate gentileza del lugar, pude charlar un poco con el veí de dalt, que ya había visitado virtualmente con admiración pero sin osar comentar. También me permití saludar a sfer (gracias a su blog supe de este evento), la organizadora y hacedora de fotos, aunque no sé si fue Amkiel quien le dio la mano o quien detrás de este pseudónimo se esconde. En conclusión, la proximidad de la gente contando sus experiencias es una sensación muy enriquecedora, bastante más que leerlo de alguien que me lo cuenta en su blog, como ahora éste.
...y ahora sonría, cierre el panfleto y váyase a vivir.